01 Un arbusto que nadie plantó
Conviene ser preciso con la fecha porque las fuentes no coinciden: unas lo sitúan en 1917, otras hablan genéricamente de los años veinte y otras lo fechan en 1927. Lo que sí está claro es que se encontró creciendo espontáneamente en una plantación de la isla en las primeras décadas del siglo XX, y que no consta ningún descubridor con nombre y apellidos.
Se le conoce como Híbrido de Timor, y en los registros de referencia figura con un código, HT CIFC 4106. Es un cruce natural entre dos especies distintas: Coffea arabica, el café de calidad, y Coffea canephora, la robusta.
02 El accidente cromosómico que lo cambió todo
Un cruce entre estas dos especies debería haber dado descendencia estéril. Este no lo hizo, y por eso importó.
Aquí está el detalle técnico que explica por qué este arbusto y no otro cambió el cultivo mundial. La arábica es tetraploide: tiene 44 cromosomas. La robusta es diploide: tiene 22. Un cruce entre ambas debería producir descendencia triploide y, por tanto, estéril, incapaz de servir para mejorar nada.
El Híbrido de Timor salió tetraploide, con 44 cromosomas, lo que lo hace plenamente compatible con la arábica y fértil en ambos sentidos. Es decir: se podía cruzar con variedades comerciales de arábica y tener descendencia viable. Y traía consigo la resistencia a la roya heredada de la robusta, en particular el gen conocido como SH3.
Es, además, una de las dos únicas fuentes conocidas de resistencia a otra enfermedad seria, la antracnosis de los frutos del café. Dos problemas mayores del cultivo, y las dos respuestas genéticas pasan por esta isla.

03 Un lote de semillas a Portugal
En 1958 o 1959 —las fuentes dan uno u otro año—, el Centro de Investigação das Ferrugens do Cafeeiro, un instituto portugués dedicado precisamente a investigar la roya del café, recibió desde la isla de Timor un lote de semillas del híbrido.
De aquel lote, el centro seleccionó dos plantas por su resistencia especialmente fuerte. Solo dos. Toda la descendencia posterior sale de esas dos, identificadas con los códigos CIFC 832/1 y CIFC 832/2, y a partir de ahí la historia deja de ser botánica y se vuelve industrial.
04 Catimor, Sarchimor y lo que vino después
A partir de 1967, el centro cruzó esas dos plantas con variedades de arábica de porte compacto. Del cruce con Caturra salió el grupo Catimor; del cruce con Villa Sarchi salió el híbrido 361, origen del grupo Sarchimor. En 1971 se distribuyó ese material para ensayos de campo en varios países.
Un matiz que conviene tener claro: ni Catimor ni Sarchimor son variedades únicas. Son grupos que reúnen muchas variedades distintas con un parentesco similar, y a partir de ellos se desarrollaron después líneas en Kenia, Brasil, Colombia y Costa Rica. Cuando la roya llegó a América en los años setenta, ese material ya estaba en circulación.
Circula por internet una cifra según la cual el 95% del café del mundo desciende del Híbrido de Timor. Es una mala lectura de un estudio: ese 95% era la proporción de la producción mundial que la muestra analizada representaba, no la que desciende del híbrido. No he encontrado ninguna cifra fiable, así que aquí no va ninguna. Lo defendible es decir que este arbusto es el antepasado genético de buena parte de las variedades de arábica resistentes a la roya que se cultivan hoy.
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05 El café que se sigue cultivando aquí
El café llegó a la isla en el siglo XIX y sigue siendo la mayor exportación del país al margen del petróleo. En 2017 supuso 26,4 millones de dólares, alrededor del 24% de unas exportaciones totales de 108 millones. Se cultiva sobre todo en Ermera, que aporta casi la mitad de la cosecha nacional, y también en Manufahi, Ainaro, Liquiçá, Aileu y Bobonaro.
La escala social es la parte que más sorprende: alrededor de un tercio de todos los hogares del país participa en el cultivo del café. Y la escala económica es la contraria: una familia productora media obtiene por él entre 127 y 200 dólares al año.
Es el mayor productor mundial de café ecológico de origen único, y representa menos del 0,2% del comercio mundial de café.
Esas dos cifras juntas resumen el país entero. Timor Oriental tiene una posición de récord en un nicho y una presencia irrelevante en el mercado global, y al mismo tiempo su aportación genética al cultivo mundial no la iguala ningún otro sitio.

Si pasas por Dili, el café es lo más fácil de llevarse y lo que mejor explica el país. Y merece la pena saber, mientras te lo tomas, que el arbusto del que descienden media docena de variedades resistentes del mundo apareció solo, sin que nadie lo buscara, en una ladera a un par de horas de la ciudad.



