Palikir mes a mes, de un vistazo
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La pregunta habitual —cuál es el mes bueno— aquí da una respuesta muy pobre. Entre el mes más seco y el más lluvioso hay 236 milímetros de diferencia sobre un total anual de 5.202. Es un margen pequeño en términos relativos, y no cambia la naturaleza del viaje.

01 Cinco mil doscientos milímetros en la costa
La cifra base es 5.202 milímetros al año en la zona de Palikir. Para hacerse una idea, es más del doble de lo que recibe Suva, ocho veces lo de Canberra y cuatro veces y media lo de Montevideo, todas ellas capitales que no se consideran secas.
Repartido por meses, el mínimo es febrero con 279 milímetros y el máximo agosto con 515. Ningún mes baja de 279, así que la palabra «seco» no tiene aquí ningún significado útil.
Como en otros trópicos marítimos, esa agua no cae de forma continua. Llega en chubascos fuertes, muchas veces de tarde, con claros amplios entre medias. Un día de lluvia aquí no es un día perdido; es un día en el que te mojas varias veces.
Los momentos clave de un vistazo
279 mm: el único claramente por debajo de los 350.
353 mm y 30,2 grados de máxima media.
515 mm, casi el doble que febrero.
504 mm dentro del bloque de mayo a octubre.
02 El interior es otra escala
El dato que de verdad ordena el clima de esta isla no es el mes, sino la altitud. El alisio del noreste llega cargado de humedad, choca contra el macizo interior y se ve obligado a subir; al subir se enfría y descarga.
Ese mecanismo, que en meteorología se llama realce orográfico, multiplica la lluvia en pocos kilómetros horizontales. De la costa al interior el total anual puede pasar de 5.200 milímetros a más de 8.000 sin que medie ningún cambio de estación.
Para el visitante esto es muy práctico. Si el día se cierra en el interior, la costa puede estar despejada, y al revés. Moverse unos kilómetros cambia el tiempo más que esperar una semana.

03 Lo que sí cambia por meses
Dicho todo lo anterior, hay un reparto anual que conviene aprovechar. Enero, febrero y marzo forman el bloque menos húmedo, con 377, 279 y 353 milímetros. Es la ventana razonable si puedes elegir fechas.
De mayo a octubre el agua se instala por encima de los 460 milímetros mensuales, con el pico en agosto. Son también los meses en que el interior está más impracticable y los senderos se convierten en barro.
Noviembre y diciembre son de transición, con 421 y 392 milímetros. Funcionan bien si el calendario no te deja otra opción, aunque sin la ventaja clara de febrero.

04 La temperatura y el bochorno
Como en toda esta franja del Pacífico, el termómetro apenas se mueve: máximas medias de 29,9 a 30,9 grados y mínimas de 22,6 a 24,0. Un grado de recorrido arriba y menos de grado y medio abajo.
Lo que sí se nota es la humedad. Con esa cantidad de lluvia, el aire está saturado casi siempre, la ropa no se seca sola y la sensación térmica supera con holgura al número del termómetro.
Las mínimas de junio a septiembre, entre 22,6 y 22,9 grados, son las más bajas del año y agradecen la noche. Es una diferencia pequeña, pero en un clima tan plano se aprecia.

05 Qué llevar y en resumen
Ropa de secado rápido y varios juegos, porque nada se seca del todo; chubasquero fino permanente en la mochila; calzado con suela que agarre en barro y roca mojada; y bolsas estancas para cámara y documentos. Nada de abrigo en ningún mes.
En resumen: ve entre enero y marzo, con febrero como mejor opción; evita de mayo a octubre si piensas caminar por el interior; y no midas el viaje por el mes, sino por la altitud a la que vayas a estar cada día.



