01 Un puente que no lleva a ninguna carretera

Se llama Cyklomost slobody y se inauguró el 22 de septiembre de 2012. Une el barrio de Devínska Nová Ves, en el extremo noroeste del término municipal, con la orilla austríaca del río Morava. Mide alrededor de quinientos metros, está abierto todo el año y solo lo pueden usar bicicletas y peatones.

Esa última condición es lo que lo hace distinto de cualquier otro paso fronterizo. No hay carril de vehículos, no hay área de servicio y no desemboca en una carretera: sale de un camino asfaltado entre árboles y llega a otro camino asfaltado entre árboles. La velocidad a la que se cruza está fijada por la bicicleta, y eso cambia por completo la experiencia de pasar de un país a otro.

Pasarela metálica de color gris claro sobre pilares en forma de V, vista desde abajo, cruzando por encima de un carril asfaltado que se pierde entre la vegetación.
El puente desde abajo: una estructura ligera sobre pilares en V, sin calzada, que se cruza con el mismo carril bici que llega hasta él.Clemens Mosch / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Los pilares que ya estaban ahí

El detalle que convierte esto en una historia, y no solo en una infraestructura, está debajo. El puente se levantó sobre el mismo emplazamiento que ocupó otro construido en el siglo XVIII, en época de María Teresa, y algunos de aquellos pilares siguen en el agua. Es decir: el paso existió, se perdió y se ha recuperado dos siglos y medio después, para un tipo de tráfico que entonces no existía.

Vista desde el tablero de un puente hacia un río ancho y tranquilo con la orilla derecha anegada, matorral emergiendo del agua, un bosque de ribera y colinas bajas en el horizonte; en primer término, la barandilla blanca.
Desde el tablero, río arriba. La llanura de inundación del Morava se anega con facilidad: por eso la orilla está vacía de construcciones.Fry72 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Desde arriba se entiende además por qué esta orilla está tan vacía. El Morava se desborda con frecuencia sobre una llanura de inundación ancha y baja, y eso ha mantenido el terreno sin urbanizar a ambos lados. Cruzas medio kilómetro de humedal antes de tocar tierra firme en el otro país.

El paso existió en el siglo XVIII, se perdió y se ha recuperado para un tráfico que entonces no existía.

03 Lo que hay al otro lado

El puente no lleva a un pueblo ni a una estación: lleva a Schloss Hof, un palacio barroco austríaco con jardines en terrazas que descienden hacia el río. Es un destino en sí mismo, con horario y entrada propios, y ese es el motivo por el que la pasarela se construyó donde se construyó.

Palacio barroco de fachada amarilla y tejado rojo al fondo de un jardín formal, con parterres recortados de boj y macizos de flores naranjas, amarillas y moradas en primer término.
Schloss Hof, el destino del puente: un palacio con jardín en terrazas que baja hacia el río. Tiene horario y entrada; el puente, no.Ahmed.magdy.88 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Merece la pena saberlo antes de salir, porque condiciona la planificación: el puente está abierto los 365 días del año, pero el palacio y sus jardines tienen temporada y horario de cierre. Si tu plan es cruzar y visitar, comprueba el calendario del palacio; si tu plan es simplemente cruzar y volver, no dependes de nadie.

04 Cómo hacerlo sin complicarte

Devínska Nová Ves está en el extremo noroeste de la ciudad y tiene estación de tren propia, además de autobuses urbanos. Desde ahí, el carril bici llega hasta el puente por una zona de ribera llana y sin tráfico. Si vas en bicicleta desde el centro, el trayecto es largo pero es todo llano: se va siguiendo la orilla.

Dos avisos prácticos. El primero: no cuentes con transporte público al otro lado, porque la orilla austríaca es campo abierto; lo que cruces pedaleando tendrás que volver a cruzarlo. El segundo: aunque no haya control ni trámite, sigues cambiando de país, así que lleva tu documentación encima como en cualquier desplazamiento internacional.

Y una recomendación sobre cómo tomárselo. Esto no es un mirador ni una atracción: es un trozo de infraestructura ordinaria que hace algo poco ordinario. La gracia está justo en lo anodino del gesto —pedalear quinientos metros sobre un humedal y salir por el otro extremo— y en darte cuenta a mitad del tablero de lo que estás haciendo.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía explica los detalles que cambian la manera de entender un lugar.