01 El mito de la cortesana exótica

Para mucha gente, 'geisha' evoca una mezcla de exotismo y erotismo: una mujer pintada de blanco, sumisa y disponible, una especie de cortesana de lujo del Japón antiguo. Esa idea, alimentada por novelas, películas y un siglo de fantasía occidental, está casi por completo equivocada — y es, para los japoneses, una falta de respeto a una de sus tradiciones artísticas más exigentes. El visitante que llega a Kioto pensando que va a ver 'mujeres bonitas disfrazadas' o algo turbio entiende exactamente al revés lo que tiene delante.

02 Lo que de verdad son

Lo que de verdad es una geisha es una artista. La palabra significa, literalmente, 'persona de las artes'. En Kioto, donde la tradición se conserva con más rigor, se las llama geiko, y a sus aprendizas —jóvenes que entran de adolescentes a años de formación— maiko. Su oficio es dominar las artes tradicionales: la danza clásica, instrumentos como el shamisen, el canto, la ceremonia del té, los juegos, y, sobre todo, el arte sutil de la conversación y la hospitalidad. Animan banquetes y reuniones en las casas de té con su talento y su gracia. Llegar a geiko cuesta años de disciplina durísima, y las mejores son auténticas estrellas, respetadas como grandes intérpretes. Nada de esto tiene que ver con el sexo: confundir a una geiko con una prostituta es como confundir a una bailarina de ballet con una stripper.

03 De dónde viene el malentendido

¿De dónde viene entonces el malentendido? En gran parte, de un accidente histórico concreto. Tras la Segunda Guerra Mundial, durante la ocupación de Japón, muchas prostitutas se vistieron imitando a las geishas para atraer a los soldados estadounidenses, que no sabían distinguir a unas de otras y bautizaron a aquellas 'geisha girls'. Esa confusión —reforzada luego por Hollywood y la literatura— viajó al imaginario occidental y se quedó. La geisha verdadera siguió siendo lo que siempre fue, una artista; pero su nombre quedó manchado, fuera de Japón, por una falsificación de posguerra. Saber esto es desactivar de raíz el tópico.

Una calle de casas de madera (machiya) en el barrio de Gion, en Kioto.
Gion, el barrio de las casas de té y las geiko de Kioto. Es un barrio que trabaja y vive, no un decorado: a las geiko no se las persigue para una foto.kajikawa / Wikimedia Commons / CC BY 3.0·CC BY 3.0

04 El problema en Gion

Y aquí entra un asunto práctico que se ha vuelto serio: el acoso a las geiko y maiko en Gion, el barrio histórico de Kioto donde aún trabajan. Cuando una maiko o una geiko sale de la casa de té camino de una cita, no es una atracción turística ni una modelo: es una profesional yendo a trabajar. En los últimos años, el aluvión de turistas la ha convertido, sin embargo, en blanco de fotos sin permiso, de gente que la persigue por la calle, le bloquea el paso o incluso le tira de la ropa para una imagen. La situación llegó a tal punto que el barrio ha restringido el acceso a algunas callejuelas privadas de Gion. La regla es de sentido común y de respeto: si tienes la suerte de cruzarte con una geiko, no la persigas, no la toques, no le cierres el paso; mira con discreción, fotografía solo de lejos y sin acosar, y déjala ir a su trabajo.

Ante una geiko, con respeto
  1. No la persigas
    Va a trabajar, no posa; no le cierres el paso ni la sigas por la calle.
    lo esencial
  2. Foto solo de lejos
    Nada de selfis encima; respeta las callejuelas de Gion con foto prohibida.
    sin invadir
  3. Si te fascina, hazlo bien
    Hay espectáculos, cenas y tés con geiko: la forma respetuosa de acercarse.
    la vía

05 Cómo cambia tu Kioto entenderlo

Entender todo esto cambia por completo cómo vives el mundo de las geiko en Kioto. Dejas de buscar una postal exótica y empiezas a ver una tradición artística viva y exigente, que merece el mismo respeto que el de una gran intérprete en cualquier parte del mundo. Y, sobre todo, cambias tu comportamiento: te conviertes en el viajero discreto que admira sin invadir, en vez de en el que persigue a una adolescente por la calle para una foto. Si de verdad te fascina ese mundo, hay maneras respetuosas de acercarte —espectáculos públicos de danza, cenas o tés organizados con geiko, museos—, que dan mucho más que un vistazo robado en una esquina.

Eso es lo que vale la pena entender antes de buscar una geisha en Kioto: que no es lo que un siglo de fantasía te contó, sino una artista al final de un camino larguísimo de disciplina; y que el respeto que le debes empieza por no tratar su trabajo, ni su persona, como un espectáculo para tu cámara. No eran cortesanas. Eran, y son, maestras.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing — Significados y Contexto Cultural · Flowtravel

Lucía Montes interpreta los significados culturales que dan sentido a una experiencia de viaje.