En el Algarve la costa gira noventa grados y cambia de mar
En el cabo de San Vicente la costa hace un ángulo casi recto. Al sur, mar resguardada y unos 21,7 grados de agua en agosto; al oeste, Atlántico abierto y afloramiento de agua fría. En el aire, unos cuatro grados de diferencia.
El Algarve tiene fama de ser un sitio, en singular: playas doradas, acantilados color miel y agua templada. Esa descripción es exacta para una de sus dos costas y no sirve para la otra.
La diferencia no es de matiz. Se puede comer en un sitio y bañarse en el otro el mismo día, y encontrarse con dos mares distintos.
01 La esquina del continente
El cabo de San Vicente es el extremo suroeste del continente europeo, y ahí la línea de costa hace algo que casi ninguna otra hace: gira noventa grados. Al este de ese punto el litoral corre de oeste a este; al norte, de sur a norte.
Ese giro cambia por completo la relación de cada tramo con el viento y con el oleaje dominantes. La costa sur queda de espaldas al noroeste, que es de donde llegan las borrascas y la mar de fondo; la costa oeste las recibe de frente.
De ahí sale todo lo demás: la temperatura del aire, la del agua, el tipo de playa, la vegetación e incluso dónde se construyó y dónde no.
02 El viento que enfría el agua
El mecanismo que marca la diferencia se llama afloramiento costero y funciona solo en la fachada oeste. En verano domina el viento del norte, que sopla paralelo a esa costa y empuja el agua superficial mar adentro.
El hueco lo rellena agua que sube desde el fondo, que está mucho más fría. El efecto es grande: varios grados por debajo de lo que cabría esperar, y capaz de bajar la temperatura del agua cuatro o cinco grados de un día para otro cuando el viento arrecia.
La costa sur no tiene ese régimen. Está orientada al golfo de Cádiz, resguardada del norte y con la plataforma más ancha, así que su agua se calienta con normalidad: en Faro se llega a unos 21,7 grados de media en agosto.
03 Cuatro grados de aire y varios de agua
La diferencia se mide en el aire con la misma claridad. La estación de Faro, en la costa sur, registra una máxima media de 29,2 grados en agosto. La de Vila do Bispo, junto a la esquina occidental, se queda en 25,1.
Conviene una advertencia metodológica: las dos series no son del mismo periodo, 1991–2020 la primera y 1971–2000 la segunda, así que el contraste hay que leerlo como orden de magnitud y no como una cifra exacta. Aun así son unos cuatro grados, y coinciden con lo que se nota sobre el terreno.
En invierno la brecha casi desaparece: 12,3 grados de media en enero en Faro y 12,2 en Vila do Bispo. Es un dato revelador, porque significa que lo que separa a las dos costas no es la latitud ni la altitud, sino un proceso que solo funciona en verano.
04 Y de norte a sur, tres franjas
Al eje este-oeste hay que sumarle otro, perpendicular, que ordena el interior. El Algarve se divide de norte a sur en tres franjas paralelas, y la geología de cada una es distinta.
Arriba está la serra, de esquisto y grauvaca: terreno pobre, ácido y poco permeable, con las sierras de Monchique y de Caldeirão. El punto más alto es la Fóia, a 902 metros, y desde ahí baja todo.
En medio está el barrocal, una banda de caliza y dolomía que es donde el agua se infiltra y aparecen las fuentes, los pozos y los cultivos de secano: almendro, higuera y algarrobo. Es la franja habitada tradicionalmente.
Y abajo, el litoral: sedimentos recientes, arena y los acantilados de caliza y arenisca que dan a la costa sur su aspecto de postal. Es la franja más estrecha y la que concentra hoy casi toda la actividad.
05 La tercera costa, que es una laguna

Hay un tercer tramo que no encaja en la descripción de acantilados y que cubre la mitad oriental de la costa sur. Es la Ria Formosa: unos sesenta kilómetros de laguna somera separada del mar por un cordón de cinco islas-barrera y dos penínsulas, con unas 18.400 hectáreas protegidas.
Su existencia depende de la misma orientación. En una costa resguardada del oleaje fuerte, la deriva litoral puede acumular arena en cordones paralelos a la orilla en lugar de llevársela. En la costa oeste, con la mar que entra, eso no ocurre.
Y no es un accidente estable. Las islas se mueven: las barras migran, las bocas se abren y se cierran, y el cordón entero se desplaza lentamente hacia el este. Lo que se ve hoy no es lo que había hace un siglo.
06 Cómo se recorre
La primera consecuencia práctica es que hay que elegir costa antes que pueblo. Si buscas agua templada y mar tranquila, el sur; si buscas viento, olas y playas vacías, el oeste. Son productos distintos y están a una hora de coche.
La segunda es que el interior no es un relleno entre las dos. El barrocal y la serra tienen otro clima, otra agricultura y otro poblamiento, y a diez kilómetros de la playa el paisaje ya no tiene nada que ver.
Y la tercera reordena el viaje: conviene recorrer una transversal, de la sierra al mar, y luego ir al cabo. Desde la esquina, con el Atlántico a un lado y el golfo al otro, se entiende de una vez por qué las dos mitades del Algarve no se parecen.




