Hay una frase que se repite en las pasarelas, en los barcos y en las guías: el Perito Moreno es «uno de los pocos glaciares del mundo que no retrocede». A veces, por simplificación, se convierte en «uno de los pocos que crece». Quien la escucha mientras cae un bloque de hielo del tamaño de un edificio tiende a aceptarla como un dato más del paisaje, en la misma lista que los 5 kilómetros de ancho del frente o sus 70 metros de altura sobre el lago.
La frase fue cierta durante mucho tiempo, pero el motivo casi nunca se cuenta, y sin el motivo se entiende mal. Este artículo explica por qué un glaciar de la provincia de Santa Cruz pudo mantener su frente mientras el campo de hielo que lo alimenta perdía masa, qué es exactamente el ciclo de ruptura que tanta gente viaja a ver, y por qué los glaciólogos dicen hoy que esa estabilidad fue una ventana, no una propiedad.
01 Lo que ves desde la pasarela
Lo primero que sorprende no es el tamaño sino la cercanía. En la mayoría de los glaciares grandes del mundo el frente se mira desde un barco o desde un mirador lejano. Aquí las pasarelas están construidas sobre la Península de Magallanes, una lengua de tierra que se adentra en el Lago Argentino, y el glaciar termina a unos cientos de metros de la barandilla. Se oye crujir. De vez en cuando una columna de hielo se inclina, cae y el estruendo llega un segundo después que la imagen.
Lo segundo es la forma. El frente no es una pared recta: es un arco que se abre en dos caras, una hacia el norte, sobre el Canal de los Témpanos, y otra hacia el sur, sobre el Brazo Rico. Entre ambas, el hielo apunta directamente a la península donde estás. Esa disposición, que parece un detalle escénico, es la clave de todo lo demás: el glaciar no desemboca en un lago abierto sino que se encaja contra una orilla.
Lo tercero es la velocidad. El hielo que tienes delante se mueve entre uno y dos metros al día cerca del frente. Un glaciar que no retrocede no es un glaciar quieto: es una cinta que avanza sin parar y que pierde por delante, en desprendimientos, más o menos lo mismo que recibe por detrás. Esa es la primera corrección que conviene hacer a la frase de la pasarela.
02 Un campo de hielo que se encoge

El Perito Moreno no es un glaciar aislado. Es una de las decenas de lenguas que bajan del Campo de Hielo Patagónico Sur, una de las mayores masas de hielo del planeta fuera de las regiones polares, repartida entre Argentina y Chile a lo largo de la cordillera. En el lado argentino, el Parque Nacional Los Glaciares, creado en 1937 e inscrito como Patrimonio Mundial en 1981, reúne 47 glaciares mayores y el Lago Argentino, el más grande del país con 1.466 km².
Casi todos esos glaciares están retrocediendo, y algunos de forma espectacular. El Upsala, que desemboca en el mismo lago unos kilómetros al norte, ha retrocedido unos 9 kilómetros desde 1986 según las imágenes del programa europeo Copernicus; el brazo que lo unía a su vecino Bertacchi se separó hace pocos años. Ese es el telón de fondo contra el que se lee el Perito Moreno: en un campo de hielo donde el retroceso es la norma, un frente que apenas se movió durante el siglo XX llama la atención por sí solo.
De ahí nace el malentendido. Si todos retroceden y este no, lo más fácil es pensar que el clima aquí es distinto o que el glaciar «gana». Ninguna de las dos cosas es cierta. El Perito Moreno comparte el mismo clima, la misma nieve y las mismas temperaturas que sus vecinos. Lo que no comparte es la forma del valle en el que termina.
03 Por qué este no: la forma del valle

Un glaciar es un balance. Arriba, en la zona de acumulación, la nieve se compacta y se convierte en hielo; abajo, en la zona de ablación, el hielo se funde y, si termina en un lago, se desprende. Cuando lo que entra iguala a lo que sale, el frente se queda donde está. En el Perito Moreno ese balance tiene tres apoyos que la mayoría de sus vecinos no tiene a la vez.
El primero es la nieve. En un estudio de 2007, Stuefer, Rott y Skvarca midieron una acumulación neta cercana a 5,5 metros de agua equivalente al año en la parte alta, con una línea de equilibrio a unos 1.170 metros y un 70 % de la superficie del glaciar por encima de ella. Las masas de aire húmedo del Pacífico descargan sobre la cordillera y el glaciar recibe una cantidad de nieve que pocos lugares del mundo igualan. Eso da mucho hielo que empujar hacia abajo.
El segundo es la península. El mismo estudio atribuye la estabilidad a una «geometría particular»: la Península de Magallanes bloquea el flujo central del glaciar y obliga al hielo a repartirse en dos frentes. Un glaciar que choca contra tierra no puede avanzar libremente, y un frente apoyado en roca, en lugar de flotar en agua profunda, se desprende más despacio. Ya en 1997, Skvarca y Naruse habían descrito un mecanismo de autorregulación: cuando el frente avanza hacia aguas más profundas, el desprendimiento aumenta y lo frena; cuando retrocede hacia aguas someras, disminuye.
El tercero estaba escondido bajo el agua y bajo el hielo, y solo se confirmó hace poco. En marzo de 2022 un equipo germano-argentino sobrevoló el glaciar con un radar colgado de un helicóptero para medir el espesor del hielo, y cartografió el fondo del lago frente al glaciar. El resultado, publicado en 2025 por Moritz Koch y colegas en Communications Earth & Environment, mostró una gran cresta de roca bajo el frente. El glaciar estaba literalmente apoyado en ella. Mientras el hielo fuera lo bastante grueso para asentarse sobre esa cresta, el frente no podía retroceder mucho: la roca lo sujetaba.
El Perito Moreno no desafiaba al clima. Tenía mucha nieve, una península que lo frenaba y una cresta de roca que lo sujetaba. Era una cuestión de forma, no de temperatura.
04 Qué significa la ruptura

Con la geometría entendida, la ruptura deja de ser un espectáculo misterioso y se vuelve lógica. Cuando el glaciar avanza lo suficiente, su frente toca la Península de Magallanes y cierra el paso entre las dos mitades del lago. El Brazo Rico, al sur, queda convertido en un embalse: los ríos siguen entrando, pero el agua ya no puede salir hacia el Canal de los Témpanos. Entonces sube. En 2004, según el estudio de Chinni y Warren, el nivel llegó a 10,5 metros por encima del lago principal; en 1988 la diferencia fue de unos 19 metros, y en episodios anteriores se han documentado desniveles de hasta 30 metros.
El agua embalsada busca salida. Primero se filtra por debajo del hielo; la filtración se ensancha en un túnel; el túnel crece hasta formar un arco por el que se vacía el Brazo Rico, a veces a lo largo de días; y al final el arco, sin apoyo, se derrumba. Eso es «la ruptura»: no el glaciar partiéndose, sino el colapso de un puente de hielo que el propio glaciar había construido al avanzar. En 2004, el túnel empezó a drenar el 12 de marzo y el techo cayó el 14, dos días después, con entre 3 y 4 km³ de agua vaciados hacia el lago principal.
La historia de las rupturas es, por tanto, la historia de los avances. La primera documentada fue en 1917. Entre 1917 y 1988 hubo 16 cierres, algunos de meses y otros de hasta tres años. Después, nada entre 1988 y 2003: quince años en los que el glaciar no llegó a tocar la península. Luego volvió a hacerlo en 2004, 2006, 2008, 2012, dos veces en 2013, 2016, en marzo de 2018, con un colapso nocturno que nadie vio, y a finales de 2019. Es decir: una ruptura significa que el glaciar había avanzado lo bastante como para cerrar el lago. Es una señal de empuje, no de debilidad.
05 Lo que cambió desde 2019
Aquí es donde la frase de la pasarela se queda vieja. El estudio de Koch y colegas comparó la altura de la superficie del glaciar y su velocidad entre 2000 y 2024. Entre 2000 y 2019 el frente adelgazaba unos 0,34 metros al año y retrocedió menos de 100 metros en todo el periodo: la estabilidad de la que hablan las guías, medida. Entre 2019 y 2024 el adelgazamiento pasó a 5,5 metros al año, más de dieciséis veces más rápido, y en algunos tramos el frente ha retrocedido más de 800 metros. El hielo, además, fluye más deprisa.
La explicación conecta con la cresta de roca. Un hielo más delgado pesa menos y el agua del lago lo empuja más hacia arriba. Según los autores, el glaciar «se está soltando de su punto de anclaje»: a medida que pierde contacto con la cresta, el agua bajo el frente es más profunda, los desprendimientos aumentan y el retroceso se acelera. Si el frente llega a desprenderse del todo de esa cresta, los autores plantean que podría retroceder varios kilómetros hacia aguas más profundas, un escenario que ellos mismos describen como probablemente irreversible.
Lo que esto significa para el visitante es sencillo de decir y difícil de aceptar: el Perito Moreno nunca fue una excepción al cambio del clima, sino un glaciar que tenía amortiguadores. La nieve abundante, la península y la cresta de roca retrasaron la respuesta, no la anularon. Cuando el adelgazamiento acumulado fue suficiente, los amortiguadores dejaron de bastar. Los desprendimientos enormes de los últimos años, que algunas guías cuentan como espectáculo, son también eso: el frente despegándose de su apoyo.
06 Lo que suele entenderse mal
Primero: «el glaciar crece». No. Durante un siglo el frente se mantuvo en una posición parecida, con avances y retrocesos de decenas o cientos de metros. Mantenerse no es crecer, y además el glaciar perdía hielo cada día por los desprendimientos que tú mismo ves. Lo que ocurría es que lo reponía.
Segundo: «es la prueba de que el clima no cambia». Tampoco. Un solo glaciar con una geometría poco común no refuta lo que hacen los otros cuarenta y seis del parque, y menos ahora que se ha unido a ellos. Era un retraso explicable, y la explicación está medida con radar y satélite.
Tercero: «la ruptura es el glaciar destruyéndose». Al revés: para que haya ruptura el glaciar tiene que haber avanzado hasta tocar la península. Es un fenómeno de empuje. Que no haya habido ninguna ruptura confirmada desde finales de 2019 es, de hecho, coherente con un frente que retrocede. Y cuarto: «un desprendimiento grande significa retroceso». No necesariamente. Desprenderse es lo que hacen todos los glaciares que terminan en agua, todos los días. El retroceso se mide en años y con instrumentos, no en el estruendo de una tarde.
07 Cómo mirar el glaciar ahora
Nada de esto quita emoción a la visita; la cambia de sitio. En lugar de esperar un desprendimiento con la cámara preparada, se puede leer el paisaje como lo que es: un balance a la vista. Estas son las cosas que conviene buscar desde la pasarela o desde el barco.
- El punto de contacto con la penínsulaMira dónde el hielo toca, o ya no toca, la orilla de roca frente a las pasarelas. Ese hueco es la cresta y el dique en una sola imagen: si hay canal de agua abierto, no hay dique; si el hielo está apoyado, el Brazo Rico puede estar subiendo.la clave
- Las dos caras del frenteLa cara norte, sobre el Canal de los Témpanos, y la cara sur, sobre el Brazo Rico, no se comportan igual. Los retrocesos recientes se han medido sobre todo en la cara norte. Compararlas es ver el balance repartido.norte y sur
- La roca pulidaEn el borde del glaciar, la ladera sin vegetación y lisa marca hasta dónde llegó el hielo. Cuanto más alta la franja desnuda sobre el hielo actual, más ha adelgazado.una regla
- El color del hieloEl azul intenso de las grietas es hielo denso y antiguo, casi sin burbujas, que absorbe los rojos y deja pasar el azul. Donde el frente acaba de desprenderse el azul es más vivo; con los días, la superficie se blanquea.lectura
La transformación que propone este artículo es modesta y concreta. Antes de leerlo, el Perito Moreno era «el glaciar que no retrocede», un dato que se admira y se repite. Después, es un glaciar con mucha nieve, una península que lo frena y una cresta de roca que lo sostuvo durante un siglo y que ahora está perdiendo. La ruptura deja de ser un espectáculo que se espera y pasa a ser la huella de un avance; y los desprendimientos dejan de ser el glaciar «rompiéndose» para ser lo que un glaciar hace todos los días. Con eso en la cabeza, la pasarela no es un palco: es un lugar desde donde se puede leer un balance.





