La reacción habitual de quien lo ve por primera vez es pensar que se trata de un decorado. No lo es, y entender por qué está ahí explica bastante más sobre la ciudad que el propio edificio.
01 Por qué un Partenón, y por qué aquí
En 1824 llegó a la ciudad Philip Lindsley, un latinista y helenista que venía de dirigir el colegio universitario de Nueva Jersey. Se puso al frente de una institución que al año siguiente pasó a llamarse Universidad de Nashville y trajo profesores de clásicas, lenguas, matemáticas y geología.
Fue él quien propuso llamar a la ciudad la Atenas de algo. En su época dijo «del Oeste» y «del Suroeste», porque entonces esto era la frontera; con la expansión hacia el Pacífico el apodo se fijó como Atenas del Sur, apoyado en la cantidad de centros de enseñanza que se fueron acumulando aquí.
El apodo dejó marcas antes que el Partenón. El Capitolio del estado, levantado entre 1845 y 1859, es un templo jónico con una linterna copiada de un monumento ateniense. Cuando en 1897 hizo falta un edificio central para la exposición del centenario del estado, la elección ya estaba tomada desde hacía setenta años.

02 Se construyó para durar seis meses
El edificio de 1897, obra del arquitecto William Crawford Smith, se hizo con yeso, madera y ladrillo. Era arquitectura de exposición: material barato, acabado convincente y una vida útil calculada en la duración del evento.
Cuando la exposición terminó, nadie lo derribó. La razón está documentada y es prosaica: demolerlo salía caro y el edificio gustaba demasiado. Se quedó por inercia y por afecto, dos fuerzas que conservan más patrimonio del que suele reconocerse.
El problema es que el yeso al aire libre no aguanta veinte inviernos. Dos décadas después el edificio estaba deshaciéndose.
03 El segundo es de hormigón
La decisión de 1920 fue rehacerlo sobre los mismos cimientos, esta vez con materiales permanentes. El exterior quedó terminado en 1925 y el interior en 1931. Lo que hoy se toca no es piedra: es hormigón trabajado para parecer mármol envejecido.
Ese detalle cambia el sentido de la visita. No estás ante una copia arqueológica hecha con la técnica del original, sino ante un edificio del siglo XX que usa la tecnología de su época para reproducir un edificio del siglo V antes de nuestra era. Es una copia sincera: no disimula de qué está hecha.
Vale la pena mirar arriba, entre las columnas. Los casetones del techo y las molduras están fundidos, no tallados, y de cerca se ven las juntas del encofrado.

04 Dentro hay una Atenea de trece metros
La parte que casi nadie espera está en el interior. En 1990, el escultor Alan LeQuire terminó una reconstrucción de la Atenea Partenos: 13 metros de altura, con una figura de la Victoria de 1,80 metros sostenida en la palma de la mano.
Durante doce años la estatua fue blanca. En 2002 se doró con más de tres kilos y medio de pan de oro, que es lo que se ve hoy y lo que la acerca a lo que debió de ser el original, hecho de oro y marfil.
La escala es difícil de asimilar en fotografía. Ocupa la nave entera del edificio de lado a lado y casi hasta el techo, que es exactamente el efecto que buscaba la disposición original.

05 Lo que revela
El edificio funciona hoy como museo de arte municipal. Su colección permanente son 63 pinturas estadounidenses de los siglos XIX y XX donadas por un coleccionista entre 1927 y 1929, justo mientras se terminaba el interior.
Es un dato pequeño que ordena todo lo demás: no se construyó una postal, se construyó un contenedor cultural, y en cuanto tuvo tejado empezó a llenarse de arte. La copia era el envoltorio de una ambición educativa que venía de 1824.
Después de saber esto, el edificio se mira distinto. Deja de ser una excentricidad fotogénica y pasa a ser lo que queda a la vista de una idea que una ciudad tuvo sobre sí misma hace dos siglos, colada primero en un capitolio, después en un pabellón de feria y por último en hormigón armado.



