Oaxaca mes a mes — de un vistazo
Pasa el cursor sobre cada mes para ver el resumen. Haz clic para fijarlo.
Oaxaca está casi en el trópico, pero a 1.555 metros de altura. Esa combinación produce un año raro: la temperatura apenas se mueve y, en cambio, el paisaje cambia por completo dos veces. Quien elige la fecha mirando el termómetro se equivoca de instrumento. Aquí hay que mirar el pluviómetro.
01 El termómetro casi no se mueve
La máxima media más baja del año, la de diciembre, es de 28,9 grados. La más alta, la de abril, es de 34,9. Seis grados de recorrido en doce meses. Las mínimas hacen algo parecido: 10,3 en enero, 16,7 en mayo y junio. Nunca hiela y nunca hace un calor imposible.
Eso significa que ningún mes está descartado por el clima. Se puede caminar por el valle en enero y en agosto con la misma ropa, salvo por una chaqueta ligera para las noches de invierno. La decisión, entonces, se juega en otra cosa.
Los momentos clave de un vistazo
34,9 grados de máxima media, el pico del año, y el valle todavía pardo. Se visita de siete a once y a partir de las cinco.
188,3 milímetros, el máximo anual. Todo verde, todo mojado y las pistas de montaña en su peor estado.
63,1 milímetros y el campo aún teñido por seis meses de lluvia. La ventana más corta y la más agradecida.
9,1 milímetros, 29 grados de día y 12 de noche. Cielos limpios sin el calor de la primavera.
02 Abril, y no julio
Casi todo el mundo da por hecho que el verano es lo más caluroso. En Oaxaca no lo es. El pico de calor cae en abril, con 34,9 grados de máxima media, y a partir de ahí la curva baja: 33,8 en mayo, 30,9 en junio, 30,1 en julio. Julio es cinco grados más fresco que abril.

La explicación es sencilla y tiene consecuencias prácticas. En abril el cielo está limpio y el sol pega sin filtro doce horas seguidas sobre un valle sin humedad. En junio, la nube de tarde tapa el sol casi cada día. No hace más frío porque haya llegado el invierno: hace más fresco porque hay techo.
En Oaxaca el verano no trae calor. Trae sombra.
03 Cinco meses sin lluvia y dos con casi toda
El reparto del agua es brutal. De noviembre a marzo caen 42,7 milímetros en total —menos de lo que llueve en un día de junio—, y en junio y septiembre juntos caen 351,9. Dicho de otra forma: dos meses del año concentran más del cuarenta por ciento de la lluvia anual.

En la práctica, esto produce dos Oaxacas distintas. La de la estación seca es ocre: campos cortados, laderas pardas, luz dura, polvo. La de la estación de lluvias es verde y densa, con nubes bajas metidas entre las sierras. Ninguna de las dos es la versión buena; son dos destinos que comparten dirección postal.
La lluvia, además, casi nunca dura todo el día. Cae de tarde, en tormentas de una o dos horas, y deja las mañanas despejadas. El problema no es mojarse: es que las carreteras de montaña se degradan y que un derrumbe puede cerrar un valle entero durante horas.
04 El hueco de julio
Dentro de la temporada de lluvias hay una anomalía útil. Junio da 188,3 milímetros, julio baja a 118,6 y agosto vuelve a subir a 131,8 antes del pico de septiembre. Ese bache de mitad de verano se conoce en México como canícula o veranillo, y se produce cuando los sistemas anticiclónicos frenan la formación de tormentas.
Conviene decirlo con cuidado: la canícula no tiene fecha fija, dura lo que dura y hay años en que sencillamente no aparece. Lo que sí es constante es la media: julio llueve un tercio menos que junio. Por eso el mes que concentra las fiestas de la ciudad —la Guelaguetza se celebra los dos lunes más próximos al 16 de julio— cae justo en el respiro.
El precio de esa coincidencia es el lleno. En esas dos semanas la ciudad multiplica su ocupación, el alojamiento sube y las mesas se reservan. Si vas por el calendario, ve; si vas por el paisaje, hay meses mejores y mucho más baratos.
05 Octubre y noviembre: verde y seco a la vez
La mejor combinación del año dura unas seis semanas. En octubre la lluvia se retira de golpe —de 163,6 milímetros en septiembre a 63,1—, pero el campo tarda semanas en secarse. Es el único momento en que se puede tener cielo despejado y valle verde a la vez.

Noviembre remata la ventana: 9,1 milímetros, 29 grados de día, 12,3 de noche y las sierras visibles desde el valle a primera hora. Es también el mes en que el calor de abril queda todavía muy lejos, cinco meses por delante.

06 Cómo elegir la semana
Si vas por los mercados, los talleres y la ciudad, cualquier mes seco sirve: de noviembre a marzo el valle está pardo, pero eso a un mercado cubierto le da igual y las carreteras están en su mejor estado. Diciembre, enero y febrero son los meses más cómodos para caminar todo el día.
Si vas por el paisaje y la montaña, apunta a la segunda mitad de octubre. Si tienes que viajar en temporada de lluvias, junio y septiembre son los dos meses que conviene esquivar, y agosto es el más llevadero de los húmedos: llueve por la tarde, no por la mañana.
Y si vas en abril, cambia el horario en vez de la fecha. Con 34,9 grados de máxima, la jornada útil va de las siete a las once y de las cinco al anochecer. En el medio, el valle se detiene, y con razón.



