La fundaron cincuenta y dos personas liberadas en 1849.
La marina francesa apresó un barco negrero brasileño, el Elizia, y en 1849 asentó a cincuenta y dos de las personas liberadas en esta orilla del estuario. Al sitio lo llamaron Libreville, «ciudad libre», calcando el nombre de Freetown. Hoy vive aquí alrededor de un tercio de la población de Gabón, en un país que es bosque en un ochenta y ocho por ciento.

01 Mil ochocientos cuarenta y nueve
Conviene retener la cifra, porque explica la escala del punto de partida. Cincuenta y dos personas. No una expedición, ni una guarnición, ni un puesto comercial con planos: cincuenta y dos personas en una costa de estuario, dentro de un territorio que era, y sigue siendo, bosque casi por completo.
De ahí a hoy hay un salto difícil de imaginar. El censo de 2013 dio 703.904 habitantes en la ciudad, y el área metropolitana se estima en torno a los 915.000 en 2026. La ciudad ocupa la orilla norte del estuario del Gabón, cerca del golfo de Guinea, y su forma sigue la línea de agua: alargada, pegada al mar, creciendo hacia dentro sin un centro monumental.
02 Un tercio de un país
El dato que más condiciona el viaje no es el de la fundación sino el de hoy: aquí vive alrededor de un tercio de toda la población de Gabón. En un país de superficie grande y población pequeña, eso significa que la capital no es una ciudad más, sino prácticamente el país urbano entero.
El contraste con el resto del territorio es brutal. Gabón tiene un ochenta y ocho por ciento de su superficie cubierta de bosque, la segunda proporción más alta del mundo después de Surinam. Es decir: casi toda la gente está en una franja de costa y casi todo el país está vacío de gente y lleno de árboles.

03 La ciudad y el bosque
Esa proporción se nota en cuanto sales del asfalto. La ciudad no se degrada hacia el campo, hacia cultivos, hacia pueblos: se acaba y empieza el bosque. Basta con salir por carretera para que a los lados aparezca una pared verde continua, sin claros, que llega hasta el borde del agua.
El estuario refuerza esa lectura. La ciudad está en una orilla; en la de enfrente no hay suburbio ni polígono, hay parque nacional. Desde el paseo marítimo se mira al otro lado y lo que se ve es exactamente lo que había en 1849, porque nunca se construyó allí.
04 Cómo se visita
Con la expectativa bien puesta. Libreville no es una ciudad de visitas: no hay casco antiguo, ni conjunto monumental, ni un catálogo de museos que llene tres días. Lo que hay es un frente marítimo largo, un centro de oficinas, mercados y una vida de restaurante y terraza que funciona muy bien por la tarde.
Lo que sí hay, y es lo que justifica el viaje, es la posición. La ciudad es la puerta de un país que reservó trece parques nacionales de golpe en 2002 y que tiene enfrente, cruzando el estuario en barco, uno de ellos. Todo lo que se hace aquí de verdad empieza saliendo de la ciudad.
Y conviene saber que es un destino caro y poco visitado, con una infraestructura turística mínima. Gabón recibe muy pocos viajeros y eso se nota en cada gestión. A cambio, no vas a compartir ninguna playa, ninguna pista ni ningún mirador, y esa es una moneda que cada vez vale más.





