01 Una ciudad sin río

Conviene ver el problema en su escala real. Una ciudad puede resolver la escasez de agua trayéndola de lejos, pero eso exige un origen del que traerla. Aquí, en la meseta de Khomas, a 1.700 metros y en pleno semidesierto, no había ninguna fuente grande a distancia razonable.

La única fuente de agua abundante, fiable y cercana que tenía la ciudad era la que ya había usado: sus propias aguas residuales. Es un recurso que no depende de la lluvia, que crece exactamente al mismo ritmo que la población y que ya está donde hace falta.

02 Lo que significa «directa»

Casi todas las ciudades reutilizan agua sin decirlo, porque el río de aguas abajo recoge lo que vierte el de arriba. Aquí se quitó el río de en medio.

La palabra clave del asunto es «directa», y merece una explicación. En la práctica, medio mundo bebe agua reutilizada: una ciudad vierte su efluente depurado a un río y otra, aguas abajo, capta de ese mismo río para su red. Es reutilización indirecta, y ocurre en casi todas las cuencas pobladas del planeta.

Lo que Windhoek hizo en 1968 fue eliminar ese paso intermedio. El agua residual doméstica se trata y entra directamente en el sistema de agua potable de la ciudad, sin pasar antes por un cauce ni por un acuífero. Esa es la diferencia técnica, y es la que convierte a la planta de Goreangab en la primera de su tipo.

No fue una improvisación. La puesta en marcha llegó después de ocho años de estudios piloto, y el diseño se apoyaba en una cadena larga de tratamientos en serie, pensada para que ningún fallo aislado comprometiera el resultado final. Aquí lo interesante no es la audacia, sino la cautela.

Vista de la ciudad desde una loma arbolada, con el cielo azul intenso y sin una nube ocupando el tercio superior: al fondo se extiende de lado a lado una cadena de cerros bajos de perfil redondeado y color pardo violáceo, con una cumbre más alta destacando en el centro; al pie de esos cerros, la ciudad se despliega en una franja llana y compacta de edificios blancos y grises de pocas alturas, con dos o tres bloques de oficinas y una grúa de obra; en el primer plano y en la mitad inferior, copas densas de árboles de hoja verde y amarilla cubren la ladera, y por la derecha asoma la cubierta metálica gris de una casa.
La ciudad y el semidesierto que la rodea. No hay río permanente en ninguna dirección: el agua tenía que salir de aquí dentro.Zairon / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

03 Sesenta años después

El sistema no fue un experimento que se abandonara. La instalación original se sustituyó por una planta nueva, terminada en 2002, con tecnologías de tratamiento actualizadas y más capacidad, y esa planta cubre hoy alrededor de una cuarta parte de la demanda de agua potable de la ciudad.

Sesenta años de funcionamiento continuado convierten el caso en algo más que una curiosidad. Es el historial operativo más largo que existe en reutilización potable directa, y por eso se cita como referencia cuando otras ciudades con problemas de agua se plantean hacer lo mismo.

Panorámica muy apaisada de la ciudad tomada desde una loma, con la luz cálida de última hora: en el fondo, una cadena continua de cerros bajos de perfil dentado y color pardo azulado recorre todo el encuadre de lado a lado; al pie, la ciudad se extiende en una franja llana con naves industriales blancas, algunos bloques de oficinas de seis a ocho plantas y una masa continua de construcción baja; en el plano intermedio, un barrio residencial de casas de una planta con cubiertas de teja roja y chapa, muy separadas entre sí, aparece envuelto en arbolado denso; en primer término, un muro blanco de cierre, una calle y varias copas de árboles en sombra.
El arbolado de los barrios residenciales, verde en una ciudad de 377,8 milímetros anuales. Ese verde también sale del sistema.Zairon / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Qué mirar estando aquí

La planta es una instalación industrial y no está pensada para visitas, así que este no es un dato que se traduzca en una parada del itinerario. Lo que sí cambia es cómo se mira la ciudad, y eso empieza por los embalses de los cerros del borde, que son la otra mitad del sistema.

Merece la pena fijarse en el contraste que hay a pocos metros de distancia. En los barrios residenciales hay arbolado denso, jardines y césped; a la salida de la ciudad, matorral espinoso, hierba pajiza y suelo pedregoso. Ese salto no lo produce el clima: lo produce una decisión de ingeniería tomada en los años sesenta.

Edificio de aire castillense visto desde una calzada de adoquín rojizo que sube en curva: el cuerpo principal, revocado en ocre y beige, remata en una torre cuadrada con almenas escalonadas y un arco de medio punto sobre la puerta de madera oscura; a su derecha, un ala más baja con ventanas rectangulares y una galería con arcos; delante, un muro de contención de mampostería de lajas oscuras sostiene un talud ajardinado con arbustos y flores; en el centro, un árbol de tronco grueso, blanquecino y ramas retorcidas y desnudas; alrededor crecen palmeras, buganvillas y arbolado denso y verde.
Palmeras, buganvillas y césped en una loma de la ciudad. A un kilómetro de aquí solo hay matorral espinoso.Zairon / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Y hay un detalle que redondea el asunto y que casi nadie tiene presente: si bebes agua del grifo en Windhoek, es bastante probable que una parte de lo que estás bebiendo haya pasado ya por el sistema de la ciudad. Es una idea incómoda durante unos segundos y perfectamente ordinaria a partir del tercero.

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LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saber · Flowtravel

Lucía se detiene en lo que un lugar da por supuesto y nadie explica.