La imagen que todo el mundo tiene de Bali es la de una ladera escalonada llena de agua. Lo que casi nunca se cuenta es que esa lámina de agua está donde está porque una asamblea de vecinos lo decidió en una reunión, y que el sistema lleva funcionando desde el siglo IX.

01 Qué es exactamente un subak

Un subak es una asociación de regantes: el conjunto de agricultores que comparten una misma toma de agua y se organizan para repartirla. En Bali había alrededor de 1.559 en 2019, y cada uno agrupa a entre 50 y 400 agricultores. El tamaño varía muchísimo —desde unas pocas hectáreas hasta cerca de 800—, con una media en torno a las cien.

No es una cooperativa de compra ni un sindicato: es la unidad que administra un recurso escaso con reglas propias. El subak decide el turno, mantiene los canales, resuelve los conflictos y fija cuándo se siembra. Cada red tiene además templos asociados que marcan los nacimientos de agua y los puntos de reparto, y que funcionan como lugar de reunión y referencia del calendario.

Ladera con bancales de arroz curvos y palmeras altas dispersas, bajo un cielo azul con nubes blancas y con vegetación densa cerrando el valle al fondo.
Los bancales siguen la curva de nivel, no la línea de máxima pendiente. Es lo que permite que el agua avance despacio y no erosione.Stefan Fussan / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Cómo baja el agua

El sistema empieza donde no lo ha construido nadie: en el bosque de cabecera, que protege y encauza el suministro. De ahí el agua pasa a una infraestructura hecha a mano —presas, túneles y canales— y llega al paisaje de bancales, que es la parte que se ve.

Bancales recién inundados que descienden en escalones, con el agua reflejando el cielo en cada nivel y estrechos caballones de hierba separando unos de otros.
Cada escalón retiene una lámina de agua y la deja pasar al de abajo. El caballón de hierba no es un camino: es la pieza que regula el reparto.Stefan Fussan / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Dentro de cada terraza la mecánica es sencilla y exigente a la vez. El campo se mantiene inundado con una lámina de pocos centímetros; el agua entra por un lado, atraviesa la parcela y sale por el otro hacia el escalón inferior. Por eso los bancales siguen la curva de nivel y no la línea de máxima pendiente: hay que perder altura despacio, porque cada metro que se pierde de golpe es un campo que ya no se puede regar más abajo.

El reparto entre subaks se llama nyorog y consiste en dividirlos en grupos de cabecera, medios y de cola, que reciben el agua de forma sucesiva a lo largo de aproximadamente dos semanas. No todos riegan a la vez porque no hay agua para todos a la vez. Lo que se administra no es el caudal: es el turno.

Parcelas de arroz contiguas en estados distintos: una completamente inundada con plantones recién puestos, otra ya cubierta de verde alto, separadas por muretes bajos y canalillos.
Dos parcelas vecinas en fases distintas. El desfase no es descuido: es el turno, que baja de arriba abajo a lo largo de unas dos semanas.CEphoto, Uwe Aranas / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

03 El calendario es control de plagas disfrazado de turno de riego

Aquí está la parte que convierte una costumbre en un hallazgo. La sincronización obliga a que superficies grandes entren en barbecho al mismo tiempo. Cuando eso ocurre, los insectos y los roedores que viven del arroz se quedan sin hábitat de golpe, en una extensión demasiado amplia como para desplazarse, y su población cae.

Es decir: el turno resuelve dos problemas con una sola regla. Reparte un caudal insuficiente y, al mismo tiempo, mantiene las plagas en niveles sostenibles sin necesidad de producto químico. Ningún subak inventó eso de un plumazo; salió de siglos de ajuste entre vecinos que compartían un mismo canal y un mismo problema.

04 El experimento que lo demostró

En 1971 Indonesia lanzó el programa BIMAS, dentro de la llamada Revolución Verde, con variedades de alto rendimiento que exigían riego durante todo el año. Sobre el papel era una mejora evidente: más cosechas anuales por parcela. En la práctica rompió la sincronización.

Para 1974 el resultado ya era visible: caos en la programación del agua y explosiones de plagas. A finales de la década las pérdidas de cosecha llegaban al 50 %. Un estudio del Banco Mundial de 1988 documentó que el uso de pesticidas había contaminado de forma generalizada los suelos y las aguas de la isla. Ese mismo año se dio marcha atrás y se devolvió la autonomía a los subaks; la producción se recuperó.

El epílogo lo puso la investigación del antropólogo Stephen Lansing, que modelizó el sistema por ordenador y mostró que la lógica tradicional de sincronización estaba cerca del óptimo: equilibraba la disponibilidad de agua y el control de plagas mejor que el calendario industrial que había intentado sustituirla. Es raro tener una prueba tan limpia de que un sistema antiguo no era folclore.

05 Lo que lo amenaza ahora

En 2012 la Unesco inscribió el conjunto como «Paisaje cultural de la provincia de Bali: el sistema subak como manifestación de la filosofía Tri Hita Karana», con 19.519,9 hectáreas protegidas y cinco componentes, entre ellos el lago Batur y los paisajes de subak de la cuenca del Pakerisan y del Catur Angga Batukaru.

Bancales de arroz en dos colores contrastados: verde joven a la izquierda y amarillo maduro a la derecha, con una hilera de construcciones y terrazas de restaurante en la loma superior.
Verde y amarillo a pocos metros de distancia: dos parcelas del mismo bancal sembradas con semanas de diferencia. Arriba, la línea de negocios que ha crecido sobre el borde.Christophe95 / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

La protección llega mientras la base se estrecha. La superficie agrícola alrededor de Denpasar pasó de 5.753 hectáreas en 1993 a 2.444 en 2018, y en el conjunto de la isla se pierden en torno a mil hectáreas de cultivo al año. Al mismo tiempo, el turismo consume el 65 % del agua dulce de Bali y el nivel freático ha bajado un 60 %, con entrada de agua salada en pozos de algunas zonas costeras.

El problema no es que se abandone una tradición: es que un sistema de reparto deja de funcionar cuando cambia lo que hay que repartir. Si el agua de cabecera se desvía y las parcelas de cola desaparecen bajo asfalto, el turno pierde sentido aunque la asamblea siga reuniéndose.

Merece la pena saberlo antes de mirar un bancal. Lo que se está fotografiando no es una postal agrícola: es la superficie de un acuerdo que se renegocia cada temporada, y que hasta ahora ha resistido tanto a las plagas como a quienes intentaron mejorarlo.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes explica el contexto que hace que un lugar se entienda: de dónde salió, quién lo pagó y qué queda de aquello.