01 Una casa que llegó en cajas

La lógica de esas construcciones era comercial. A finales del siglo XIX varias empresas europeas fabricaban edificios completos en serie, los embalaban y los enviaban a destinos donde levantar una obra convencional resultaba lento o caro. Se compraban por catálogo y se montaban con tornillos y una cuadrilla.

El comprador aquí fue la administración colonial portuguesa, y el destino previsto era servir de residencia al gobernador del distrito. Es decir: no se trataba de un experimento ni de un pabellón, sino de una vivienda oficial encargada para un uso concreto.

02 La primera leyenda: Eiffel

La atribución a Gustave Eiffel se repite en carteles, guías y reseñas, y es falsa. El proyecto es de Joseph Danly, un ingeniero belga que había patentado poco antes un sistema constructivo propio para edificios metálicos desmontables, y la casa es una aplicación directa de esa patente.

El mismo error persigue a otra casa de hierro de Danly, esta vez en Perú. Cuando un edificio es de metal y del siglo XIX, el nombre que aparece siempre es el mismo.

El caso es un ejemplo bastante limpio de cómo se forma una leyenda de viaje. Eiffel es el nombre que el público asocia con la arquitectura de hierro del XIX; cualquier edificio metálico de esa época en un país lejano acaba adjudicándosele. La atribución no viene de un documento, viene de una asociación de ideas.

Vista de una calle ancha y despejada bajo un cielo azul intenso: a la izquierda, tras un seto recortado y varias palmeras de abanico, se levanta un edificio de tres plantas de color gris azulado con galerías corridas en las dos plantas superiores, barandillas de hierro caladas y cubierta a dos aguas de chapa roja; el conjunto tiene un aspecto ligero, casi de mecano, muy distinto al de una casa de fábrica; a la derecha se alza una portada blanca aislada de estilo neogótico, con arco de medio punto, pilastras rematadas en pináculos cónicos y crestería calada, y detrás crecen árboles de copa ancha, uno de ellos con flores rojas; en el centro, la calzada describe una curva suave delimitada por bolardos de hormigón.
La casa vista desde la calle, con sus galerías corridas y su cubierta de chapa. El aspecto ligero delata que es un edificio montado, no construido.Claus Wonnemann / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

03 La segunda leyenda: el horno

La segunda historia es aún más popular y tiene una lógica aparentemente impecable: una casa de metal en el trópico se convierte en un horno, así que el gobernador no pudo vivir en ella y el edificio quedó vacío. Es la explicación que dan casi todas las guías, y funciona porque suena a sentido común.

El hecho de partida es cierto: el gobernador rechazó la residencia poco después de terminarse y nunca llegó a habitarla. Pero la investigación posterior apunta a que el clima fue un factor menor, si es que fue alguno, y que pesó más su preferencia por los edificios construidos de manera tradicional.

Merece la pena mirar el edificio con esa corrección en la cabeza, porque cambia lo que se ve. La casa tiene galerías corridas en las dos plantas superiores, que son exactamente el recurso que se usaba para sombrear una fachada en climas cálidos. No es un cubo de metal cerrado: es una casa con porche perimetral.

Detalle de la fachada de un edificio construido enteramente en metal, visto de cerca y en escorzo: a la derecha, el paramento está formado por grandes chapas metálicas blancas atornilladas, cada una estampada en relieve con un motivo geométrico en forma de rombo o pajarita, y perforado por ventanas de guillotina protegidas por rejas; a la izquierda se abre una galería exterior sostenida por columnas cilíndricas metálicas muy esbeltas, con una barandilla de fundición calada de círculos y volutas; en el centro, una escalera exterior de tramos rectos, con peldaños de madera y pasamanos azul, sube entre las plantas; sobre uno de los rellanos hay una maceta de barro con una palmera pequeña.
Las chapas estampadas y las columnas de fundición del sistema Danly. Todo el edificio se sostiene con piezas atornilladas.Alexander Leisser / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Cómo verla

Está en el centro, junto a unos jardines públicos, y se ve bien desde la calle. Lo que de verdad merece la pena es acercarse lo suficiente para leer el detalle: las chapas estampadas en relieve con motivos geométricos, los tornillos a la vista, las columnas cilíndricas huecas y las barandillas de fundición calada.

Vista de cerca, la casa deja de parecer un edificio y empieza a parecer un producto: cada pieza está pensada para repetirse, embalarse y atornillarse. Esa condición de catálogo es lo más interesante que tiene, y es justo lo que las dos leyendas tapan.

Edificio de oficinas de mediados del siglo XX fotografiado en escorzo desde la acera, contra un cielo azul limpio: la fachada principal está resuelta como una celosía de hormigón blanco de cuatro plantas, con una retícula densa de aletas verticales y horizontales que sobresalen del plano y proyectan sombras marcadas, dejando las ventanas retranqueadas en la penumbra; el cuerpo remata en un ático liso y ciego; en la planta baja, una marquesina corrida de gran vuelo está revestida en la cara inferior con un mosaico geométrico de colores vivos en rojo, naranja, amarillo y verde.
Sesenta años después, la ciudad resolvió el sol con celosías de hormigón. El problema del calor sí se acabó proyectando, pero mucho más tarde.Jcornelius / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0
La ciudad vista desde el agua, con la bahía ocupando la mitad inferior del encuadre en un pardo turbio; el cielo, azul intenso y sin una nube, ocupa la mitad superior; entre ambos, una franja horizontal y compacta de ciudad: a la izquierda, naves portuarias bajas y un espigón con pesqueros de casco blanco, rojo y azul amarrados; en el centro y a la derecha, un frente continuo de edificios de diez a quince plantas de fachada blanca y gris, con una torre delgada y más alta que sobresale del conjunto, y la aguja de una construcción de piedra clara a media distancia.
El centro de la ciudad desde la bahía. La casa de hierro queda en esa franja, a pocas manzanas del agua.Andrew Moir / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

Y hay un final que cierra bien la historia. El edificio nunca se habitó como vivienda, pero no se abandonó: a lo largo del siglo XX albergó distintas oficinas de la administración, y hoy lo ocupa el ministerio responsable de cultura y turismo. Una casa que nadie quiso habitar lleva más de un siglo en uso.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saber · Flowtravel

Lucía se detiene en lo que un lugar da por supuesto y nadie explica.