01 Tres animales, un nombre

Conviene separarlos, porque en las etiquetas se confunden constantemente. La «lana de angora» es pelo de conejo. El mohair es pelo de cabra. Son fibras distintas, de animales distintos, y solo comparten el nombre del sitio de donde vinieron.

La ciudad exportó durante siglos cantidades notables de pieles de cabra y de gato junto con los productos de lana. El comercio del pelo largo era la actividad que la ponía en los mapas mercantiles europeos mucho antes de que fuera nada más.

Sobre una mesa de madera oscura, un ovillo de hilo de mohair de color turquesa claro con el pelo suelto formando un halo, dos agujas de tejer de punta metálica y una muestra de punto tejida con el mismo hilo.
Hilo de mohair y una muestra tejida. El halo de pelo suelto que rodea el hilo es la característica que lo distingue de la lana corriente.Alice Wiegand / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Qué es exactamente el mohair

La palabra no es turca ni griega: entró al inglés antes de 1570 desde el árabe mujáyyar, «escogido», que designaba un tipo de tejido de pelo. Y lo que designa hoy es una fibra de entre 25 y 45 micrómetros de diámetro, que se ensancha con la edad del animal: cuanto más viejo es el macho cabrío, más gruesa la fibra.

Una sola cabra da entre 5 y 7,5 kilos de mohair al año. Se esquila dos veces, en primavera y en otoño, aunque en Turquía la práctica tradicional es una sola esquila anual, lo que da una fibra más larga. Comparado con la cachemira, el mohair es menos fino pero rinde muchísimo más: la cachemira hay que peinarla, no esquilarla.

El brillo del mohair no es un acabado industrial: es la forma de la fibra, que apenas tiene escamas salientes.

Imagen de microscopio electrónico de barrido, en gris sobre fondo negro, de una única fibra de mohair vista de lado: un cilindro liso cuya superficie está dividida en placas grandes de bordes planos, con una barra de escala que marca 18 micrómetros.
Una fibra de mohair al microscopio electrónico. Las escamas están casi al ras de la superficie: por eso refleja la luz como refleja y por eso pica menos que la lana.CSIRO / Wikimedia Commons / CC BY 3.0·CC BY 3.0

Esa estructura explica sus propiedades: brillo alto, una afinidad excepcional por los tintes —de ahí los colores saturados que se ven en cualquier madeja—, aislamiento térmico, elasticidad natural y resistencia a las arrugas. La lana corriente, con sus escamas prominentes, no hace nada de eso igual de bien.

03 1849: el año que rompió el monopolio

La producción de mohair fue exclusivamente turca hasta mediados del siglo XIX. Hasta 1849, la provincia de Ankara fue la única productora de cabras de Angora del mundo. No he encontrado constancia documental de una prohibición formal de exportar los animales, así que no la afirmo; lo que sí está documentado es el hecho del monopolio.

El desmontaje fue rápido. Sudáfrica recibió animales en 1838; Estados Unidos, en 1849, como regalo turco; Australia, entre 1856 y 1875; Nueva Zelanda algo después, sin fecha clara. En cuatro décadas, un producto que solo existía en una meseta de Anatolia estaba en tres continentes.

Un rebaño de cabras blancas de pelo largo y rizado, con cuernos curvados hacia atrás, apiñadas a la sombra de un árbol de copa ancha y tronco pálido, en un paisaje seco de matorral bajo con un cerro cónico al fondo.
Cabras de Angora en Sudáfrica, país que hoy produce el 56% del mohair del mundo. El animal salió de Anatolia en 1838 y no volvió.EricFuchs / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Dónde está hoy

La inversión es completa. En 2024, Sudáfrica producía el 56% del mohair mundial, y Lesoto un 16% según datos de 2022. Turquía sigue en la lista de productores, pero muy por detrás.

Las cifras de cabaña cuentan lo mismo. En 1960 Turquía tenía más de seis millones de cabras de Angora. Después la población cayó con fuerza: en 2004, de los 7,2 millones de cabras del país, solo el 5% eran de Angora. En 2003 se puso en marcha un programa de conservación de la raza.

Una veintena de mantas de pelo largo colgadas en vertical y muy juntas, vistas de frente, con rayas anchas en blanco, crema, marrón, gris y negro, y flecos asomando en el borde inferior de algunas.
Mantas de tiftik —pelo de cabra de Angora— a la venta. Muy ligeras, muy flexibles y suelen rondar los 135 por 200 centímetros.Dosseman / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Un apunte de honestidad sobre el origen del animal: la propia bibliografía especializada admite que «el origen de la cabra de Angora se desconoce actualmente». Sabemos que es una raza turca que lleva el nombre de esta ciudad y que la descripción occidental más temprana la firmó Pierre Belon en 1555, señalando un pelo «tan delicado que se juzgaría más fino que la seda». De dónde salió la raza antes de eso, no consta.

Merece la pena tenerlo en la cabeza cuando pases por un mercado de Ankara y veas una manta de tiftik entre las pilas de género corriente. Estás mirando lo que quedó de un monopolio mundial: no un souvenir, sino el residuo de una industria que se llevaron.

Evalua este articulo

Tu voto ayuda a priorizar que historias editar despues.

Sin votos todavia
LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saberlo · Flowtravel

Lucía persigue la historia detrás del objeto cotidiano.