Destino

Hokkaido no se parece a Japón porque se planificó con regla.

Es el 22 % de la superficie de Japón con el 4 % de su población. Se colonizó a partir de 1869 con una comisión de desarrollo, asesores agrícolas estadounidenses y un plano en cuadrícula, y por eso tiene silos y carreteras rectas donde el resto del país tiene callejones.

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Furano desde el aire: una trama urbana ortogonal junto a un río y, alrededor, parcelas agrícolas rectangulares hasta las montañas.
Furano desde el aire: una trama urbana ortogonal junto a un río y, alrededor, parcelas agrícolas rectangulares hasta las montañas.Chensiyuan·CC BY-SA 4.0

Quien llega a Hokkaido después de haber estado en Honshu tarda unos veinte minutos en notar que algo no encaja, y bastante más en saber qué. No es el paisaje natural: es el construido. Las parcelas son rectángulos grandes. Las casas están sueltas en mitad del campo, no apiñadas. Los tejados son inclinados. Y las carreteras van rectas durante kilómetros.

Pradera de hierba recién segada en una loma suave, con dos balas de forraje envueltas en plástico negro y brillante en primer plano y ninguna otra construcción a la vista.
Balas de ensilado sobre pasto segado. Esta escena no existe en el resto de Japón.我路・幌内画像倉庫 / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

01 El 22 % del país y el 4 % de la gente

Las cifras primero, porque son la mitad de la explicación. La prefectura mide 83.423,84 kilómetros cuadrados: algo más que Chequia y casi exactamente lo que Austria. Es, con diferencia, la mayor de Japón.

Y en toda esa superficie viven 4.985.419 personas, según la cifra de octubre de 2025, lo que da 59,76 habitantes por kilómetro cuadrado. La densidad media japonesa está por encima de los trescientos. Dicho de otro modo: en Hokkaido cabe una quinta parte del territorio nacional con una vigésima parte de sus habitantes, y eso se nota en cada kilómetro de carretera.

02 1869: una comisión para colonizar una isla

Hasta la restauración Meiji, la isla no formaba parte del Japón administrado. En 1869 fue anexionada, colonizada y rebautizada: hasta entonces se la conocía como Ezo. El gobierno creó ese mismo año el Kaitakushi, una comisión de desarrollo con el encargo de poblarla y ponerla a producir en el menor tiempo posible.

La decisión que lo cambia todo es a quién se pidió consejo. En vez de trasplantar la agricultura del sur del país, el Kaitakushi contrató asesores extranjeros con experiencia en climas fríos. Horace Capron, que había sido comisario de agricultura de Estados Unidos, trabajó aquí entre 1871 y 1873. William S. Clark llegó en 1876 para fundar el colegio agrícola de Sapporo, del que sale la actual Universidad de Hokkaido. Benjamin Smith Lyman levantó el mapa geológico de la isla.

El resultado es que la agricultura de Hokkaido nació ya orientada a lo que aquí funciona: leche, trigo, avena, patata, remolacha. No arroz de minifundio en terrazas, sino explotaciones grandes y mecanizadas desde el principio, en un país donde la parcela media es diminuta.

Fachada de un edificio universitario de ladrillo claro con torre central de reloj, tres arcos de entrada en la planta baja y filas regulares de ventanas rectangulares, bajo un cielo con nubes altas.
La Facultad de Agronomía de la Universidad de Hokkaido, heredera del colegio agrícola fundado en 1876 por invitación del gobierno.ノボホショコロトソ / CC BY 4.0  · CC BY 4.0

03 Una capital trazada con escuadra

Sapporo se planificó desde cero sobre una cuadrícula rectangular que no tiene equivalente en Japón y sí en Norteamérica. Las manzanas miden alrededor de 109 metros de lado. Un bulevar ancho, Odori, cruza la ciudad de este a oeste y la parte en dos mitades, norte y sur, y las direcciones se construyen contando manzanas desde esos ejes.

Hoy viven allí 1.890.561 personas, más de un tercio de la prefectura entera. Es la única ciudad japonesa grande en la que un plano se puede leer como un sistema de coordenadas, y la razón es sencilla: se dibujó antes de construirse, y se dibujó a la vez que se repartía la tierra alrededor.

Casa de campo amarilla con tejado a dos aguas muy inclinado y ventanas pequeñas, en lo alto de un campo cubierto de flores blancas y hierba alta que ocupa la mitad inferior de la imagen.
Tejado inclinado, planta rectangular y campo abierto alrededor: arquitectura pensada para la nieve y para parcelas grandes.Chi King / CC BY 2.0  · CC BY 2.0

04 Por qué hay graneros y no hay callejones

Casi todo lo que llama la atención del campo de Hokkaido se deduce de dos cosas: el reparto rectangular de la tierra y la nieve. El reparto explica las parcelas enormes, las casas aisladas en medio de su propia finca y las carreteras que siguen los límites de las parcelas en vez de rodear accidentes del terreno.

La nieve explica el resto. Los tejados van muy inclinados o con caída controlada, no planos. Las hileras de abedul y alerce que aparecen atravesando los campos no son decorativas: son cortavientos plantados para frenar la ventisca y evitar que el suelo se vuele en invierno. Y los postes rojos y blancos que se ven al borde de las carreteras marcan dónde está la calzada cuando la nieve la borra.

05 Lo que había antes de la cuadrícula

La isla no estaba vacía. Los ainus, su pueblo indígena, llevaban siglos aquí y habían nombrado el mapa entero: se calcula que cerca del ochenta por ciento de los topónimos de Hokkaido proceden de su lengua. La colonización de 1869 trajo consigo una política de asimilación forzosa, y hoy la comunidad ainu es una minoría muy pequeña.

Pero los nombres siguen ahí, y son la capa más antigua del paisaje. Sapporo, Wakkanai, Noboribetsu, Shiretoko, Otoineppu: todos son palabras ainu escritas con caracteres japoneses elegidos por su sonido. La cuadrícula se dibujó encima de un mapa que ya estaba escrito.

Eso es lo que hace a Hokkaido distinto, y no el hecho de que nieve mucho. Es la única parte de Japón que se proyectó sobre un papel en blanco, con asesores extranjeros, en una fecha que se puede señalar. El resultado es un sitio que se parece a Japón en el idioma y las señales de tráfico, y a Wisconsin en casi todo lo demás.

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María Reyes

Editora de Destinations · Flowtravel

María Reyes busca la lógica física de cada lugar: por qué está donde está y por qué tiene la forma que tiene.

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