Nadie lo esconde, pero casi nadie lo cuenta en la playa. Las fotos de portada enseñan una franja ancha de arena clara y un mar turquesa, y es verdad que existen. Lo que no dicen es que la anchura de esa franja es, en parte, una decisión de ingeniería y de presupuesto.

Vista aérea de una franja estrecha de tierra con una playa de arena clara y mar turquesa a la izquierda, una hilera de torres de hoteles y una carretera en el centro, y una laguna de aguas grises a la derecha.
Un tramo de la zona hotelera: playa al mar por un lado, laguna por el otro, y entre ambas apenas unos cientos de metros de tierra.ProtoplasmaKid / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

01 Una isla hecha de arena y planificada desde cero

La zona hotelera de Cancún ocupa una isla barrera larga y estrecha, de algo más de 22 kilómetros, con forma de siete: el mar Caribe por un lado y la laguna de Nichupté por el otro. No creció poco a poco. Se planificó desde cero sobre una isla casi deshabitada: las obras empezaron el 23 de enero de 1970 y el primer hotel pensado para el turismo abrió en septiembre de 1974.

Una isla barrera es, por definición, un montón de arena que el mar y el viento mueven. Que sea un buen sitio para tumbarse y un mal sitio para clavar torres de hormigón son dos verdades que conviven en la misma franja, y la historia reciente de la playa es el resultado de esa convivencia.

02 Lo que se llevó Wilma

Wilma golpeó la costa en octubre de 2005 como huracán de categoría 4 y se quedó sobre la zona durante unos tres días. Una investigación académica sobre aquel episodio estima que la playa de Cancún desapareció por completo en más del 70 % de su extensión; lo que quedó, en muchos tramos, fue roca al descubierto y un escalón de arena al borde del agua.

Una laguna de aguas tranquilas con vegetación de manglar en primer plano y, al fondo, una línea baja de edificios y una pequeña isla de vegetación bajo un cielo con nubes.
La laguna de Nichupté, la otra mitad del sistema. Aquí el agua no tiene oleaje ni arena de playa.PriceTravel pictures / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

Una parte de ese daño la hizo el huracán, pero los estudios que lo analizan hablan también de alteraciones humanas en el sistema costero: hoteles levantados muy cerca del mar y dunas y manglares sustituidos por construcciones. Es esa suma, y no solo la tormenta, la que explica por qué la costa aguantó tan mal.

03 Dos veces, y con factura

La respuesta fue dragar. Una empresa belga, Jan De Nul, bombeó arena desde el fondo del mar a la orilla en una operación que quedó terminada en abril de 2006, más de dos semanas antes de lo previsto, sobre unos 12 kilómetros de costa. Las cifras publicadas hablan de en torno a 2,7 millones de metros cúbicos y de unos 19 millones de dólares.

No duró. Una marea se llevó buena parte de lo recién puesto, las playas volvían a verse erosionadas un año después y el huracán Dean, en 2007, causó más pérdidas. Años más tarde se hizo un segundo relleno, de unos 70 millones de dólares, sobre unos once kilómetros (siete millas) de playa, con una anchura de entre 40 y 70 metros. La agencia AP contaba en 2010 que entre el 6 y el 8 % de esa arena nueva ya se había perdido sin que hubiera pasado una tormenta importante.

La playa que ves no es un paisaje heredado: es una obra que alguien paga y repone.

04 Por qué la arena no se queda

Si el relleno se va, la pregunta es por qué. Exequiel Ezcurra, exresponsable ambiental citado por la AP, señalaba varias causas a la vez: hoteles demasiado altos, pesados y cercanos a la orilla, playas sin su vegetación nativa, un nivel del mar que sube unos 2,2 milímetros al año y rompeolas ilegales que atrapan arena y dejan sin ella a las playas vecinas. Según su explicación, las torres altas desvían el viento hacia abajo y crean remolinos que erosionan, y las olas rebotan contra los cimientos y se llevan arena mar adentro.

También hay un coste lejos de la orilla. La misma información apunta a que las praderas marinas sufrieron más muertes tras rellenos anteriores y a que el sedimento fino de la arena dragada acaba sobre los arrecifes cercanos. Dicho de otro modo, la playa y el arrecife que la protege son un solo sistema, y tocar uno afecta al otro.

Vista aérea desde lo alto de una orilla de laguna con casas de tejados rojizos, pequeños embarcaderos y un edificio de apartamentos blanco; al fondo, la línea de la zona hotelera.
La orilla de la laguna vista desde arriba. Todo lo construido en la franja se sostiene sobre un banco de arena.Boshito rohe / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

05 Cómo mirar una playa que es infraestructura

Nada de esto significa que no merezca la pena ir. Significa que conviene mirar la playa como se mira una carretera o un puerto: como algo construido que se mantiene. En 2025, por ejemplo, se reservaron unos 300 millones de pesos (unos 16 millones de dólares) para el mantenimiento de la zona hotelera, que incluye el cuidado de la playa.

Qué mirar para leer la playa
  1. Fíjate en el escalón
    Tras un temporal o una marea fuerte, la arena puesta artificialmente tiende a cortarse en un escalón empinado hacia el agua. Es una pista de que el perfil de la playa todavía se está asentando.
    el perfil
  2. Busca la vegetación de duna
    Las propuestas de recuperación incluyeron replantar arbustos, palmas nativas y enredaderas para sujetar la arena. Donde la hay, la playa tiene algo que la ancla; donde solo hay muro y hamacas, no.
    el ancla
  3. Cruza al lado de la laguna
    La franja tiene dos orillas. La laguna de Nichupté enseña la otra mitad del sistema: agua tranquila, manglar y el mismo banco de arena visto desde dentro.
    la otra orilla
  4. No tomes una foto antigua como promesa
    La anchura de la playa cambia con cada temporada de tormentas y con cada reposición. Lo que ves en una foto de hace unos años puede no ser lo que encuentres.
    cambia

Y deja una idea útil para el resto de la costa de Quintana Roo: casi todo lo que parece natural y fijo en una playa de este litoral es, en realidad, un equilibrio entre arena, arrecife, vegetación y construcción. Cancún solo es el caso donde ese equilibrio se rompió y se pudo medir con facturas.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes persigue el dato que cambia la forma de mirar un lugar y lo explica hasta el final.