01 Un semáforo para cambiar de lado
El detalle es fácil de pasar por alto porque el cruce dura poco y quien lo hace suele ir pendiente del papeleo. Pero está ahí: el tráfico del puente circula por la izquierda, igual que en Tailandia, aunque el puente desemboque en un país que conduce por la derecha.
El cambio se produce en el extremo laosiano, antes del puesto fronterizo, y está regulado por semáforos. Es decir, no es una maniobra que cada conductor resuelva por su cuenta: hay una infraestructura pequeña y específica dedicada a que dos convenciones de circulación distintas se encuentren sin chocar.

02 Mil ciento setenta metros sobre el bajo Mekong
El puente mide 1.170 metros y se abrió el 8 de abril de 1994. Fue el primero que se construyó sobre el bajo Mekong, y enlaza la provincia tailandesa de Nong Khai con la prefectura de Vientián. Está aguas abajo del centro de la ciudad, no en el frente fluvial: desde el paseo del río no se ve.
Visto desde la orilla es una pieza sobria: un tablero continuo apoyado en pilas de hormigón, sin torres ni tirantes, cruzando un río que en la estación seca deja al descubierto medio lecho de arena bajo los vanos. Nada en su aspecto anuncia la peculiaridad que lleva encima.
Dos países, una calzada y una vía de tren por el medio. El puente resuelve las tres cosas a la vez.
03 Y por el centro pasa un tren

Una vía métrica procedente de la estación tailandesa de Nong Khai recorre la mediana del puente. No hay tablero aparte ni nivel propio para el ferrocarril: los raíles van embutidos en el mismo pavimento por el que circulan los coches, separados de los carriles por poco más que una línea pintada.
La consecuencia es la que cabe esperar: cuando pasa un tren, se detiene el tráfico rodado. El puente no puede hacer las dos cosas a la vez, así que alterna. Es una solución poco habitual, y la razón por la que un cruce de frontera de poco más de un kilómetro puede llevar más tiempo del que sugiere su longitud.
04 Qué implica si lo cruzas

Lo importante en la práctica es que el puente no funciona como una carretera cualquiera. Hay dos puestos fronterizos, uno en cada extremo, y entre ellos el paso se hace en vehículo, no andando. A eso se le suma la posibilidad de que el tráfico quede detenido si coincide con un tren.
Y queda el detalle que da título a todo esto: en algún momento del recorrido, sin que nadie lo anuncie con demasiado énfasis, el tráfico entero se pasa de un lado de la calzada al otro. Merece la pena ir mirando. Es una de esas costuras administrativas que normalmente quedan escondidas en un mapa y que aquí se resuelven a la vista, con dos semáforos.





