01 Cuatro de marzo de 1977

El origen de todo esto tiene fecha. El 4 de marzo de 1977, un terremoto con epicentro en la zona de Vrancea, a unos ciento treinta y cinco kilómetros de la capital, causó alrededor de mil quinientas muertes en Bucarest y dejó más de mil edificios en estado crítico. No fue un temblor local: fue un seísmo profundo cuyas ondas viajan bien y encuentran en esta llanura un suelo blando que las amplifica.

Lo que más daño sufrió no fueron los edificios más viejos ni los más nuevos, sino una franja concreta: los inmuebles de varias plantas levantados antes de que existieran normas antisísmicas modernas. Justamente los que dan forma al centro que hoy se visita.

Fachada de un edificio ecléctico de comienzos del siglo XX en Calea Victoriei, con el revoco desprendido, balcones de hierro oxidados, aparatos de aire acondicionado y grafitis en la planta baja.
Un edificio de principios del XX en Calea Victoriei, sin rehabilitar: revoco caído, balcones oxidados y locales cerrados. Este es el tipo constructivo del que habla la clasificación.Neoclassicism Enthusiast / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Qué dice exactamente el círculo

La clasificación oficial ordena los edificios en cuatro clases de riesgo sísmico. La clase I es la más grave: significa riesgo de colapso ante un terremoto fuerte. Los edificios que caen en esa categoría llevan en la fachada un distintivo visible, un círculo rojo con el número de la clase, colocado cerca del portal para que cualquiera pueda leerlo desde la acera.

Las cifras dan la escala del asunto. Hay unos 374 edificios clasificados oficialmente en clase I, que suman en torno a 2.700 viviendas, y de ellos 184 están considerados un peligro para la vía pública. No son ruinas abandonadas: en la inmensa mayoría vive gente, y en sus bajos hay comercios abiertos.

03 Por qué están donde están

La distribución no es aleatoria y explica mucho de la ciudad. Los edificios de clase I se concentran en el casco histórico y en los bulevares Magheru y Kogălniceanu, además de barrios como Armenească, Moșilor o Știrbei Vodă. Es decir, exactamente donde se conserva el tejido anterior a la Segunda Guerra Mundial: las villas eclécticas, los bloques de entreguerras, las manzanas del «pequeño París».

Esa coincidencia es lo que convierte el dato en algo más que una estadística. La parte más bonita del centro y la parte más frágil del centro son, en buena medida, la misma. Cualquier decisión sobre qué hacer con esos edificios es a la vez una decisión sobre patrimonio y sobre seguridad, y eso hace que las obras avancen despacio.

Fachada de piedra clara recién restaurada en Calea Victoriei, con pilastras corintias de orden gigante, arcos en la planta baja y guirnaldas talladas bajo las ventanas.
Un edificio de la misma calle, ya rehabilitado. El contraste entre este y el anterior es el estado real del centro: parcheado edificio a edificio.Neoclassicism Enthusiast / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Lo que suele entenderse mal

El primer malentendido es de lectura: mucha gente ve el círculo y lo toma por un distintivo de edificio protegido, una placa de patrimonio o una señal de obra. Es lo contrario de una distinción honorífica. Y como está impreso en un disco pequeño, se confunde con facilidad entre las placas, los timbres y los carteles de los bajos.

El segundo es más de fondo. Es tentador leer el estado del centro como abandono o dejadez, y no lo es del todo: es el resultado de un problema técnico y jurídico muy difícil. Reforzar un edificio de viviendas ocupado, con decenas de propietarios distintos y protección patrimonial, es lento y caro en cualquier país. Saberlo cambia la mirada: lo que parece descuido es, en muchos casos, un expediente atascado.

No es un aviso para el turista. Es un aviso para quien vive dentro, y está puesto donde todos pueden leerlo.

Villa de dos plantas de comienzos del siglo XX en el bulevar Magheru, con torreones de esquina y revoco desgastado, encajada entre dos bloques modernos y con comercios en los bajos.
Una villa de principios de siglo encajada entre bloques en Magheru: el bulevar donde se concentra buena parte de los edificios clasificados.Neoclassicism Enthusiast / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

05 Cómo mirar una calle sabiendo esto

Cuatro cosas que cambian el paseo
  1. Baja la vista al portal
    El distintivo va cerca de la entrada, a la altura de la vista, no en la cornisa. Una vez que localizas el primero, empiezas a verlos por todas partes.
    a la altura de la vista
  2. Compara dos portales seguidos
    En la misma manzana suele haber un edificio rehabilitado y otro sin tocar. Esa alternancia es el estado real del centro, mejor que cualquier cifra.
    el contraste manda
  3. No confundas ruina con riesgo
    Un edificio con la fachada impecable puede estar clasificado y uno con el revoco caído puede no estarlo. La clasificación mide la estructura, no el aspecto.
    estructura, no fachada
  4. Piensa en quién vive ahí
    Detrás de casi todos esos portales hay vecinos. El distintivo no está puesto para ilustrar tu paseo: está puesto para informarles a ellos.
    ~2.700 viviendas

Saber esto no debería asustar a nadie ni cambiar los planes de un viaje: el riesgo es estadístico y a largo plazo, no una alerta para los próximos días. Lo que sí cambia es la comprensión. Una calle del centro de Bucarest deja de ser una sucesión de fachadas bonitas y descuidadas y pasa a ser lo que realmente es: un inventario público de un problema que la ciudad ni oculta ni ha terminado de resolver.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing — Significados y Contexto Cultural · Flowtravel

Lucía Montes interpreta los significados culturales que dan sentido a una experiencia de viaje.