Si llegas un domingo por la mañana y ves las avenidas principales vacías de coches y llenas de bicicletas, no has coincidido con nada especial. Has coincidido con el domingo.

01 De una manifestación a una costumbre
La idea nació en 1974 de un colectivo de estudiantes que quería reivindicar la bicicleta como medio de transporte. Aquel 15 de diciembre organizaron lo que llamaron una gran manifestación del pedal, y la ciudad cortó unas cuantas calles para dejarlos pasar.
Lo que empezó como una protesta se institucionalizó. Medio siglo después, el cierre semanal es una rutina municipal con horario fijo, señalización propia y personal desplegado en los cruces.
El modelo se ha copiado en decenas de ciudades del mundo, casi siempre conservando el nombre en español. Es probablemente la exportación urbanística más influyente que ha hecho esta ciudad.
02 Cómo funciona en la práctica
Los cierres afectan a las grandes avenidas, incluidas algunas de las vías más transitadas entre semana, y forman una red continua de unos ciento veinte kilómetros que atraviesa la ciudad de norte a sur y hacia el occidente.
El horario es de siete de la mañana a dos de la tarde. A las dos en punto se retiran las vallas y el tráfico vuelve, lo que significa que quien empieza a la una tiene poco margen y conviene contarlo antes de salir.
No hace falta ser ciclista. Por esos mismos carriles circulan patines, monopatines y sobre todo gente caminando o corriendo, y en varios tramos hay puestos de reparación, hidratación y actividades organizadas.

03 Por qué es más que una actividad de ocio
Un millón y medio de personas es una cifra que cambia el significado del asunto. No se trata de un carril lúdico para aficionados: es, durante siete horas, el mayor espacio público de la ciudad.
Y funciona como igualador. Avenidas que el resto de la semana separan barrios se convierten en un corredor continuo por el que cualquiera puede moverse sin pagar nada, en una ciudad donde el transporte y las distancias pesan mucho.
Para el viajero, además, resuelve un problema real: es la única forma cómoda de recorrer a pie o en bici distancias largas en una capital de más de ocho millones de habitantes.
04 Cómo aprovecharla si estás de paso
Lo primero es alquilar. Hay puntos de alquiler de bicicletas repartidos por la ciudad y varios operan precisamente los domingos por la mañana; conviene reservar la víspera si es temporada alta.
Lo segundo es la altura. A 2.640 metros, pedalear cuesta más de lo que uno espera, sobre todo en los tramos que suben hacia el este. Si llevas menos de dos días en la ciudad, empieza por un recorrido llano y corto.
Y lo tercero es el sol. En esta latitud y a esta altitud, la radiación de media mañana es fuerte aunque haga fresco: crema solar y agua, aunque el termómetro no pase de veinte grados.

05 Lo que se entiende después
Después de un domingo así cambia la percepción de la ciudad. Entre semana es una capital difícil, de tráfico denso y trayectos largos; siete horas a la semana es otra cosa completamente distinta.
Y se entiende por qué la idea se ha copiado tanto. No hizo falta construir nada: bastó con decidir que, un día a la semana, el espacio que ya existía se usara de otra manera.




