01 Un arbolado que no cuadra con el clima

Conviene empezar por la anomalía. Biskek está en una llanura continental seca, con 455 milímetros de precipitación al año y un verano en el que julio y agosto suman 34 milímetros entre los dos. Con esas cifras, la vegetación natural del entorno es estepa, no bosque.

Y sin embargo, vista desde el aire, la ciudad aparece cubierta de copas: avenidas arboladas de punta a punta, patios con pinos y abetos adultos, y parques con arbolado alto en pleno centro. Esa diferencia entre lo que el clima permite y lo que hay no es casual, y tiene una explicación técnica muy visible.

Canal de agua en verano visto entre la vegetación de la orilla, con hierbas altas y espigadas en primer plano, chopos y arbolado denso a los dos lados y el agua reflejando las copas al fondo.
El mismo canal en verano, con la vegetación desbordada. El agua corre a cielo abierto y los árboles se instalan a los lados.Bosogo / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 De dónde viene el agua

El agua no sale del subsuelo ni de un embalse lejano: baja de la cordillera que está a pocos kilómetros al sur. Una sierra que supera los cuatro mil metros y conserva nieve buena parte del año produce escorrentía de deshielo justo cuando hace falta, es decir, en primavera y verano, que es la temporada de crecimiento.

Ese caudal se reparte por la ciudad mediante una red de canales de distintos tamaños. Los grandes son cauces anchos, con orillas de hormigón y vegetación de ribera, que atraviesan barrios enteros. De ellos salen los pequeños, que son los que recorren las calles: canales estrechos, a menudo poco más que una acequia, a los dos lados de la calzada.

La nieve de una cordillera de cuatro mil metros acaba, unos kilómetros más abajo, regando un tilo de una acera.

03 Por qué a cielo abierto

Canal recto visto desde un puente con barandilla metálica oxidada en primer plano, las orillas de hormigón inclinadas y cubiertas de hierba, chopos altos a la izquierda y naves con cubierta metálica a la derecha.
Visto desde un puente: orillas inclinadas de hormigón, sin cubrir. Es una infraestructura barata de construir y de mantener.Bosogo / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

La pregunta obvia es por qué no se enterró todo. Y la respuesta es económica antes que estética: un canal abierto se excava y se reviste una vez, se limpia con una pala y se repara sin maquinaria; una red enterrada exige tubería, bombeo, arquetas y localizar las fugas sin verlas.

Hay además una ventaja técnica: al ir por gravedad y en superficie, el sistema no gasta energía. El agua baja sola desde la montaña y se reparte por diferencia de cota. En una ciudad completamente plana, mantener esa pendiente mínima es el verdadero trabajo de ingeniería, y está resuelto desde hace más de un siglo.

04 Cómo mirarlo

Paseo enlosado de un parque urbano en primavera, con árboles altos de copa abierta a los dos lados dando sombra sobre el pavimento y el césped, bancos de madera a la derecha y farolas negras entre los troncos.
El resultado, a la escala en que se disfruta: sombra continua en pleno centro. Con 32,4 grados en julio, eso es infraestructura.Bosogo / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

El ejercicio que merece la pena es de cinco minutos y cambia la manera de andar por la ciudad: al bajar de una acera, mirar hacia abajo. Ahí está el canal, a veces con agua corriendo y a veces seco, y a partir de ese momento se empieza a ver por todas partes, porque está en todas partes.

Y conviene añadir un aviso práctico: muchos van abiertos, sin rejilla ni barandilla, justo en el borde de la calzada. De día no es problema; de noche, con poca luz y la atención puesta en el tráfico, un tropiezo ahí es fácil y desagradable. Es la contrapartida de un sistema que funciona precisamente porque está a la vista.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía explica los detalles que cambian la manera de entender un lugar.