Tarawa Sur mes a mes, de un vistazo
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Hay destinos donde elegir el mes cambia el viaje entero. Tarawa Sur no es uno de ellos, al menos por temperatura: el atolón está a un grado de latitud del ecuador y el mar que lo rodea mantiene el aire prácticamente clavado los doce meses.

01 Un termómetro que no se mueve
Las normales del aeropuerto de Tarawa, del periodo 1961-1990, dan máximas medias de entre 30,6 grados en febrero y 31,3 en noviembre. Siete décimas de recorrido en todo el año.
Las mínimas se comportan igual: de 25,1 grados en julio a 25,5 en mayo. Cuatro décimas. Es uno de los rangos térmicos anuales más estrechos que se registran en cualquier lugar habitado del planeta.
En la práctica, eso significa que no hay que consultar la temperatura antes de reservar. Hará entre 25 y 31 grados con humedad alta, vayas en enero o en agosto, y la maleta será exactamente la misma.
Los momentos clave de un vistazo
110 mm, la mitad de la media mensual del año.
120 mm y el alisio soplando de forma constante.
271 mm, dos veces y media el mínimo de octubre.
31,3 grados de máxima media, y solo 115 mm.
02 La lluvia, el único indicador útil
Si el termómetro no sirve, queda el pluviómetro. La media anual es de 2.052 milímetros, con un máximo de 271 en enero y un mínimo de 110 en octubre. El bloque húmedo va de diciembre a abril y el seco, de agosto a noviembre.
La diferencia entre esos dos bloques es real pero moderada: incluso en el mes más seco caen 110 milímetros, así que no existe un periodo sin lluvia. Lo que cambia es la frecuencia y la duración de los chubascos, no su presencia.
Para un viaje corto, agosto, septiembre, octubre y noviembre son la mejor apuesta. Suman los cuatro meses de menos agua, con el alisio soplando de forma constante, que es lo que hace tolerable la humedad.

03 El año importa más que el mes
Aquí está la particularidad que separa a Tarawa de casi cualquier otro destino tropical. La variación entre años es mucho mayor que la variación estacional: se han medido años con unos 150 milímetros en total y años con más de 4.000.
El motivo es El Niño. Cuando la corriente fría del Pacífico ecuatorial se debilita, el agua se calienta y la lluvia aumenta mucho; cuando se intensifica, en fase de La Niña, la lluvia se desploma y llega la sequía.
Estas sequías no duran semanas sino meses: la asociada a La Niña de 2007 y 2008 se prolongó quince o dieciséis meses. Conviene mirar el estado del fenómeno antes de fijar fechas, más que el mes del calendario.
04 Qué significa la sequía para el visitante
En un atolón, el agua dulce no viene de ríos ni de embalses: se acumula en una lente subterránea alimentada por la lluvia y se complementa con depósitos de recogida en los tejados. Cuando no llueve durante meses, ambas fuentes bajan a la vez.
Para quien visita, eso se traduce en algo muy concreto: en periodo seco puede haber restricciones de agua en los alojamientos, y el agua embotellada se vuelve la norma. No es un inconveniente menor y conviene preguntarlo al reservar.
El paisaje también lo enseña. En los años secos los cocoteros se agostan, la hierba desaparece y el suelo queda a la vista: el aspecto general del atolón cambia bastante más por la sequía que por el mes en que llegues.

05 Qué llevar y en resumen
Ropa ligera y de secado rápido, sombrero, protección solar alta y calzado que aguante la arena y el coral. Un chubasquero fino sirve todo el año, y no hace falta absolutamente nada de abrigo: la mínima media nunca baja de 25 grados.
En resumen: ve entre agosto y noviembre, que es el tramo de menos lluvia; evita de diciembre a abril si puedes; y sobre todo mira en qué fase está El Niño, porque eso condiciona el viaje mucho más que la casilla del calendario.



