No hace falta ir a buscarlo con mapas históricos. Si llegas desde Atenas por carretera, cruzas el límite sin notarlo: un puente alto, apenas un par de segundos mirando hacia abajo, y ya estás en la «isla». Si no miras hacia abajo, nada te dice que acabas de atravesar un canal.

Un canal estrecho y recto entre dos paredes altas de roca clara, visto desde un puente; al fondo, otro puente atraviesa el canal bajo un cielo despejado.
El canal de Corinto desde uno de sus puentes: 6,3 km de corte recto, con el agua al fondo de un tajo.Elgaard / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

01 Un corte de seis kilómetros en una garganta de roca

El canal de Corinto mide 6.343 metros de largo. Tiene 24,6 metros de ancho en la superficie y 21,3 en el fondo, y se excavó a unos 8 metros de profundidad, a nivel del mar y sin esclusas. Las paredes son casi verticales y, según la fuente, alcanzan entre unos 80 y 90 metros sobre el agua: es un tajo, no una zanja.

La razón es de pura geografía náutica. Sin canal, un barco que va del golfo de Corinto al mar Egeo tiene que rodear todo el Peloponeso, un desvío de unos 700 kilómetros. Con canal, cruza el istmo en un trayecto corto de unos minutos. La obra existe para ahorrar ese rodeo.

Las fuentes coinciden en lo esencial —que el canal separa el Peloponeso del continente—, pero lo describen como «península» por costumbre. Varias señalan que, técnicamente, ya es una isla; lo que no hay es costumbre de decirlo, igual que ocurre con otras penínsulas que un canal artificial ha desconectado del resto.

02 Antes del canal, los barcos cruzaban por tierra

El canal no fue la primera solución. Hacia los siglos VII-VI a. C. se construyó en el mismo istmo el Diolkos, una calzada pavimentada de piedra caliza, de entre unos 3,4 y 6 metros de ancho y de aproximadamente 6 kilómetros, por la que se arrastraban barcos y cargas de un golfo al otro. Las fuentes discrepan sobre la fecha exacta y sobre cómo se hacía, pero sí coinciden en lo básico: hay surcos y un trazado reconocibles, y se usó durante siglos.

Un tramo de losas de piedra casi cubierto de hierba seca y flores pequeñas, junto a una orilla de mar tranquilo; al fondo, un dique y colinas bajas.
Restos de la calzada del Diolkos en la orilla del istmo: piedra gastada bajo la hierba, a pocos metros del mar.Davide Mauro / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Hay un dato que lo resume. Hacia el año 217 a. C., según las fuentes antiguas citadas por los estudios modernos, Filipo V de Macedonia hizo pasar por allí 38 barcos de guerra. Es decir: durante siglos, el istmo se cruzaba arrastrando los barcos por tierra, y ese esfuerzo se consideraba más práctico que rodear el Peloponeso.

También se intentó cortar la roca. Nerón abrió una zanja en el año 67; según Suetonio, llegó a unos 700 metros antes de que la obra se detuviera a su muerte. Hubo que esperar casi dieciocho siglos para volver a intentarlo.

Un camino ancho de grava clara entre dos montículos de tierra amarilla, con palmeras a la derecha y un cartel junto a un muro de piedra; al fondo, agua entre árboles.
El extremo del Diolkos en el lado del golfo de Corinto, tal como se ve en el yacimiento arqueológico.George E. Koronaios / CC0·CC0

03 Once años de obra para un canal que nació estrecho

La obra moderna empezó en 1881; su inauguración formal fue el 23 de abril de 1882 y la terminaron el 25 de julio de 1893, tras unos once años. El proyecto lo llevaron los ingenieros húngaros István Türr y Béla Gerster; la empresa inicial atravesó problemas financieros y una compañía griega encabezada por Andreas Syngros acabó asumiendo la obra. Las fuentes populares mezclan fechas y papeles, así que conviene quedarse con lo que sí coincide: más de una década y un cambio de manos.

Fotografía antigua en tonos sepia de un tajo muy profundo entre dos paredes de roca, con vías en el suelo, una máquina de excavación a la derecha y un grupo de figuras pequeñas al fondo; un puente metálico cruza arriba.
Fotografía de época, hacia 1890, de las obras del canal: las paredes ya son altísimas y el fondo aún está lleno de vías y maquinaria.Unknown author / Public domain·Public domain

El canal nació justo para los barcos de su época, y eso explica un problema que nunca se resolvió. Se esperaban casi 4 millones de toneladas netas al año; en 1906 se alcanzó medio millón y en 1913, millón y medio. Entre 1893 y 1940 estuvo cerrado en total unos cuatro años para estabilizar las paredes, que se desprendían. Y con 24,6 metros de ancho máximo para un barco, hoy es demasiado estrecho para la mayor parte del comercio marítimo moderno.

04 Qué se hace hoy con una isla de bolsillo

Hoy cruzan unos 15.000 barcos al año, unos 40 al día, y la mayoría son embarcaciones turísticas. Ya no es una ruta comercial de peso: es una atracción y una pieza de infraestructura que se mantiene. El límite para un barco es de 24,6 metros de ancho, 7,3 de calado y 52 de altura sobre el agua; el récord de eslora lo marcó en 2019 el crucero Braemar.

Un barco carguero pequeño avanzando por un canal muy estrecho entre dos paredes altas de roca; un puente metálico cruza el canal al fondo.
Un buque remolcado por el canal: el casco casi ocupa todo el ancho del agua.FocalPoint / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Los desprendimientos siguen siendo parte de la historia. El canal cerró a principios de 2021 por un deslizamiento, reabrió en junio de 2022, volvió a cerrar unos meses y no se reabrió hasta el 1 de junio de 2023, con nuevas medidas de seguridad. En 1988 se instalaron en cada extremo dos puentes sumergibles que dan dos cruces más de carretera a nivel del mar; la vía, el tren y la autopista lo cruzan por arriba, a unos 45 metros.

05 Cómo cruzar sin enterarte… y cómo enterarte

El Peloponeso no se entiende bien sin ese corte. Es la razón de que, si vienes de Atenas por tierra, entres por Corinto, y de que el istmo sea un punto de paso estrecho, con la carretera, el tren y el canal comprimidos en pocos kilómetros. Mirar el canal es mirar por qué el Peloponeso ha estado siempre tan cerca del continente y a la vez tan separado.

Qué hacer con este dato
  1. Para en el puente, no pases de largo
    El mejor modo de ver el canal es desde uno de los puentes sobre el corte. Si llevas coche, busca el aparcamiento junto al extremo del puente y mira hacia abajo: el ancho se entiende en cuanto lo ves.
    el sitio
  2. Mira los dos extremos
    En el lado del golfo de Corinto, el yacimiento del Diolkos permite ver la calzada de piedra y los surcos. Con el canal y la calzada en la misma tarde, se ve cómo se resolvió el mismo problema en dos épocas.
    los dos tiempos
  3. Los puentes sumergibles son un truco, no un fallo
    En los extremos hay dos puentes que se hunden bajo el agua para dejar pasar los barcos. Si te toca esperar, es el canal funcionando, no un corte de carretera.
    a nivel del mar
  4. Comprueba el estado del canal
    Ha estado cerrado por deslizamientos en 2021 y 2022 y reabrió en junio de 2023. Antes de organizar una excursión en barco que dependa de cruzarlo, consulta si está operativo.
    antes de ir

La conclusión práctica es modesta: no necesitas ningún sello en el pasaporte ni una isla de postal para estar en una isla. Basta con levantar la vista cuando cruces el puente de Corinto y recordar que debajo, a unos cuarenta y cinco metros, hay agua del Egeo uniéndose con la del golfo de Corinto.

Rate this article

Your vote helps prioritize what we edit next.

No votes yet
LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes persigue el dato que cambia la forma de mirar un lugar y lo explica hasta el final.