01 Noventa y cinco mil
La cifra que manejan los estudios recientes es de unos 95.000 ejemplares en Gabón. Puesta al lado de la superficie del país, resulta todavía más llamativa: Gabón tiene apenas el doce por ciento de la selva de la cuenca del Congo y, sin embargo, concentra cerca del sesenta por ciento de todos los elefantes de bosque de África.
Y lo que convierte el dato en información de viaje, y no en una curiosidad de enciclopedia, es la distancia. El parque nacional de Pongara ocupa la orilla del estuario que está justo enfrente de Libreville. Desde el paseo marítimo de una capital de casi novecientas mil personas se mira al otro lado y lo que hay es hábitat de elefante de bosque.

02 Un país que es bosque
La explicación de por qué están aquí y no en otra parte es sencilla: aquí queda bosque. El ochenta y ocho por ciento de la superficie de Gabón está cubierta de selva, la segunda proporción más alta del mundo después de Surinam, y buena parte de esa selva nunca ha sido convertida en otra cosa.
Gabón tiene el doce por ciento de la selva de la cuenca del Congo y casi el sesenta por ciento de sus elefantes de bosque. Lo que escasea no es el animal: es el bosque intacto.
Ese es el matiz importante y el que cambia cómo se lee el país. Gabón no es excepcional porque tenga más elefantes de los que le corresponden, sino porque tiene más bosque en pie del que le corresponde. Los elefantes son la consecuencia, no la causa, y por eso el dato dice tanto del territorio.
03 Trece parques en un solo año
En 2002 Gabón anunció de una sola vez la creación de trece parques nacionales: tres millones de hectáreas, el once por ciento de la superficie del país. No fue una ampliación progresiva de una red existente, fue la creación de la red entera en un solo movimiento, y en un país que hasta entonces prácticamente no tenía figuras de protección.
Para el viajero, la consecuencia práctica es que el mapa de Gabón tiene once puntos de cada cien reservados, y que uno de ellos empieza en la orilla de enfrente de la capital. No hace falta cruzar el país para entrar en un parque nacional: hace falta cruzar un brazo de mar.
Conviene decir también lo que no es. Estos parques no son reservas acondicionadas con pistas señalizadas y miradores. Son selva, sin carretera y con muy poca infraestructura, y la observación de fauna en bosque cerrado es mucho más difícil que en sabana: los animales están, pero el bosque los tapa.

04 Qué hacer con esto
Lo primero, ajustar la expectativa de avistamiento. Un elefante de bosque no se ve como uno de sabana. Se ve de paso, en un claro, en una playa o en una pista abierta entre la vegetación, casi siempre solo o en grupos muy pequeños, y casi siempre durante unos segundos. No hay garantía ninguna, y quien vaya esperando manadas se va a frustrar.
Lo segundo, elegir el mes. De junio a agosto la lluvia cae a entre 5 y 18 milímetros mensuales, las pistas están firmes y las salidas se pueden planificar. En octubre y noviembre, con 419 y 464 milímetros, todo el bosque se complica y muchos accesos dejan de ser practicables.
Y lo tercero, usar el dato para leer el país de otra manera. Libreville se presenta como una capital costera de negocios, y lo es. Pero está en el borde de uno de los últimos bloques grandes de selva intacta del planeta, y ese bloque sostiene a la mayoría de los elefantes de bosque que quedan vivos. Mirar el estuario sabiendo eso no es lo mismo que mirarlo sin saberlo.


