Hay una pregunta que parece imposible de responder y que resulta que tiene respuesta exacta: ¿en qué año se cortó esta viga? No en qué siglo, no aproximadamente. En qué año.

La técnica que lo permite se llama dendrocronología, y no se desarrolló en un museo europeo ni en un yacimiento famoso. Se desarrolló en Arizona, y por razones que tienen que ver con la geografía del estado.

01 Un astrónomo buscando manchas solares

Tronco de pino de corteza rojiza y escamosa fotografiado desde abajo, con las ramas abriéndose en lo alto contra un cielo claro
Un pino ponderosa en el bosque nacional de Coconino. La corteza en placas y el crecimiento anual regular hacen de esta especie el material de trabajo de la dendrocronología del suroeste.Brady Smith / Coconino National Forest / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

Andrew Ellicott Douglass era astrónomo y llegó al suroeste a trabajar en observatorios. Le interesaba una pregunta astronómica: si el ciclo de las manchas solares afectaba al clima de la Tierra. Para contestarla necesitaba registros meteorológicos de siglos, y no existían.

Su idea fue buscar ese registro en otra parte. Un árbol crece un anillo por año, y el ancho de cada anillo depende de lo bueno que fuera ese año para el árbol. Si el factor que manda es el agua, la serie de anchos es una serie de lluvias anotada por el propio árbol.

Empezó con árboles vivos, que se pueden contar hacia atrás desde la corteza sin ninguna duda. Y en 1917 dio el paso que cambió la disciplina: examinar madera de ruinas prehistóricas.

02 Por qué los anillos son un calendario

Barrena de incremento metálica junto a dos cilindros finos de madera extraídos con ella, una regla y un disco de tronco cortado, sobre fondo blanco
La barrena de incremento y dos testigos: un cilindro de unos cinco milímetros que atraviesa el tronco y saca la secuencia completa de anillos sin talar el árbol.Hannes Grobe / AWI / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.5·CC BY-SA 2.5

Contar anillos da la edad de un árbol, pero no la fecha de nada. Lo que convierte los anillos en calendario es otra cosa: el patrón. Un año seco deja un anillo estrecho en todos los árboles de la comarca, y un año bueno lo deja ancho en todos.

Esa secuencia de anchos —dos estrechos, uno muy ancho, tres medianos— funciona como un código de barras que no se repite. Si encuentras el mismo dibujo en dos maderas distintas, sabes que comparten esos años aunque no sepas cuáles son.

El procedimiento se llama datación cruzada y permite encadenar hacia atrás: de un árbol vivo a uno más viejo que se solape con él, de ese a una viga de una casa antigua, y así sucesivamente. Cada eslabón traslada la fecha exacta un poco más atrás.

La secuencia de anchos funciona como un código de barras que no se repite: si aparece igual en dos maderas, comparten esos años.

03 El hueco de dos siglos

Hacia los años veinte, Douglass tenía dos cosas y ninguna servía sola. Por un lado, una cronología continua construida con árboles vivos y madera reciente que llegaba hasta el año 1260, con todas las fechas seguras.

Por otro, una cronología flotante de casi seis siglos, sacada de las vigas de las ruinas. Flotante significa que la secuencia interna era perfecta —se sabía qué año venía después de cuál— pero no había manera de anclarla al calendario. Podía empezar en el 400 o en el 800.

Entre las dos había un hueco, y ese hueco convertía en inútil un trabajo de más de una década. Sin una madera que abarcara los dos extremos, la arqueología del suroeste seguía sin poder dar una sola fecha absoluta.

04 La viga del 22 de junio de 1929

La madera apareció el 22 de junio de 1929 en una ruina de Show Low, en el este de Arizona. Era un fragmento de viga carbonizada, y se catalogó con el número HH-39.

Su secuencia de anillos coincidía por un extremo con el final de la cronología flotante y por el otro con el principio de la continua. Es decir, cerraba el puente. En cuanto se comprobó, todas las fechas flotantes dejaron de flotar.

El efecto fue inmediato y masivo. Con el calendario completo, extendido hasta alrededor del año 700, se pudo decir en qué año se cortaron las vigas de ruina tras ruina: cuándo se construyó cada conjunto, cuándo se amplió y cuándo se dejó de reparar.

Aquello cambió la arqueología del continente. Hasta entonces la cronología del suroeste se estimaba por estilos de cerámica y por capas; a partir de ahí se pudo trabajar con años concretos, décadas antes de que existiera la datación por carbono 14.

05 Por qué tenía que ocurrir aquí

Construcción de adobe de varios pisos encajada en un gran hueco de una pared de roca clara, con hileras de agujeros oscuros de viga en los muros
Montezuma Castle, en el valle del Verde: los agujeros regulares de los muros son los alojamientos de las vigas de techo, el material que fecha este tipo de construcciones.Tuxyso / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

La técnica no es exportable a cualquier sitio, y esa es la parte que explica la geografía. Los anillos solo sirven como calendario si su ancho varía mucho de un año a otro, y eso pasa donde el crecimiento está limitado por algo que escasea.

En un clima húmedo, un árbol tiene agua todos los años y crece parecido: los anillos salen uniformes y el patrón no dice nada. En Arizona, con 183,4 milímetros de lluvia anuales en la parte baja y una variabilidad enorme de un año a otro, el ancho del anillo es casi una lectura directa de la lluvia.

A eso se suman las otras dos condiciones. Una es el mayor pinar continuo de pino ponderosa del mundo, que da material de sobra. Y la otra es que en un clima seco la madera no se pudre: las vigas de las construcciones prehistóricas siguen ahí siglos después.

Las tres cosas juntas —anillos que varían, bosque enorme y madera conservada— solo coinciden en unos pocos lugares del planeta, y Arizona es el más completo de todos.

06 Para qué sirve ahora

Douglass fundó en 1937 el Laboratorio de Investigación de Anillos de Árboles en la Universidad de Arizona, en Tucson. Sigue en funcionamiento y conserva HH-39 en una cámara de condiciones controladas.

El uso arqueológico sigue, pero el principal es hoy el que buscaba Douglass al principio: el clima. Las series de anillos permiten reconstruir la lluvia año por año durante siglos, y con eso se han identificado sequías prolongadas muy anteriores a cualquier registro instrumental.

Hay un segundo archivo dentro del mismo material. Un incendio que no mata al árbol le deja una cicatriz en la madera, y esa cicatriz queda entre dos anillos concretos. Una sección de tronco puede así dar el año exacto de cada incendio que soportó a lo largo de siglos.

Lo que queda para el viajero es una manera de mirar. En cualquier ruina del suroeste con vigas visibles, esos maderos no son un detalle constructivo: son el documento fechado del edificio, y llevan casi un siglo leyéndose como tal.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes escribe sobre lo que sostiene un lugar por detrás: los sistemas, los oficios y las reglas que casi nunca se ven.