01 Un país con un trozo aparte
Brunéi no es un territorio continuo. El país está dividido en dos partes por una franja de territorio malasio que llega hasta la bahía, de manera que el distrito de Temburong queda separado del resto por tierra. Es un caso poco frecuente: no una isla, no un enclave lejano, sino un trozo del país al que no se podía llegar sin pasar por otro país.
Y no es un trozo menor. Temburong es el distrito donde está la mayor parte de la selva protegida del país, incluido su parque nacional. Es decir, la separación no afectaba a un rincón sin importancia: afectaba al acceso a lo que hoy es el principal argumento natural de Brunéi.

02 Lo que costaba llegar antes
Había dos maneras y las dos tenían un inconveniente serio. Por agua, un servicio de lanchas cubría en unos cuarenta y cinco minutos el trayecto entre la capital y Bangar, la población principal del distrito. Rápido, pero dependiente del tiempo, del oleaje y de un horario, y sin posibilidad de llevar el coche.
Por carretera se podía, rodeando por tierra, pero el trayecto pasaba por cuatro controles de inmigración: salir del país, entrar en el vecino, volver a salir y volver a entrar. Cuatro colas y cuatro sellos para un desplazamiento interno. Para quien vivía o trabajaba allí, eso no era una anécdota de viaje: era la rutina de cada semana.
Cuatro sellos de pasaporte para ir de una parte del país a otra. Ese, y no el tiempo, era el problema que había que resolver.
03 Treinta kilómetros de obra

El puente Sultan Haji Omar Ali Saifuddien se abrió al tráfico el 17 de marzo de 2020. Mide 30 kilómetros, lo que lo convierte en el puente más largo del Sudeste Asiático, y costó 1.600 millones de dólares bruneanos, unos 1.200 millones de dólares estadounidenses en el momento de la adjudicación.
No es un puente de un solo salto: es una sucesión de viaductos sobre la bahía y sobre zona de manglar, con dos tramos atirantados de mástil alto en los puntos donde hay que dejar paso a la navegación. Buena parte del recorrido va sobre agua somera y sobre marisma, que es lo que explica la longitud total.
04 Lo que cambió al otro lado

El efecto sobre el viajero es directo y bastante grande. Hasta 2020, visitar el parque nacional de Temburong obligaba a montar una pequeña expedición con lancha y horarios; ahora se cruza en coche y se puede ir y volver en el día desde la capital sin sellar nada. Buena parte de las guías escritas antes de esa fecha describen todavía el acceso solo por barco.
Merece la pena verlo aunque no se vaya al parque, y verlo desde abajo. Desde la orilla, con la línea de pilas alejándose hasta desaparecer en la bruma, se entiende una cosa que desde el coche no se aprecia: que treinta kilómetros de hormigón sobre el mar son la respuesta más cara posible a un problema que, sobre el papel, era solo una cuestión de fronteras.
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