01 Dos ciudades en el mismo suelo
En la mayoría de los casos, una de las dos capas gana. O se conserva el yacimiento antiguo y se demuele lo posterior, o la ciudad medieval sigue habitada y lo romano queda enterrado bajo ella. Aquí no ocurrió ninguna de las dos cosas: el recinto medieval se abandonó, la ciudad moderna creció en otra parte y el conjunto quedó como estaba.
El resultado es que se camina sobre un enlosado romano mientras se mira una muralla ocre del siglo XIV, y las dos cosas caben en la misma fotografía sin ningún esfuerzo de encuadre. Es la clase de lugar que explica mil años de historia urbana sin necesidad de un solo cartel.
02 La de abajo: Sala Colonia
La ciudad romana ocupaba una loma sobre el valle del Bou Regreg, un emplazamiento elegido por lo de siempre: control del río y de la ruta. Lo que hoy se ve de ella son basamentos rectangulares, hiladas de sillares perfectamente alineadas y, sobre todo, tramos de calle enlosada que permiten seguir el trazado a pie.
Se camina por una calle romana y se levanta la vista hacia un muro construido mil años después. No hace falta imaginar nada.
Esa legibilidad es lo que más sorprende. En muchos yacimientos hay que reconstruir mentalmente lo que fue una calle a partir de dos piedras alineadas. Aquí el enlosado está entero en tramos largos, con los bordillos en su sitio, y se distingue sin dificultad la retícula de la ciudad.

03 La de arriba: la cerca del siglo XIV
Siglos después del abandono de la ciudad romana, los meriníes levantaron aquí un recinto propio: una muralla de color ocre con puertas de arco de herradura, torres cuadradas y una decoración labrada que todavía se conserva en algunos paños. Es la silueta que se ve desde lejos al acercarse al sitio.
La relación entre ambas capas es física y bastante literal. La muralla medieval se apoya y se adapta al relieve que había dejado la ciudad anterior, y en algunos puntos reutiliza directamente material romano. No es una restauración ni una musealización: es una construcción hecha con lo que había a mano.
Hay además una tercera capa que no es humana y que se ha convertido en la imagen del sitio: las cigüeñas. Los remates de las torres están ocupados por nidos voluminosos de ramas secas, algunos de gran tamaño, y las aves entran y salen mientras uno recorre el yacimiento.
04 Cómo verlo
Está a un par de kilómetros del casco antiguo, al sur, y es una visita corta: hora y media basta para recorrerlo con calma. La forma útil de hacerlo es empezar por arriba, junto a la puerta de la cerca, para tener la vista general, y bajar después al nivel del enlosado romano.
La luz importa más de lo habitual. La piedra caliza dorada y los líquenes anaranjados de los sillares se encienden con el sol bajo, y a mediodía el conjunto se aplana bastante. La última hora de la tarde es claramente el mejor momento, y coincide además con la actividad de las cigüeñas.

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Y conviene encajarlo en el conjunto de la ciudad, porque es lo que le da sentido. Rabat está inscrita en el Patrimonio Mundial desde 2012 como «capital moderna y ciudad histórica», por sus murallas de 1197 y su ensanche de 1913. Chellah añade dos capas más por debajo, y ninguna de las cuatro tapa a las otras.


