Conviene separar dos cosas que se confunden, porque una es un fenómeno natural notable y la otra es un negocio con un problema.

01 El árbol es real y es raro
El argán, Argania spinosa, solo crece en el suroeste de Marruecos. La Unesco declaró el bosque de argán reserva de la biosfera el 8 de diciembre de 1998, la primera de Marruecos, sobre unos 2,5 millones de hectáreas. El arbolado propiamente dicho ocupa unas 830.000 hectáreas con alrededor de 21 millones de árboles, y es el segundo recurso forestal del país después del encinar.
Es un árbol bajo, de copa muy ramificada y ramas casi horizontales, adaptado a la sequía y espinoso. Da un fruto parecido a una aceituna grande cuya almendra produce el aceite de argán. Y sí: las cabras trepan a él por su cuenta para comer ese fruto, porque a la altura de sus ramas hay comida y en el suelo, en verano, casi no queda nada.
02 Lo que pasa al borde de la carretera es otra cosa
A partir de comienzos de los años dos mil, algunos pastores empezaron a subir cabras a los árboles para conseguir propinas de los turistas que pasaban. El negocio creció con el tráfico entre Marrakech y la costa.
El procedimiento está documentado: se traen animales de otras zonas, se colocan en el árbol elegido y, para que no bajen, se les ata a las ramas. Se quedan ahí durante horas, hasta que dejan de llegar coches. No tienen acceso a comida, ni a agua, ni a sombra, y en verano, con las temperaturas de esta región, eso significa estrés por calor y deshidratación.

Organizaciones de bienestar animal lo han criticado abiertamente. El responsable de bienestar animal de una de ellas lo describió como «un montaje explotador, diseñado para atrapar a turistas desprevenidos y que paguen por hacer fotos». En Marruecos, el sindicato nacional de guías turísticos ha trabajado contra estas paradas y las autoridades han actuado para acabar con las escenas montadas al borde de la carretera.
03 Cómo se distingue una cosa de la otra
No hace falta ser experto. Un grupo de cabras que ha subido por su cuenta está repartido de forma desigual, entra y sale del árbol, y suele estar lejos del asfalto, porque el ganado no pasta en el arcén. Un montaje está en el árbol más visible desde la carretera, con las cabras colocadas a alturas escalonadas que quedan bien en la foto, un hombre esperando al lado y un sitio despejado para aparcar justo delante.
Y hay una señal que no falla: si alguien se acerca a cobrar antes de que hayas bajado del coche, la escena estaba preparada.

04 Qué hacer en su lugar
La alternativa no es evitar el argán, que es lo más interesante de ese tramo de carretera, sino cambiar dónde se deja el dinero. En 2014 la Unesco inscribió en su lista de patrimonio cultural inmaterial las prácticas y los conocimientos vinculados al árbol de argán, un saber que transmiten y sostienen sobre todo mujeres del medio rural, que extraen el aceite con métodos tradicionales.
Comprar el aceite en una cooperativa de la zona —hay muchas en el eje entre Chichaoua y Essaouira— cuesta lo mismo o menos que la propina de la foto y sostiene exactamente aquello que hace singular al paisaje. Y el árbol se puede mirar todo lo que uno quiera desde cualquier punto de la carretera, sin pagar.
- No pares y no paguesEl montaje solo existe mientras da dinero. Si el coche no para, la escena deja de tener sentido económico.lo esencial
- Distingue el árbol del espectáculoLos arganes cubren el tramo entero de la carretera y se pueden mirar gratis. Lo que se cobra no es el árbol: es tener las cabras encima cuando tú llegas.gratis
- Si quieres comprar aceite, hazlo en una cooperativaEl saber hacer del argán está reconocido por la Unesco desde 2014 y lo sostienen sobre todo mujeres del medio rural. Ahí el dinero llega a quien trabaja.desde 2014
- Dilo en la agenciaMuchas excursiones de Marrakech a Essaouira incluyen la parada por defecto. Se puede pedir que se salte, y conviene pedirlo al reservar.al reservar
Lo que hay detrás de esto es un mecanismo que se repite en muchos destinos: un fenómeno real —cabras que trepan— se convierte en una imagen, la imagen crea una demanda, y la demanda acaba fabricando una versión permanente y forzada de algo que en la naturaleza era ocasional. Saberlo no obliga a renunciar a nada: solo cambia dónde se para el coche.



