El lago se llama Buada y es la excepción de la isla. Todo lo demás en Nauru es franja costera o meseta de piedra; aquí hay un cuenco con agua permanente, tierra fértil y sombra, en el sitio donde menos lo esperarías.

01 Un cuenco kárstico en mitad de la meseta
Buada ocupa una depresión pantanosa de doce hectáreas en el suroeste de la meseta central. La lámina de agua mide unos 280 metros de norte a sur y unos 140 de este a oeste, con uno o dos metros de profundidad media y cinco en el punto más hondo.
El origen del hueco es la disolución de la caliza coralina que forma la meseta: el terreno cedió sobre sí mismo y dejó un cuenco kárstico. La superficie del agua está cerca del nivel del mar, aunque queda a más de un kilómetro de la costa.
El lago es endorreico: no tiene desagüe y solo lo alimenta la lluvia, porque en Nauru no hay ríos ni arroyos. Su nivel oscila con fuerza entre el monzón de noviembre a febrero y las sequías, que en años de La Niña pueden dejarlo cinco metros por debajo del nivel del mar. El agua es verdosa, ligeramente salobre —en torno a un dos por ciento de sal— y básica, con un pH de ocho.
02 Un pez de mar criado tierra adentro
El chano, Chanos chanos, desova en el mar y sus alevines se acercan a la costa. Los nauruanos los recogían en el oleaje de la orilla —al alevín lo llaman ibija—, los aclimataban progresivamente a agua menos salada y los soltaban en el lago y en balsas salobres próximas a la costa.
Ahí crecían entre ocho y nueve meses, hasta rondar el kilo, y se pescaban para comer. Buena parte de los alevines no sobrevivía al traslado, pero los que aguantaban bastaban para dar a la isla una fuente estable de proteína que no dependía de salir al mar.
El sistema tenía dueños. El lago y las balsas estaban repartidos por propiedad, con los límites marcados con hojas de cocotero y, más tarde, con muretes de hormigón. La acuicultura de Nauru es anterior al contacto europeo y es la más antigua documentada de todo el Pacífico insular.

03 El único trozo de meseta que no se minó
Entre los pináculos de la meseta se acumulaba fosfato de altísima pureza, y su extracción ocupó casi todo el siglo XX hasta afectar a cerca del 80 por ciento de la superficie del país. El cuenco de Buada es la única parte de la meseta donde ese mineral nunca se explotó.
La consecuencia es visible desde el borde. Alrededor del lago quedan unas cuarenta hectáreas de vegetación sobre suelo encharcado y fértil, dominada por el tamanu, que es un resto del bosque tropical que cubría el noventa por ciento de la isla antes de la minería.
En esa franja se cultivan plátano, papaya, mango, guayaba, pandano y hortalizas en parcelas pequeñas. Es, en la práctica, la despensa vegetal del país, y explica por qué el cuenco importó siempre más de lo que su tamaño sugiere.

04 Por qué se acabó
La cría de chano se apagó a finales de los años setenta, poco después de que se introdujera la tilapia del Mozambique como nueva fuente de alimento. La tilapia se comportó como plaga en las aguas salobres de la isla y desplazó al chano de las balsas y del lago.
Un ensayo de la FAO en 1992 demostró que ambas especies pueden convivir, pero con un coste: para llegar a unos veinte centímetros, el chano necesitaba cuatro meses más de los que necesita cuando no hay tilapia. Hoy el chano que se consume en Nauru llega importado de Filipinas y Kiribati.
El lago sigue teniendo peces —chano, tilapia y gambusia, esta última traída para comerse las larvas de mosquito— y la FAO lo considera el único punto de la isla capaz de sostener acuicultura. Una asociación de propietarios del lago trabaja en recuperar la práctica.

05 Lo que revela
Un país de veintiún kilómetros cuadrados sin ríos, con un arrecife que impedía tener puerto y una meseta de piedra en el centro, resolvió su seguridad alimentaria haciendo lo menos evidente: llevar el mar tierra adentro, un cubo de alevines cada vez.
Cuando mires el lago de Buada desde el borde de la carretera, lo que estás viendo no es un paisaje bonito dentro de una isla arrasada. Es la parte de la isla que nunca se tocó, y el motivo por el que se dejó en pie.


