La ciudad recibe 511,5 milímetros de precipitación al año y 2.046 horas de sol, cifras de clima continental moderado. Pero el reparto no se parece al de casi ninguna otra ciudad de latitud similar, y ese reparto invierte por completo la lógica con la que solemos elegir fechas.
01 La lluvia va al revés
Los números en fila: 16,4 milímetros en enero, 18,2 en febrero, 29,1 en marzo, 63,8 en abril, 82,9 en mayo, 84,0 en junio, y a partir de ahí baja otra vez: 41,6 en julio, 39,4 en agosto, 34,8 en septiembre. Es una curva con un pico a finales de primavera y un valle en pleno invierno, justo lo contrario del Mediterráneo.
02 El invierno es seco y oscuro

Enero y febrero son los meses menos lluviosos del año, y eso puede sonar a buena noticia. No lo es. Enero suma 99 horas de sol en todo el mes y diciembre solo 93: es decir, unas tres horas de sol al día. Poca lluvia no significa cielo despejado; significa nubosidad estable sin precipitación.
Y hace frío de verdad para una ciudad que solemos imaginar templada: 6,9 grados de máxima media en enero y −0,6 de mínima, con heladas nocturnas habituales. En una ciudad de cuestas empinadas y escaleras al aire libre, eso condiciona el paseo mucho más que la lluvia.
03 El valle recalienta el verano

El verano tiene el sol que falta en invierno —256 horas en julio y 248 en agosto— y bastante menos lluvia que mayo o junio. El problema es el calor y, sobre todo, dónde se acumula: la ciudad ocupa un valle estrecho con laderas a los dos lados, y ese embudo retiene el aire caliente en el fondo, justo donde está el centro histórico.
En julio hay 256 horas de sol y en diciembre 93. Es la misma ciudad con menos de la mitad de luz.
A cambio, el desnivel juega a favor: hay casi cuatrocientos metros entre la cota más baja y la más alta del municipio, y subir a las laderas cambia de verdad la temperatura. Es la razón práctica por la que, en verano, conviene organizar el día al revés: barrio bajo a primera hora y altura por la tarde.
04 La ventana de septiembre

Septiembre es el mes que resuelve la contradicción del calendario. Tiene 26,2 grados de máxima y 15,9 de mínima, que es exactamente la horquilla para caminar todo el día y cenar fuera de noche; 34,8 milímetros de lluvia, menos que abril, mayo y junio; y 206 horas de sol, ocho veces más que las de un mes de invierno.
Octubre es la segunda opción y tiene su propio argumento: 20,0 grados de máxima, arbolado en color y 46,3 milímetros, algo más de agua pero repartida. A partir de noviembre la luz se desploma —103 horas— y la ciudad entra en su tramo gris, que dura hasta marzo.
05 El veredicto
Septiembre, y con margen. Es el único mes que junta temperatura cómoda, poca lluvia y luz abundante, y encima cae fuera del pico de calor y del pico de precipitación. La segunda quincena es todavía mejor que la primera, porque el calor de agosto ya ha aflojado del todo.
Y el consejo que corrige el error más común: no vengas en mayo por la temperatura. Sobre el papel, 23,7 grados de máxima parecen el mes perfecto, pero mayo es el segundo mes más lluvioso del año, con 82,9 milímetros. En esta ciudad, la columna que hay que mirar primero no es la del termómetro: es la del pluviómetro.
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