Destino

La ciudad de los mil está encima de una cresta.

El sitio se llamaba Analamanga, «el bosque azul», y hacia 1610 el rey Andrianjaka puso allí su capital: en la cumbre de una loma rocosa, larga y estrecha, a 1.280 metros. El nombre actual significa «la ciudad de los mil», por los soldados de la guarnición. Todo lo que la ciudad es hoy se explica por esa forma alargada y en pendiente.

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La ciudad vista desde una altura, extendida sobre una sucesión de colinas: el caserío cubre las laderas por completo, con casas altas y estrechas de dos y tres plantas, fachadas encaladas o de ladrillo visto y cubiertas muy inclinadas de teja roja, apretadas unas contra otras sin apenas espacio libre; entre ellas asoman algunos bloques modernos de más altura, arbolado disperso y dos o tres árboles en flor de color violeta; al fondo, más colinas edificadas se pierden en una calima azulada, y el cielo está ocupado por una masa de cúmulos blancos de base plana.
La ciudad vista desde una altura, extendida sobre una sucesión de colinas: el caserío cubre las laderas por completo, con casas altas y estrechas de dos y tres plantas, fachadas encaladas o de ladrillo visto y cubiertas muy inclinadas de teja roja, apretadas unas contra otras sin apenas espacio libre; entre ellas asoman algunos bloques modernos de más altura, arbolado disperso y dos o tres árboles en flor de color violeta; al fondo, más colinas edificadas se pierden en una calima azulada, y el cielo está ocupado por una masa de cúmulos blancos de base plana.Bluerose25·CC BY-SA 4.0

01 El bosque azul

Lo importante de esa elección es la palabra «estrecha». No se trata de una colina redonda con un castillo arriba, sino de una cresta alargada. Un núcleo defensivo sobre una cresta puede vigilar en todas direcciones, pero no puede crecer a lo ancho: solo puede alargarse por el filo o descolgarse por las laderas. Eso es exactamente lo que hizo la ciudad durante cuatro siglos.

La consecuencia se ve desde cualquier mirador. El caserío no se organiza en manzanas sobre un plano llano, sino en fajas que siguen las curvas de nivel, y las calles se convierten en rampas o en escaleras en cuanto se cruzan con la pendiente. En Antananarivo, ir de un punto a otro casi nunca es una línea recta.

Panorámica muy apaisada tomada desde lo alto de la colina del palacio: la ciudad ocupa por completo el encuadre, descendiendo por la ladera en un manto continuo de construcciones bajas y medianas de tejado claro y rojizo, muy juntas, que llega hasta el fondo del valle y vuelve a subir por las colinas de enfrente; a la derecha se abre una lámina de agua alargada con una isleta arbolada en el centro, y más allá se ven cerros pelados de perfil suave; en primer plano, por la derecha, se recorta a contraluz la hoja de una palmera; el cielo, azul claro con jirones de nube alta.
La ciudad vista desde lo alto de la colina del palacio. Desde aquí se lee de una vez la forma alargada del emplazamiento.Cactus0625 / Wikimedia Commons / CC0  · CC0 1.0

02 Tres ciudades apiladas

La estructura urbana está descrita desde hace mucho en tres pisos, y sigue funcionando como clave de lectura. Arriba, la haute ville: las cotas más altas de la cresta, alrededor del recinto del Rova, con el palacio Manjakamiadana en la cumbre. En medio, la ville moyenne, en las laderas intermedias. Abajo, la ville basse, en la llanura inundable.

La jerarquía no es un capricho: es topografía convertida en urbanismo. La llanura del fondo se inunda, así que lo permanente y lo representativo se colocó arriba y lo demás fue ocupando la altura intermedia. El palacio, en la cumbre, es visible desde prácticamente cualquier punto de la ciudad, y esa visibilidad total funciona como brújula para quien no conoce el sitio.

Vista de una ladera urbana a última hora de la tarde, con la luz baja y dorada por la derecha: en el tercio inferior discurre una avenida con coches aparcados en batería, una marquesina de chapa y un obelisco blanco en una mediana ajardinada; a partir de ahí el terreno sube de golpe y la ladera aparece cubierta de casas apretadas de tres y cuatro plantas, con fachadas blancas, ocres y rojizas, balcones estrechos y cubiertas de teja muy inclinadas, escalonadas unas por encima de otras hasta la línea de cumbre; entre ellas crecen pinos y araucarias de copa oscura; el cielo está limpio y sin nubes.
Las casas escalonadas por la ladera, con la avenida abajo. El desnivel entre la calle y la línea de cumbre se salva en pocos metros de planta.Z thomas / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

La ciudad tenía 1.274.225 habitantes en el censo de 2018, y el área metropolitana ronda los 2,3 millones. Repartir esa cifra en una cresta y sus laderas produce una densidad muy alta y una silueta inconfundible: fachadas estrechas, mucha altura y casi nada de suelo libre entre unas y otras.

03 Ladrillo, teja y pendiente

El tipo de casa que define la ciudad es reconocible a la primera: planta estrecha, dos o tres alturas, muros de ladrillo cocido —encalados o a cara vista—, cubierta de teja a dos aguas con pendiente muy pronunciada y, a menudo, una galería o balcón corrido en la fachada principal.

Cada elemento responde a algo concreto. La planta estrecha, a que el suelo edificable en ladera es escaso y caro de aterrazar. La cubierta muy inclinada, a que aquí caen más de mil milímetros de lluvia al año concentrados en cuatro meses. Y el ladrillo, a que la arcilla está a pie de obra, en la llanura que rodea la ciudad.

Vista de la ciudad baja desde una explanada de hierba: en primer término, un césped con palmeras jóvenes de porte bajo y arbustos; detrás cruza una calzada ancha con varias furgonetas y coches aparcados y farolas de brazo curvo pintadas de naranja; a la izquierda se alinea una fila larga de edificios de dos plantas con soportales de arcos en la planta baja y balcones corridos arriba, con las fachadas pintadas en crema, rojo y ocre; al fondo, la ladera sube cubierta por completo de casas de dos y tres alturas con cubiertas de teja roja muy inclinadas, apretadas hasta la línea de cumbre; el cielo, azul con nubes blancas.
La ciudad baja con sus soportales y, detrás, la ladera cubierta de casas hasta la cumbre. Los tres niveles caben en un solo encuadre.Bernard Gagnon / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

04 Cómo se recorre

La forma útil de recorrer Antananarivo es subir y bajar, no ir de punta a punta. El eje que de verdad explica la ciudad es el vertical: se empieza abajo, en la ciudad baja de los soportales, y se gana altura por rampas y escaleras hasta la cresta. En ese trayecto corto se atraviesan los tres niveles y se entiende la lógica entera.

Conviene ir despacio y con calzado que agarre. No es un recorrido largo en distancia, pero sí en desnivel, y muchos tramos son escalones de piedra o de hormigón desgastados por el uso. La recompensa es que, cada pocos metros, se abre una vista distinta sobre el valle.

Y una cuestión de calendario, porque aquí el año se parte en dos de forma brusca: entre junio y septiembre caen entre 5 y 8 milímetros al mes; en enero caen 312. Si puedes elegir, la estación seca hace que las escaleras y los miradores se disfruten muchísimo más.

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MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca la razón por la que un lugar acabó donde está.

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