01 Diciembre de 1946

Lo llamativo no es que exista un parque nacional cerca de una capital: eso pasa en varios países. Lo llamativo es el orden de los hechos. La sabana no se recuperó después ni se reconstruyó: es la llanura original, la misma que había cuando la ciudad era un depósito ferroviario, y lo que ocurrió fue que se le puso un límite antes de que la urbanización llegase hasta ella.

Esa anticipación explica por qué hoy se puede salir del centro por una avenida con tráfico, cruzar una puerta y estar en una llanura de hierba alta en menos de media hora. La distancia entre las dos cosas no es una casualidad geográfica: es el resultado de una línea trazada en un mapa en los años cuarenta.

02 Ciento diecisiete kilómetros cuadrados

La superficie protegida son 117 kilómetros cuadrados. Para los parques de África oriental es una cifra modesta —los grandes se cuentan por miles—, pero aquí la comparación relevante es otra: 117 kilómetros cuadrados es aproximadamente la extensión de una ciudad europea de tamaño medio, colocada al lado de otra ciudad y sin edificar.

Un rinoceronte gris, macizo y de piel arrugada, descansa tumbado sobre el vientre en mitad de una extensión de hierba alta y seca de color pajizo, con los dos cuernos visibles de perfil y la cabeza vuelta hacia la izquierda; ocupa el centro del encuadre y a su alrededor no hay más que pasto agostado y algunos montículos de tierra oscura; a media distancia se alinea una franja continua de árboles verdes de copa aplanada y, más allá, se abre una llanura amarillenta y muy plana salpicada de arbustos dispersos que llega hasta el horizonte, bajo un cielo gris claro y uniforme que ocupa la mitad superior de la fotografía.
Un rinoceronte descansando en la hierba seca del parque. El pasto agostado de la estación seca es lo que hace visible a la fauna grande.Najla Khairani Siregar / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

El terreno no es homogéneo. Predomina la sabana abierta de hierba con acacias dispersas, pero hay también valles con bosque de ribera a lo largo de los cursos de agua, afloramientos rocosos y zonas de matorral espinoso denso. Esa variedad en poco espacio es la razón de que la lista de fauna sea larga para una superficie tan pequeña.

03 El lado que no está vallado

El parque está cerrado hacia la ciudad y abierto hacia la llanura. Ese lado sin valla es el que lo mantiene vivo.

El diseño del límite es lo más interesante del parque y lo que menos se cuenta. Los lados que dan a la ciudad están vallados, por razones evidentes: separan la fauna del tráfico, de las viviendas y del aeropuerto. Pero el límite sur, el que mira a las llanuras abiertas, se dejó sin cerrar.

Ese hueco no es un olvido. Es lo que permite que los herbívoros salgan hacia el sur en la estación de lluvias, cuando la hierba crece fuera, y vuelvan a concentrarse dentro del parque en la seca, cuando el agua permanente está aquí. Un parque de 117 kilómetros cuadrados totalmente cerrado no podría sostener esos movimientos; con el corredor abierto, funciona como el extremo norte de un sistema mucho mayor.

Ladera de sabana en estación seca vista desde una pista: en primer plano, una franja de hierba corta y verde y un cordón de postes de madera unidos por una cadena que delimita el borde del camino; detrás, el terreno sube cubierto de hierba alta y completamente agostada, de un amarillo pajizo, con matorral disperso, arbustos verdes y árboles secos de ramas desnudas; en el centro se levanta la estructura de una construcción cónica hecha con listones de madera atados, sin cubrir, como el esqueleto de una choza; al fondo, la loma se corona con una línea de arbolado más denso bajo un cielo azul pálido con nubes finas.
Una pista del parque delimitada por postes y cadena. El recorrido se hace en vehículo por una red de caminos de tierra.Georgewambua / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Lo que se ve desde dentro

La imagen que resume el parque es la del fondo del encuadre. Desde muchos puntos de las pistas, mirando al norte, la línea del horizonte no es una cordillera ni un bosque: es el perfil de las torres de oficinas del centro, difuminado por la calima. Delante, hierba alta y fauna. Es una superposición que no se da en ningún otro sitio a esta escala.

Conviene ajustar las expectativas en una cosa: esto no es una reserva enorme y remota, y no lo pretende. Es una llanura de tamaño contenido, recorrida por pistas señalizadas, con el ruido de la ciudad todavía audible en el borde norte. Lo que la hace excepcional no es la escala, sino la distancia: siete kilómetros.

Amanecer sobre una llanura de hierba alta y seca: el sol, un disco blanco y bien definido, acaba de despegarse del horizonte a la izquierda del encuadre y tiñe todo el cielo de un degradado que va del naranja intenso abajo al rosa pálido arriba, sin una sola nube; a media altura, una capa de niebla baja y horizontal flota justo por encima del suelo y envuelve la base de una hilera de árboles pequeños de copa aplanada que se recortan en silueta; el primer plano lo ocupa la hierba, oscura y erizada de espigas, sin nada más.
Amanecer con niebla a ras de suelo en el parque. La primera hora es cuando la llanura está más despejada de calima.Ami Gorasia / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Y hay una consecuencia práctica que casi nadie calcula bien: se puede entrar a primera hora, recorrer las pistas mientras la niebla todavía cubre el suelo y estar de vuelta en el centro a media mañana. En cualquier otro sitio, un paisaje así exige un desplazamiento de un día entero. Aquí cabe en una mañana.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saber · Flowtravel

Lucía se detiene en lo que un lugar da por supuesto y nadie explica.