01 Noventa y cinco mil

La cifra que manejan los estudios recientes es de unos 95.000 ejemplares en Gabón. Puesta al lado de la superficie del país, resulta todavía más llamativa: Gabón tiene apenas el doce por ciento de la selva de la cuenca del Congo y, sin embargo, concentra cerca del sesenta por ciento de todos los elefantes de bosque de África.

Y lo que convierte el dato en información de viaje, y no en una curiosidad de enciclopedia, es la distancia. El parque nacional de Pongara ocupa la orilla del estuario que está justo enfrente de Libreville. Desde el paseo marítimo de una capital de casi novecientas mil personas se mira al otro lado y lo que hay es hábitat de elefante de bosque.

Un elefante de bosque, solo, cruzando de perfil una pradera de hierba alta y de un verde muy claro que le llega por encima de las rodillas: el animal es de talla media, con la piel gris y muy arrugada, las orejas pequeñas y redondeadas, la trompa colgando hacia el suelo y un colmillo corto asomando; ocupa el centro del encuadre y no hay ningún otro animal a la vista; al fondo, de lado a lado, se levanta una pared continua de selva de copas densas y oscuras, y el cielo, cubierto de nubes blancas y grises, ocupa el tercio superior; en la esquina inferior derecha hay una firma del fotógrafo.
Un elefante de bosque en un claro, con la selva cerrada detrás. Es una especie más pequeña que la de sabana y de orejas redondeadas, y casi siempre se ve así: sola y de paso.VIGNA christian / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Un país que es bosque

La explicación de por qué están aquí y no en otra parte es sencilla: aquí queda bosque. El ochenta y ocho por ciento de la superficie de Gabón está cubierta de selva, la segunda proporción más alta del mundo después de Surinam, y buena parte de esa selva nunca ha sido convertida en otra cosa.

Gabón tiene el doce por ciento de la selva de la cuenca del Congo y casi el sesenta por ciento de sus elefantes de bosque. Lo que escasea no es el animal: es el bosque intacto.

Ese es el matiz importante y el que cambia cómo se lee el país. Gabón no es excepcional porque tenga más elefantes de los que le corresponden, sino porque tiene más bosque en pie del que le corresponde. Los elefantes son la consecuencia, no la causa, y por eso el dato dice tanto del territorio.

Un río ancho y de aguas quietas de color pardo grisáceo visto desde un puente: en primer plano cruza el encuadre una barandilla metálica de cuatro barras horizontales sobre un pretil de hormigón, y por debajo se ve el asfalto de la calzada y una franja de hierba seca; el agua ocupa la mitad del encuadre y refleja el cielo; en la orilla opuesta, de lado a lado, se extiende una pared continua de vegetación verde oscura sin ningún claro ni construcción, con las copas recortadas a la misma altura; el cielo es de un blanco grisáceo uniforme y sin sol.
La orilla opuesta de un río a las afueras de la capital: bosque continuo, sin un claro. Ese muro verde es el hábitat del que hablan las cifras.Ballot 2 / Wikimedia Commons / CC0·CC0

03 Trece parques en un solo año

En 2002 Gabón anunció de una sola vez la creación de trece parques nacionales: tres millones de hectáreas, el once por ciento de la superficie del país. No fue una ampliación progresiva de una red existente, fue la creación de la red entera en un solo movimiento, y en un país que hasta entonces prácticamente no tenía figuras de protección.

Para el viajero, la consecuencia práctica es que el mapa de Gabón tiene once puntos de cada cien reservados, y que uno de ellos empieza en la orilla de enfrente de la capital. No hace falta cruzar el país para entrar en un parque nacional: hace falta cruzar un brazo de mar.

Conviene decir también lo que no es. Estos parques no son reservas acondicionadas con pistas señalizadas y miradores. Son selva, sin carretera y con muy poca infraestructura, y la observación de fauna en bosque cerrado es mucho más difícil que en sabana: los animales están, pero el bosque los tapa.

El frente marítimo visto desde el aire: la mitad izquierda del encuadre la ocupa un mar liso y de color pardo grisáceo que se funde con el cielo en una calima blanca sin horizonte definido; una franja de arena clara y roca oscura separa el agua de una avenida ancha de doble calzada que recorre la costa en curva; a la derecha, la ciudad se extiende en manzanas apretadas de edificios de cuatro a diez plantas en blanco, ocre, verde y azul, con torres de oficinas dispersas, hasta perderse en la bruma del fondo.
El agua que se ve desde el paseo marítimo de la capital. Al otro lado, fuera del encuadre, empieza un parque nacional.Shirmy25 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Qué hacer con esto

Lo primero, ajustar la expectativa de avistamiento. Un elefante de bosque no se ve como uno de sabana. Se ve de paso, en un claro, en una playa o en una pista abierta entre la vegetación, casi siempre solo o en grupos muy pequeños, y casi siempre durante unos segundos. No hay garantía ninguna, y quien vaya esperando manadas se va a frustrar.

Lo segundo, elegir el mes. De junio a agosto la lluvia cae a entre 5 y 18 milímetros mensuales, las pistas están firmes y las salidas se pueden planificar. En octubre y noviembre, con 419 y 464 milímetros, todo el bosque se complica y muchos accesos dejan de ser practicables.

Y lo tercero, usar el dato para leer el país de otra manera. Libreville se presenta como una capital costera de negocios, y lo es. Pero está en el borde de uno de los últimos bloques grandes de selva intacta del planeta, y ese bloque sostiene a la mayoría de los elefantes de bosque que quedan vivos. Mirar el estuario sabiendo eso no es lo mismo que mirarlo sin saberlo.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saber · Flowtravel

Lucía persigue el dato que cambia cómo miras un sitio.