Los yacimientos de fósiles suelen ser puntos: una cantera, una cueva, un corte de carretera. Un sitio donde aparecieron unos cuantos huesos y donde se sigue excavando con cuidado. Hay una excepción de escala distinta, y está en el sur de Alberta.
En un parque de 73,29 kilómetros cuadrados —una superficie menor que la de muchas ciudades medianas— se han identificado 58 especies distintas de dinosaurio y se han sacado más de 500 ejemplares, que hoy están repartidos por museos de todo el mundo. La pregunta interesante no es cuántos hay, sino por qué están ahí todos juntos.
01 La cifra y lo que significa
Conviene poner el número en contexto. Cincuenta y ocho especies es una fracción muy alta de todo lo que se conoce del final del Cretácico en Norteamérica, y sale de un solo parque. En el conjunto de la provincia se recogieron al menos 38 ejemplares tipo, es decir, los ejemplares de referencia con los que se define una especie nueva.
El parque se estableció el 27 de junio de 1955 y la UNESCO lo inscribió como Patrimonio Mundial el 26 de octubre de 1979. Está en el valle del río Red Deer, en un paisaje de badlands que se abre de golpe en mitad de la pradera.

Ese contraste es parte del asunto. Desde la carretera la llanura sigue plana hasta el borde mismo del valle, y el yacimiento no se ve hasta que estás encima. Lo que está debajo de toda la pradera es lo mismo; lo que cambia es que aquí está al aire.
02 Un millón setecientos mil años
El segundo dato es el que más impresiona cuando se entiende. Los sedimentos expuestos pertenecen a tres formaciones: la de Oldman en la base, la de Dinosaur Park en el medio y la de Bearpaw arriba. La mayoría de los esqueletos articulados salen de la intermedia.
Y esa formación intermedia se depositó entre hace 76,5 y 74,8 millones de años. Es decir, un intervalo de un millón setecientos mil años. Cincuenta y ocho especies concentradas en una ventana temporal que, en escala geológica, es un instante.
El terreno donde se depositaron explica la abundancia. Eran llanuras de inundación y llanuras costeras, atravesadas por sistemas fluviales que corrían hacia el este y el sureste. Un río que se desborda con regularidad entierra rápido lo que hay en su llanura, y enterrar rápido es la condición para que algo fosilice.
03 La cuchillada que lo abrió todo
Lo que faltaba era sacarlo a la luz, y de eso se encargó el hielo. Al final de la última glaciación, cuando el manto Laurentide se retiró, enormes cantidades de agua de deshielo se soltaron de golpe y excavaron canales rápidos en la llanura. Fue hace unos 13.000 años.
Esas cuchilladas cortaron la roca blanda del Cretácico tardío que forma el sustrato del sur de Alberta y dejaron paredes de valle muy inclinadas. Los badlands del valle del Red Deer llegan a 200 metros de profundidad y flanquean el río a lo largo de unos 300 kilómetros.

Sin ese episodio, todo el hueso seguiría bajo la pradera. El yacimiento no existe porque allí hubiera más dinosaurios que en otro sitio: existe porque allí el agua de deshielo abrió una ventana de 300 kilómetros en la capa que los contiene.
04 Medio centímetro al año
Y aquí está el mecanismo que lo mantiene vivo. La erosión media de los badlands de Alberta es de unos 0,5 centímetros al año, y en el valle del Red Deer se han medido entre 1 y 2 centímetros anuales. Es una cifra enorme para un paisaje rocoso.
La comparación lo deja claro: es aproximadamente mil veces la velocidad de erosión de las Montañas Rocosas. La roca es blanda, no hay vegetación que la sujete y la lluvia y el hielo la deshacen sin resistencia.
La consecuencia es que el yacimiento se renueva solo. Cada temporada, la erosión saca a la superficie material que el año anterior estaba enterrado, y los equipos que trabajan allí no excavan a ciegas: recorren el terreno buscando lo que acaba de aparecer.
05 Quinientos ejemplares repartidos por el mundo
El historial de las extracciones explica algo que sorprende al visitante. Más de 500 ejemplares se han sacado del parque y están expuestos en museos de todo el planeta: el Royal Ontario Museum de Toronto, el Museo Canadiense de la Naturaleza en Ottawa, el American Museum of Natural History de Nueva York, el Field Museum de Chicago.

Eso fue así sobre todo antes de 1985. Ese año abrió cerca el Royal Tyrrell Museum, y desde entonces buena parte del material se queda en la provincia. Es un cambio importante para el viajero: hoy se puede ver el yacimiento y los hallazgos sin cruzar un océano.
La dispersión previa, en cambio, es la razón de que este parque haya sido durante un siglo un nombre conocido en los museos de medio mundo y casi desconocido como destino.
06 Cómo se mira
La primera consecuencia práctica es que no hay que buscar huesos. El acceso a la mayor parte del terreno está restringido precisamente porque el material aparece continuamente y una pisada en el sitio equivocado destruye un ejemplar. Lo que se recorre libremente es una fracción del parque.
La segunda es que el paisaje se lee mejor con luz rasante. A primera hora o a última, las capas horizontales de las laderas se marcan con sombra y se distinguen las tres formaciones superpuestas: Oldman abajo, Dinosaur Park en medio, Bearpaw arriba.
Y la tercera es la que cambia la mirada. Lo que se ve allí no es un cementerio excepcional: es una capa normal del sur de Alberta que resulta estar cortada. Debajo de la pradera que rodea el parque hay lo mismo, intacto y sin ver, esperando a que el agua abra otra ventana.





