01 Un lago hecho a propósito
Lo desconcertante no es el foso sino su ubicación urbana. Al otro lado del agua hay un muro de contención, una verja metálica y una avenida por la que pasan coches. La distancia entre un cocodrilo tomando el sol y el tráfico ordinario de la ciudad es de unos pocos metros.
Con los años el sitio se convirtió en la parada obligada de cualquiera que pase por Yamusukro, por delante incluso de la arquitectura monumental que la rodea. No hay entrada, no hay recorrido señalizado y no hay horario: simplemente se llega, se aparca y se mira desde la acera.

02 Qué animal es exactamente
El nombre popular del sitio habla de caimanes, pero los animales que se ven son cocodrilos del Nilo, la especie de gran tamaño propia de África. Los adultos superan con holgura los tres metros y los ejemplares mayores del lago se describen como bastante más largos.
Sobre cuántos hay, las cifras que circulan no coinciden: se habla desde un par de centenares hasta más de trescientos, sin un censo público que lo respalde. Lo que sí se comprueba a simple vista es que en la hora de la comida salen del agua varias docenas a la vez y ocupan las plataformas de roca de la orilla.

03 Agosto de 2012
El cuidador llevaba tres décadas dándoles de comer. En agosto de 2012, durante la comida, uno de los animales lo mató.
El episodio es la razón por la que este apartado existe. El hombre que se ocupaba del lago, de unos setenta años, llevaba treinta alimentando a los animales y se movía por la orilla con una familiaridad que se había vuelto rutina. En agosto de 2012 fue atacado y murió durante la comida diaria, delante de quienes estaban mirando.
No hace falta darle dramatismo: el dato sirve para calibrar el lugar. Si treinta años de trato diario no bastaron para hacerlo seguro, la conclusión para un visitante que pasa media hora es evidente. Se mira desde la verja y desde arriba del talud, no desde el borde del agua.
04 Cómo se visita hoy
La visita es gratuita y no está organizada. El lago sigue rodeando el recinto presidencial y se ve desde la vía pública, con un muro y una verja como única separación en la mayor parte del perímetro. Hay tramos donde ese cierre está deteriorado, y en la zona se ofrecen guías informales por un precio que conviene acordar antes.
La hora es lo único que hay que planificar: hacia las cinco de la tarde. Antes, con calor, los animales están sumergidos y solo se ven ojos y hocicos sobre el agua. Es una diferencia enorme entre pasar por delante y ver realmente algo.



