La estación meteorológica de referencia está a 2.310 metros, en el propio valle. A esa altura pasa algo que descoloca a quien viene de una ciudad de costa: la diferencia entre el mes más frío y el más cálido es menor que la diferencia entre el mediodía y la madrugada del mismo día. La estación importa; el reloj, más.
01 Diecisiete grados en un día
Los números son claros. En enero, 14,8 de máxima y −2,2 de mínima: 17 grados de recorrido. En diciembre, 16,6 y −0,8. En febrero, 16,6 y 0,3. Incluso en el mes más templado del año, agosto, hay 11 grados entre el día y la noche. El récord absoluto de frío registrado es de −8,5 grados, en enero; el de calor, 33,0, en julio.
02 Un monzón pequeño
La segunda sorpresa es cuánto llueve, o más bien cuán poco. El valle recibe unos 609 milímetros al año repartidos en 88 días. Para hacerse una idea, es menos de un tercio de lo que cae en las capitales del delta del Ganges, a unos pocos cientos de kilómetros. Las montañas del sur del país frenan la mayor parte de la humedad antes de que llegue aquí.

Pero los 609 milímetros están mal repartidos: 371 caen entre junio y agosto, y julio solo aporta 152,8 en diecinueve días. Y el problema del monzón aquí no es el agua que cae encima, sino la nube que se queda apoyada en las crestas. En un destino de montaña donde la mitad del interés está en la distancia, perder la visibilidad es perder el viaje.
03 Noviembre, 1,2 milímetros
Hay un dato que casi parece un error de imprenta y no lo es. La precipitación media de noviembre es de 1,2 milímetros, con 0,3 días de lluvia al mes. Traducido: en una serie de tres noviembres, uno solo tiene un día con lluvia apreciable. Es, con diferencia, el mes más seco del año y uno de los más secos de cualquier capital.
Noviembre tiene 1,2 milímetros de lluvia y 0,3 días de lluvia. No es un mes seco: es prácticamente un mes sin agua.
Octubre es su antesala y funciona casi igual de bien: 43,1 milímetros en menos de cinco días, con 23,7 de máxima y 9,0 de mínima, que es la combinación más cómoda del calendario. El aire recién lavado por el monzón deja además la visibilidad más larga del año hacia las cumbres del norte, que es exactamente lo que se viene a ver.
04 Si vas en invierno

El invierno tiene un argumento serio a su favor: es seco y luminoso, y las tardes de enero con 14,8 grados y cielo limpio se caminan muy bien. El problema empieza cuando se pone el sol. Con mínimas de −2,2 y alojamientos que no siempre están pensados para calefacción continua, la noche es la parte del viaje que hay que preparar.
La regla práctica es sencilla: viste por capas y planifica el día pensando en la sombra, no en el sol. A esta altura, la diferencia entre una calle soleada y la acera de enfrente puede ser de varios grados, y a partir de las cinco de la tarde el valle se enfría rápido. Y si vas a moverte por carretera de montaña en enero o febrero, cuenta con que la nieve puede cerrar puertos.
05 El veredicto
Octubre y noviembre, y entre los dos, noviembre por poco. Octubre gana en temperatura nocturna, 9,0 frente a 3,2; noviembre gana en todo lo demás, y esa diferencia de 43 a 1,2 milímetros pesa mucho cuando el viaje depende de ver lejos. Si duermes mal con frío, elige octubre; si vienes por las montañas, noviembre.
Abril es la tercera opción y la mejor si prefieres días largos y noches sin helada: 22,4 y 7,9 grados con solo 29,9 milímetros. Y el consejo que resume el artículo: mires el mes que mires, mira siempre la columna de la mínima antes de hacer la maleta. Aquí es la que manda.
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