Yucatán mes a mes, de un vistazo

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Datos de Mérida, serie 1991-2020. Pasa el cursor por cada mes.

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En Mérida no hay un solo mes del año cuya máxima media baje de los treinta grados. El más fresco es diciembre, con 30,7; el más caluroso, mayo, con 36,7. Seis grados de recorrido en doce meses, y todos por encima del umbral en que uno decide caminar o no caminar. Eso simplifica la pregunta: aquí no se elige la fecha por la temperatura, porque no hay opción. Se elige por el agua, por los ciclones y por dos días concretos del calendario.

Panorámica de un patio rectangular rodeado por cuatro edificios bajos de piedra con frisos labrados, el suelo cubierto de hierba completamente seca y amarilla, bajo un cielo azul sin una nube.
Plena estación seca: la hierba amarilla y el cielo limpio de marzo o abril, antes de que llegue el agua.Bernard DUPONT / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

01 No existe el mes fresco

Los datos son de Mérida, serie 1991-2020. Máximas medias: 30,8 en enero, 32,1 en febrero, 34,5 en marzo, 36,3 en abril, 36,7 en mayo, y a partir de ahí una meseta de 35 grados hasta agosto, con el descenso en octubre y noviembre. Las mínimas van de 16,9 a 22,8.

Ese suelo de dieciséis grados en la noche más fresca del año, con máximas de treinta y uno, es lo más parecido a un invierno que tiene el estado. Y es, en la práctica, la mejor temperatura para visitar ruinas: de diciembre a febrero se puede estar al sol a mediodía, que es exactamente lo que hay que hacer en Uxmal o en Chichén Itzá.

02 Lo que sí cambia es el agua

El total anual es de 996,5 milímetros en 87,9 días de lluvia, pero el reparto es lo interesante. De febrero a abril caen 26,7, 26,4 y 25,0 milímetros, en dos o tres días de lluvia al mes. De junio a septiembre, 152,0, 143,1, 152,3 y 184,2, en once, doce, doce y trece días y medio.

Es decir, el estado tiene una estación seca de verdad —de noviembre a abril— y una húmeda que concentra casi todo. En la seca, el paisaje se pone amarillo y el cielo se queda limpio; en la húmeda, todo se pone verde y la tormenta de la tarde es la norma. Ninguna de las dos es mala; son dos sitios distintos.

Ladera escalonada de una pirámide de piedra caliza cubierta de vegetación en la parte alta, con árboles verdes creciendo a su lado y un cielo gris y encapotado encima.
El mismo estado en temporada de lluvias: verde, húmedo y con el cielo cargado desde media mañana.Eden, Janine and Jim / CC BY 2.0·CC BY 2.0

03 La temporada de huracanes va del 1 de junio al 30 de noviembre

Esa es la ventana oficial del Atlántico, y la península está de lleno en la trayectoria habitual. El período de mayor actividad se concentra entre mediados de agosto y finales de octubre, que coincide con los meses más lluviosos.

No significa que un viaje en septiembre vaya a encontrarse un huracán: significa que hay que contratar seguro con cobertura meteorológica, no encadenar vuelos con márgenes cortos y aceptar que un día del viaje puede desaparecer. Septiembre, con 184,2 milímetros, es el mes que reúne el máximo de lluvia y el máximo de riesgo.

Los momentos clave de un vistazo

FebEl mejor mes

32,1 °C de máxima, 26,7 mm en 3,1 días y fuera de la temporada de huracanes.

MarSeco, con aviso

26,4 mm en 2,4 días, pero el equinoccio llena Chichén Itzá el día 20 o 21.

MayEl mes de fuego

36,7 °C de máxima media, el máximo del año, y la lluvia empezando.

SepAgua y ciclones

184,2 mm en 13,5 días y el punto álgido de la temporada de huracanes.

04 Dos días que llenan un sitio entero

Y aquí está el factor que no está en la tabla. En los equinoccios —el 20 o 21 de marzo y el 22 o 23 de septiembre—, al caer la tarde, el sol proyecta sobre la escalinata de la pirámide de Kukulcán, en Chichén Itzá, una sucesión de siete triángulos de luz y sombra que durante unos cuarenta y cinco minutos dibujan el cuerpo de una serpiente descendiendo. El fenómeno se describió en un estudio académico en 1969.

El efecto sobre el viaje es de multitud. Chichén Itzá recibió su visitante 2.200.000 en 2024 y es el sitio arqueológico más visitado de México; en el equinoccio de primavera se concentra en unas horas una parte desproporcionada de esa cifra. Si el objetivo es ver el fenómeno, hay que ir sabiendo lo que hay. Si no lo es, esos días conviene estar en otro sitio del estado.

Pozo natural de paredes verticales de roca visto desde el borde, con vegetación densa asomándose por todo el perímetro y el agua oscura y quieta en el fondo.
El agua del subsuelo mantiene la misma temperatura todo el año: en agosto es el único sitio fresco del estado.Misael Lavadores / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

05 El único termostato del estado

Hay una compensación que funciona los doce meses. El agua subterránea mantiene una temperatura prácticamente constante todo el año, así que un cenote está igual de fresco en febrero que en agosto. En pleno mayo, con 36,7 grados arriba, bajar veinte metros a una caverna inundada es la diferencia entre poder estar fuera de casa por la tarde y no poder.

Eso reordena el día en los meses malos: ruinas y pueblos a primera hora, cenote a mediodía, y otra vez fuera al caer la tarde. Es el mismo esquema que se usa en cualquier sitio con calor extremo, solo que aquí la sombra está bajo tierra y tiene agua.

06 El resumen honesto

De diciembre a febrero, sin discusión: máximas de treinta o treinta y dos grados, lluvia mínima, cero riesgo de ciclón y la hierba todavía con algo de verde. Marzo y abril siguen siendo secos y ya aprietan, con la salvedad de los días del equinoccio.

Mayo es el peor mes por temperatura y septiembre por agua y riesgo. Y julio y agosto, aunque llueve mucho, tienen una ventaja que casi nadie menciona: son los meses en que el estado está más verde y con menos visitantes extranjeros, y en los que el cenote deja de ser una excursión y pasa a ser el centro del día.

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Ana Larrea

Editora de When To Go · Flowtravel

Ana Larrea decide con datos cuándo merece la pena ir a un sitio y cuándo no.