01 Una calle con función

Cuando Nicolás de Ovando trazó la ciudad nueva en 1502, esta fue la primera vía que se empedró. No por lujo: es la calle que corre pegada al escarpe del río Ozama y unía la fortaleza militar con el resto del asentamiento.

Por eso su nombre original era calle de la Fortaleza. Era infraestructura, no paseo: el eje por el que se movían la guarnición, los cargamentos que subían del puerto y los funcionarios que administraban la colonia.

Fachada de piedra de dos plantas en la calle Las Damas, con ventanas enrejadas.
Las fachadas de la calle son de piedra coralina, el material con el que se levantó toda la ciudad primitiva.Jos1950 / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 Quién era María de Toledo

María de Toledo (1490-1549) llegó a la isla como esposa de Diego Colón, hijo del navegante y gobernador de la colonia. Pertenecía a la alta nobleza castellana y era sobrina nieta del rey Fernando de Aragón, así que no vino sola.

La acompañaba una corte de damas, un séquito completo trasladado de golpe desde la corte peninsular a una ciudad recién trazada al otro lado del océano. Vivían en el Alcázar, en el extremo norte de esta misma calle.

Placa de azulejo blanco y azul con la inscripción Calle Las Damas.
La placa de azulejo que da nombre a la calle, en el estilo usado en toda la Ciudad Colonial.Jorge Brazil / CC BY 2.0·CC BY 2.0

03 El nombre que puso la gente

Aquellas mujeres tomaron la costumbre de recorrer esta calle a diario, al caer la tarde, cuando el calor afloja y la brisa sube del río. Era, sencillamente, el mejor sitio de la ciudad para caminar: empedrado, ancho y con vistas al agua.

El resto de los habitantes empezó a referirse a ella por lo que veían: la calle de las damas. El nombre popular desplazó al oficial y se quedó para siempre. Cinco siglos después, la placa de azulejo sigue diciendo Calle Las Damas.

Perspectiva de la calle Las Damas con un gran edificio de piedra de fachada barroca cerrando el fondo.
El extremo norte de la calle lo cierra el gran edificio de piedra de la antigua iglesia jesuita del siglo XVIII.Jos1950 / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 El reloj que se leía por la ventana

En esta misma calle hay una segunda pieza que merece parada. En 1753, durante el gobierno de Francisco Rubio y Peñaranda, se levantó un reloj de sol de piedra frente al edificio de las Casas Reales, la sede administrativa de la colonia.

La colocación no fue casual: está puesto de modo que los funcionarios pudieran consultar la hora asomándose por la ventana, sin bajar a la calle. Tiene dos caras marcadas, una orientada al sur para las horas de la mañana y otra al oeste para las de la tarde.

El ciclón de San Zenón, en 1930, se llevó la pieza de bronce que proyectaba la sombra. El reloj estuvo más de sesenta años sin marcar nada, hasta que un relojero, Ernesto Levy, fabricó la pieza que faltaba y lo devolvió a funcionamiento.

05 Cómo recorrerla

Son unos pocos cientos de metros y se hacen en veinte minutos sin prisa. Empieza por el sur, en la Fortaleza Ozama, y sube hacia el norte: a un lado y otro se suceden la casa que ocupó Nicolás de Ovando, las Casas Reales con su reloj y varias residencias del siglo XVI.

Hazlo a la misma hora que ellas, al final de la tarde. La calle mira al este, así que a esa hora recibe la luz rasante por encima de los tejados y la piedra coralina se vuelve dorada. Es, con diferencia, el mejor momento del día aquí.

Muro de piedra con vegetación y árboles junto a la calle, en la Ciudad Colonial.
Los muros y jardines del tramo norte, junto a los edificios que dan a la calle Las Damas.georama / CC BY 3.0·CC BY 3.0

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes rastrea los detalles que explican un lugar mejor que su descripción oficial.