01 Una capital sin curso de agua

Casi todas las capitales del mundo se explican por el agua de superficie: un río, un estuario, un lago, una bahía. Lusaka no. En su término no hay ningún curso de agua importante, y sin embargo llueven unos 757 mm al año, concentrados casi todos entre noviembre y marzo.

La contradicción tiene una causa geológica. El sur de la ciudad se asienta sobre caliza y mármol dolomítico, una roca que el agua disuelve poco a poco hasta formar conductos, cavidades y sumideros. Es lo que se llama un relieve kárstico: el agua de lluvia no corre por la superficie, se filtra.

Superficie de agua cubierta casi por completo de hierba y vegetación flotante en el río Kafue.
Vegetación cubriendo el agua del Kafue: en la cuenca, el problema no es la cantidad sino el estado del recurso.Olympian Xeus / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 El agua está debajo

Toda esa lluvia que desaparece no se pierde: alimenta un acuífero. Cuando en 1929 se decidió trasladar aquí la capital, un ingeniero hidráulico confirmó que había agua subterránea suficiente para abastecer una ciudad. Ese informe pesó tanto como la posición central o el ferrocarril.

Casi un siglo después, el esquema sigue vigente y con un añadido: la ciudad combina el agua de los pozos que perforan su propio acuífero con agua bombeada desde el río Kafue, al sur. Es decir, una capital que no tiene río depende de dos fuentes que no se ven desde la calle.

Canal de hormigón de una planta de tratamiento de agua junto a una carretera, con vegetación alrededor.
Instalaciones de tratamiento sobre el Kafue en el Copperbelt: el mismo río abastece a ciudades de todo el país.Olympian Xeus / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

03 La caliza no filtra

Aquí está la parte que conviene entender. Un acuífero de arena o de arcilla filtra el agua lentamente y retiene buena parte de lo que arrastra. Un acuífero kárstico funciona al revés: el agua circula por conductos abiertos, deprisa y casi sin depuración natural.

La consecuencia es directa: lo que ocurre en la superficie llega abajo con rapidez. En una ciudad que en 2015 tenía alrededor del 70 % de su población en asentamientos no planificados, eso convierte el saneamiento en una cuestión de salud pública, no de urbanismo. La geología no perdona los retrasos en infraestructura.

Puerta metálica de acceso a una estación de bombeo de agua bruta, con camino de tierra al fondo.
Una estación de bombeo de agua bruta: la infraestructura que sostiene el suministro urbano en Zambia.Olympian Xeus / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0
Cómo verlo sobre el terreno
  1. Busca lo que falta
    Recorre el centro fijándote en que no hay puente, ni malecón, ni paseo fluvial. Esa ausencia es el dato.
    método
  2. Mira dónde va la lluvia
    En temporada húmeda, el agua se acumula y desaparece rápido. No corre hacia un cauce: baja.
    detalle
  3. Bebe embotellada o tratada
    No por alarmismo: por la lógica del acuífero que acabas de leer. Es el consejo estándar para la ciudad.
    práctico
Terreno abierto con un depósito de agua elevado al fondo, junto a una planta de tratamiento.
Depósitos y terreno abierto: casi toda la infraestructura del agua queda fuera de la vista del visitante.Olympian Xeus / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Nueva comprensión

Entender la geología cambia la lectura de la ciudad. Lusaka no está donde está a pesar de no tener río: está donde está porque alguien comprobó que debajo había agua, y esa comprobación pesó más que la ausencia de un cauce.

También explica por qué aquí el agua es un tema constante de conversación pública en un país que, sobre el papel, no debería tener problemas de recurso. La cantidad nunca fue la cuestión; la cuestión es que el subsuelo que la almacena tampoco la protege.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing — Significados y Contexto Cultural · Flowtravel

Lucía Montes interpreta los significados culturales que dan sentido a una experiencia de viaje.