La Toscana mes a mes, de un vistazo
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En Siena el mes más seco del año es julio, con 29 milímetros repartidos en 3,4 días de lluvia. También es, junto con agosto, el más caluroso: 30,5 grados de máxima media. Y el mes en que el campo toscano hace lo que lo ha hecho famoso —vendimiar, recoger la aceituna, moler— es noviembre, que con 125 milímetros en diez días es el más lluvioso de los doce. Esa contradicción es toda la decisión.

01 Ochenta y cuatro días de lluvia al año
Los datos son de la serie 1991-2020 para Siena, a 322 metros de altitud, que sirve bien como referencia para la Toscana interior de colina. El total anual es de 823 milímetros repartidos en 84,2 días con precipitación. Menos de un día de cada cuatro.
Es un régimen mediterráneo de manual: la lluvia no está repartida, está concentrada. Entre septiembre y diciembre caen 389 milímetros, casi la mitad del año, en 33,6 días. Entre junio y agosto caen 120 en 13,2 días. El agua y el calor van en sentidos opuestos, y ese es el problema que hay que resolver al elegir fecha.
02 El verano: 29 milímetros y 30,5 grados
Julio y agosto son casi secos —29 y 39 milímetros— y casi idénticos entre sí: 30,5 y 30,7 grados de máxima media, con mínimas de 17,7 y 18,0. En las Crete y en el valle del Orcia, sin sombra y sobre arcilla clara que devuelve la luz, la sensación es bastante peor que el número.
A eso se le suma que es cuando llega todo el mundo. La Toscana es la segunda región italiana en llegadas turísticas, y en torno al 40 % de ellas van a la costa, así que el litoral y las carreteras que llevan a él se saturan. Y el 15 de agosto, con las vacaciones italianas en su punto máximo, muchos negocios pequeños del interior cierran precisamente cuando más gente hay.
El verano funciona si el plan es de piscina y de salir a primera y a última hora. No funciona si el plan es caminar, conducir despacio y parar en pueblos: entre la una y las cinco de la tarde no hay nada que hacer fuera.
03 El campo trabaja cuando vuelve la lluvia
La vendimia llega en septiembre. La recogida de la aceituna empieza en la primera quincena de octubre y se alarga hasta finales de noviembre, con la recomendación técnica de no pasar del 30 de noviembre. En esas semanas los molinos están funcionando y sale el olio nuovo, un aceite recién prensado, turbio y marcadamente picante en la garganta, que es un producto de temporada estricta: no existe en marzo.

Y aquí es donde el calendario agrícola choca con el meteorológico. Septiembre trae 81 milímetros en 6,7 días; octubre, 106 en 8,1; noviembre, 125 en 10. Es decir, los tres meses en los que la región hace lo que la define son los tres meses en los que más llueve. No hay forma de tener las dos cosas.

Los momentos clave de un vistazo
25,0 °C de máxima, 81 mm en 6,7 días y la vendimia en marcha.
19,8 °C y los molinos abiertos, a cambio de 106 mm en 8,1 días.
29 mm en 3,4 días, pero 30,5 °C y el campo parado hasta la tarde.
125 mm en 10 días, el máximo del año, con la recogida de la aceituna acabando.
04 Septiembre resuelve casi todo
Si hay que elegir un mes, es septiembre, y por márgenes claros. La máxima media baja a 25,0 grados y la mínima a 14,4, que es temperatura de cenar fuera sin sudar. Llueve 81 milímetros en 6,7 días, menos que en octubre y bastante menos que en noviembre. La vendimia está en marcha, así que las bodegas trabajan y se ve. Y la presión de agosto se descuelga a partir de la primera semana.
Octubre es la segunda opción y tiene un argumento propio que septiembre no tiene: el aceite nuevo. A cambio se pagan 106 milímetros de lluvia, cuatro grados y medio menos de máxima y días notablemente más cortos. Quien venga por la mesa debe ir a octubre; quien venga por el paisaje y por conducir, a septiembre.
05 Dos fechas que conviene mirar antes de reservar
El Palio de Siena se corre dos veces al año, el 2 de julio y el 16 de agosto, en la plaza del Campo. Son dos días concretos que llenan la ciudad y su provincia entera, con los precios y la disponibilidad de alojamiento alterados en toda la zona durante los días previos. Hay que decidir a propósito: o se va a eso, o se evitan esas fechas.
La otra es el 15 de agosto. No es un acontecimiento local sino el eje de las vacaciones italianas, y arrastra la semana anterior y la posterior. Reservar en esas dos semanas cuesta más y ofrece menos.
06 El invierno, con expectativas ajustadas
Enero da 9,8 grados de máxima y 3,1 de mínima, con 53 milímetros en 7 días: es, curiosamente, más seco que mayo. La niebla se instala en los valles por la mañana y las colinas quedan flotando por encima, que es la imagen menos fotografiada y una de las mejores del año.

La contrapartida es de servicios, no de clima. Muchos agriturismos, molinos y restaurantes de pueblo cierran o reducen horario entre noviembre y marzo, y los pueblos pequeños se quedan sin sitio donde comer. En invierno la Toscana rural pide comprobar antes qué está abierto; las ciudades, no.
07 El resumen honesto
Septiembre por delante de todo, y dentro de septiembre, a partir del día 5. Octubre si el viaje va de comer y beber. Mayo como tercera opción, con 70 milímetros en 8,2 días y 22,7 grados, verde todavía y sin la gente del verano.
Y el aviso que de verdad importa: aquí el mes más seco es el peor mes para estar fuera de casa a mediodía, y el mes más lluvioso es aquel en el que el paisaje que se ha venido a ver está funcionando de verdad. Elegir fecha en la Toscana es elegir cuál de las dos cosas se prefiere perder.





