Porto Novo mes a mes — de un vistazo
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01 Cuatro tramos, no dos
Los momentos clave de un vistazo
16 mm en todo el mes, con 27 °C. Veintitrés veces menos agua que junio.
44 mm y el mes más fresco del año, entre dos estaciones de lluvias.
Más de un cuarto de la lluvia anual concentrada en cuatro semanas.
La clasificación es de sabana tropical, Aw en la escala de Köppen, y las dos estaciones húmedas documentadas van de marzo a julio y de septiembre a octubre. Sumando los doce meses, el total anual ronda los 1.325 milímetros.
La temperatura, en cambio, apenas se mueve: entre 25 y 28 grados los doce meses del año. Tres grados de recorrido en total. Aquí el calendario no lo marca el termómetro, lo marca el pluviómetro, y eso es lo contrario de lo que ocurre en la mayoría de los destinos.
02 Junio: 370 milímetros
Junio es, con mucha diferencia, el mes que hay que esquivar: 370 milímetros, más de una cuarta parte de toda el agua del año en cuatro semanas. Mayo le precede con 215 y julio le sigue con 129, de modo que el bloque de mayo a julio se lleva 714 milímetros, más de la mitad del total anual.
Junio: 370 milímetros. Diciembre: dieciséis. Es la misma ciudad con veintitrés veces más agua encima.

03 La pausa de agosto
Y aquí está la particularidad que casi nadie espera. Agosto, en pleno verano boreal y entre dos estaciones de lluvias, deja solo 44 milímetros. Es además, junto con julio y septiembre, el mes más fresco del año, con 25 grados.
Ese paréntesis es una ventana real: cuatro semanas de tregua entre el bloque de mayo a julio y el repunte de septiembre y octubre. No es tan fiable como diciembre —44 milímetros no son cero—, pero permite viajar en un tramo del calendario que en el papel parece imposible.
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04 La ventana buena
De noviembre a febrero, y dentro de ese tramo, diciembre. El mes más seco del año deja 16 milímetros con 27 grados de media; enero le sigue con 23 y noviembre cierra el tramo con 52. Son cuatro meses seguidos por debajo de los 60 milímetros, algo que no vuelve a repetirse en el calendario.
Un apunte que conviene tener presente: es también la temporada en que sopla el harmatán, el viento seco del interior que carga el aire de polvo fino y reduce la visibilidad. No estropea el viaje, pero explica por qué en diciembre y enero el horizonte puede verse lechoso incluso sin una nube.

Resumido: ven en diciembre o enero. Si no puedes, agosto es la alternativa razonable y además es el mes más fresco. Y evita junio por encima de cualquier otra consideración: 370 milímetros sobre una ciudad llana, a 38 metros sobre el nivel del mar y pegada a una laguna, no es un detalle meteorológico.





