01 146 a. C.

La Cartago púnica terminó con el asedio de la tercera guerra púnica, en el 146 a. C. La destrucción no fue simbólica: la ciudad se tomó casa por casa, se incendió y su población fue esclavizada. Lo que quedó en pie era poco, y lo que quedó enterrado se cubrió después con obra nueva.

Por eso el visitante llega con una expectativa que el terreno no puede cumplir. La ciudad de los puertos militares, de Aníbal y de las guerras contra Roma existe sobre todo en los textos y en la arqueología de detalle, no en columnas en pie.

Barca de madera varada en la orilla junto a los antiguos puertos de Cartago, con el mar en calma.
La orilla junto a los puertos púnicos: del complejo naval solo se conserva la forma del agua.Noomen9 / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 La ciudad que vino después

Un siglo después, Roma volvió al mismo emplazamiento y lo refundó como colonia. La decisión tenía lógica: la bahía era buena, la tierra alrededor era fértil y la posición controlaba el paso central del Mediterráneo.

El resultado superó al original. En el siglo I la nueva Cartago era una de las mayores ciudades del Imperio occidental y la capital de la provincia de África, el gran granero de Roma. Todo lo monumental que hoy se pisa pertenece a esa etapa o a las que vinieron detrás.

Columna de fuste helicoidal en pie entre vegetación, en el barrio de villas romanas de Cartago.
Una columna de las villas romanas: el tipo de resto que domina el yacimiento.Verity Cridland / CC BY 2.0·CC BY 2.0

03 Qué queda y de qué época

Conviene ir con el reparto claro. De época romana son las termas de Antonino, junto al mar, que fueron unas de las mayores del Imperio; el anfiteatro; las cisternas de La Malga, un sistema de almacenamiento de agua enorme; y el barrio de villas con sus mosaicos y columnas.

De la etapa púnica queda mucho menos y hay que saber mirarlo: la silueta de los puertos, todavía legible en el terreno, y los restos de un barrio residencial excavado en la colina de Byrsa, con muros bajos y calles estrechas. No impresionan de lejos; explican mucho de cerca.

Camino de grava entre olivos y restos de muros bajos en la zona arqueológica de Cartago.
El yacimiento se recorre por caminos abiertos entre parcelas: no es un recinto único y cerrado.Verity Cridland / CC BY 2.0·CC BY 2.0
Cómo visitarlo mejor
  1. Asume que está disperso
    Los conjuntos están repartidos por un barrio residencial actual; se encadenan andando o en tren ligero, no de un vistazo.
    logística
  2. Empieza por la colina
    Subir primero a Byrsa ayuda a entender la topografía y a ordenar mentalmente el resto de los conjuntos.
    método
  3. Guarda los mosaicos para el museo
    Buena parte de lo excavado se conserva en el museo del Bardo, en la capital: es la otra mitad de la visita.
    contexto
Calle arbolada de Cartago en blanco y negro, con ramas que se cierran sobre la calzada.
Cartago es hoy un barrio habitado: entre un conjunto y otro se camina por calles residenciales.Eyakaddour / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Nueva comprensión

Saber esto no rebaja el sitio: lo vuelve más interesante. Cartago no es el testimonio de una civilización, sino el registro de una sustitución: una ciudad borrada y otra levantada encima con la misma ventaja geográfica.

Y explica la sensación rara que deja la visita. Uno espera épica y encuentra infraestructura: baños, cisternas, casas. Esa es, en realidad, la mejor prueba de lo que ocurrió aquí, y la razón por la que el yacimiento sigue siendo uno de los más elocuentes del Mediterráneo.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing — Significados y Contexto Cultural · Flowtravel

Lucía Montes interpreta los significados culturales que dan sentido a una experiencia de viaje.