Casi todo el mundo llega con la idea de que Pekín es húmeda porque está en el este de Asia y tiene monzón. Los números dicen otra cosa: 586 milímetros de precipitación al año en 68 días, repartidos de una forma tan desigual que la ciudad funciona once meses como un sitio seco y uno como un sitio tropical.
01 Una capital seca
Para situar la cifra: 586 milímetros al año es menos de lo que recibe Roma y del orden de lo que recibe Madrid. Y los meses de invierno son extraordinariamente secos: enero suma 2,1 milímetros y diciembre 2,5, prácticamente nada. La sensación de aridez en la calle en invierno es real y no es una impresión.

02 Julio y agosto, y el resto
El contraste es brutal y conviene verlo en fila. Mayo: 34,7 milímetros. Junio: 84,8. Julio: 209,5. Agosto: 119,7. Septiembre: 53,3. Es decir, la curva sube por un lado, hace un pico agudísimo y baja por el otro en apenas cuatro meses, y el resto del año se queda plana y por debajo de los 35 milímetros mensuales.
A eso se le suma la humedad, que es lo que hace duros esos dos meses. En julio y agosto la humedad relativa media es del 72 y el 73 %, frente al 41-43 % de los meses de invierno y principios de primavera. Con 32 grados y esa humedad, un día de agosto en Pekín cuesta mucho más de lo que sugiere el termómetro.
03 El invierno es el otro extremo

El otro extremo del año es el frío, y es serio. Enero tiene 2,7 grados de máxima media y −7,1 de mínima; diciembre, 4,0 y −5,2. El récord absoluto registrado es de −20,2 grados. La amplitud anual es enorme: entre la mínima media de enero y la máxima media de julio hay casi cuarenta grados.
De −7,1 grados de mínima media en enero a 32,0 de máxima media en julio. Casi cuarenta grados de recorrido en la misma ciudad.
A cambio, el invierno tiene un argumento que casi nadie tiene en cuenta: es luminoso. Enero suma 183 horas de sol y febrero 184, más que muchos meses de verano de Europa central, y con esa humedad tan baja el aire es limpio de vista. Si aguantas el frío seco y vas bien abrigado, es una temporada visualmente magnífica.
04 Las dos ventanas

Hay dos temporadas buenas y son simétricas respecto al pico de lluvia. La de primavera, abril y mayo: 21,3 y 27,6 grados de máxima, 21,6 y 34,7 milímetros, y las cifras de sol más altas del año, con 233 y 250 horas. La de otoño, septiembre y octubre: 26,8 y 19,5 grados de máxima, con 53,3 y 27,8 milímetros.
Entre las dos hay una diferencia que no está en la tabla y que conviene tener en cuenta: la primavera en el norte de China es temporada de episodios de polvo, y algunos días la visibilidad y la calidad del aire se resienten mucho. El otoño no tiene ese problema, y por eso, con datos climáticos muy parecidos, octubre gana a abril.
05 El veredicto
Octubre, y sin mucha discusión. Junta 19,5 grados de máxima, 8,3 de mínima, 27,8 milímetros en cinco días y 189 horas de sol, y le añade el aire más limpio del año y el color del arbolado, que en esta ciudad es abundante. La segunda quincena es todavía mejor que la primera.
El mes que hay que evitar es julio, por la combinación de 209,5 milímetros, 72 % de humedad y 32 grados. Y si tus fechas son fijas y caen en verano, la regla práctica es sencilla: reserva las mañanas para la calle y las horas centrales para interiores, porque aquí el aguacero llega por la tarde y el calor no afloja hasta el anochecer.
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