01 Lo que el visitante confunde

La confusión es comprensible. Cae casi en las mismas fechas que Halloween, está lleno de calaveras y esqueletos, y la cultura pop —de la película Coco a los disfraces de 'catrina'— lo ha mezclado todo. Así que el visitante llega esperando una especie de carnaval del terror: una versión local y exótica de la noche de brujas, con sustos y disfraces. Y entiende justo al revés lo que está pasando a su alrededor.

Porque el Día de Muertos no va del miedo a la muerte. Va del arte, la cocina y la memoria. Es una de las tradiciones culturales más reconocidas de México —la UNESCO la inscribió en 2008 en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad— y su sentido es casi opuesto al de la fiesta con la que se confunde.

Lo primero que sorprende, si miras de cerca, es que casi todo está hecho a mano. La pieza central es la ofrenda: un altar que las familias montan en casa, normalmente en varios niveles, y que funciona como una pequeña obra de arte popular. En él se colocan las fotografías de los seres queridos, su comida y bebida favoritas, velas, papel picado recortado con calaveras y figuras, y, sobre todo, el cempasúchil —la flor naranja conocida como 'flor de muerto'—, cuyo color intenso y aroma definen la estética de la fiesta. No es una decoración de tienda: cada ofrenda es distinta porque cada familia la arma con sus propios objetos y recuerdos.

Hileras de papel picado de colores recortado con figuras, colgado como adorno de Día de Muertos.
El papel picado —papel de China recortado a mano con calaveras y motivos— es uno de los oficios artesanales que dan al Día de Muertos su aire festivo y colorido.Carmalvi / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International

Alrededor de la ofrenda se despliega todo un repertorio de oficios y sabores. Las calaveras de azúcar —moldeadas, secadas y decoradas con glaseado de colores— pueden llevar escrito un nombre sobre la frente. El pan de muerto, redondo y espolvoreado de azúcar, con tiras de masa que dibujan formas sobre la corteza, se hornea solo en estas semanas. El papel picado se recorta a mano con cinceles. Y las 'calaveritas literarias' son un género propio: versos breves, rimados y burlones que la prensa y las escuelas publican cada año sobre personajes conocidos, escritos con humor afilado.

Primer plano de un pan de muerto redondo cubierto de azúcar, con tiras de masa que imitan huesos sobre la corteza.
El pan de muerto se hornea solo en estas semanas: masa enriquecida con huevo, mantequilla y azahar, espolvoreada de azúcar. Es tan central en la fiesta como la propia ofrenda.ProtoplasmaKid / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International

03 Por qué es colorida y alegre

Lo que más descoloca al visitante es el tono: esto no es triste ni tétrico. Hay color, comida, música y anécdotas de los que ya no están. La clave está en la propia imagen del esqueleto, que aquí no asusta: sonríe. La figura que mejor lo resume es La Catrina, el grabado de una calavera elegante con sombrero de plumas que el ilustrador José Guadalupe Posada creó a comienzos del siglo XX como sátira social. Décadas después se convirtió en el icono visual de la fiesta. Las calaveras del Día de Muertos sonríen y van bien vestidas: no son una amenaza, son una manera amable y hasta humorística de mirar el recuerdo.

Grabado de La Catrina: una calavera femenina con un gran sombrero adornado con plumas y flores.
La Catrina, grabado de José Guadalupe Posada (principios del siglo XX). De sátira de prensa pasó a ser el icono artístico del Día de Muertos: un esqueleto que no asusta, sino que sonríe y va elegante.José Guadalupe Posada / Wikimedia Commons / Dominio público·Public Domain

Esa misma actitud risueña recorre las calaveritas literarias, que se burlan con cariño de los vivos, y la mesa, donde el pan de muerto y los dulces convierten la fecha en una reunión gastronómica. Por eso conviene cambiar de expectativa: no buscas un susto, buscas un mantel puesto, un olor a pan recién hecho y un altar lleno de fotografías y flores.

El desfile de Día de Muertos por el centro de la Ciudad de México.
El gran desfile de Día de Muertos por Reforma es vistoso pero reciente: nació en 2016, inspirado por una película de James Bond. Lo hondo de la fiesta no está en la calle, sino en la ofrenda de cada casa.Yobahi / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International

04 El desfile que inventó James Bond

Aquí conviene un matiz honesto, porque hasta los propios mexicanos lo señalan. El gran desfile de Día de Muertos que recorre el Paseo de la Reforma —con sus carrozas y catrinas gigantes— parece una tradición antigua, pero es nuevísimo: se celebró por primera vez en 2016, después de que la película de James Bond Spectre (2015) abriera con un desfile espectacular… que en realidad no existía. La ficción creó la realidad: la ciudad montó el desfile para responder a la expectativa de los turistas. Es divertido y vale la pena, pero conviene saber qué es: un espectáculo moderno, no el corazón de la fiesta. El verdadero Día de Muertos no está en la carroza, sino en la cocina de una casa, frente a una ofrenda con la foto de una abuela.

Vivirlo con respeto
  1. Las fechas, claras
    Es el 1 y el 2 de noviembre, no la noche del 31 de octubre, que es Halloween.
    cuándo
  2. Ante una ofrenda, respeto
    Es un altar familiar dedicado a una persona real; mira, no toques, y pide permiso antes de fotografiar.
    es íntimo
  3. Pruébalo
    El pan de muerto y las calaveras de azúcar solo aparecen estas semanas: busca panaderías y mercados.
    en temporada
  4. Más allá del desfile
    El desfile es moderno; busca las ofrendas en casas, mercados y plazas para ver lo artesanal.
    lo hondo

05 Cómo cambia tu Día de Muertos entenderlo

Entender esto cambia por completo cómo vives el Día de Muertos. Dejas de buscar el susto y empiezas a ver el oficio y el color: el papel picado recortado a mano, las calaveras de azúcar con un nombre escrito, el olor del pan recién horneado, las flores de cempasúchil sobre los altares. Te das cuenta de que estás asomándote a una tradición viva y artesanal —una de las más reconocidas del país— y la tratas con el respeto que merece: mirando más que fotografiando, preguntando antes de acercarte a una ofrenda, entendiendo que cada altar es un trabajo manual hecho para recordar a alguien.

Eso es lo que vale la pena entender de México antes de vivir su fiesta más famosa: que no es un carnaval del terror, sino una tradición cultural hecha de arte popular, cocina y memoria familiar. Calaveras que sonríen, pan que solo existe unas semanas, papel recortado a mano y altares llenos de fotografías. No era un Halloween. Era patrimonio: una fiesta que México le hereda cada año a quien quiera mirarla bien.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing — Significados y Contexto Cultural · Flowtravel

Lucía Montes interpreta los significados culturales que dan sentido a una experiencia de viaje.