Destino

La ciudad se plantó antes de terminar de construirse.

Maputo se trazó a finales del siglo XIX con una retícula de avenidas anchas sobre la orilla de una bahía de 95 kilómetros. Y con las calles se plantaron acacias y jacarandás, en cantidad suficiente para que la ciudad acabara conocida como «la ciudad de las acacias». El arbolado no es un adorno posterior: es parte del plano.

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La ciudad vista desde el agua, con la bahía ocupando la mitad inferior del encuadre en un pardo turbio y ligeramente rizado por el viento; el cielo, azul intenso y sin una nube, ocupa la mitad superior; entre ambos, una franja horizontal y compacta de ciudad: a la izquierda, naves portuarias bajas y un espigón con pesqueros de casco blanco, rojo y azul amarrados; en el centro y a la derecha, un frente continuo de edificios de diez a quince plantas de fachada blanca y gris, con una torre delgada y más alta que sobresale del conjunto, y la aguja de una construcción de piedra clara a media distancia.
La ciudad vista desde el agua, con la bahía ocupando la mitad inferior del encuadre en un pardo turbio y ligeramente rizado por el viento; el cielo, azul intenso y sin una nube, ocupa la mitad superior; entre ambos, una franja horizontal y compacta de ciudad: a la izquierda, naves portuarias bajas y un espigón con pesqueros de casco blanco, rojo y azul amarrados; en el centro y a la derecha, un frente continuo de edificios de diez a quince plantas de fachada blanca y gris, con una torre delgada y más alta que sobresale del conjunto, y la aguja de una construcción de piedra clara a media distancia.Andrew Moir·CC BY 2.0

01 Una bahía de noventa y cinco kilómetros

El asentamiento creció alrededor de una fortaleza portuguesa terminada en 1787. Durante casi un siglo fue poco más que un puesto: lo que convirtió el lugar en ciudad fue el puerto, y lo que convirtió el puerto en clave fue el ferrocarril que lo unió con el interior del continente.

El nombre también tiene dos épocas. La ciudad se llamó Lourenço Marques, por un navegante que pasó por aquí en 1544, y cambió al actual en febrero de 1976, tomándolo del río Maputo. Hoy tiene 1.088.449 habitantes según el censo de 2017, y el área metropolitana llega a 2,7 millones contando Matola.

Escena de calle a mediodía con luz muy dura y sombras cortas: en primer plano, una acera de hormigón agrietada y un bordillo desportillado junto a una alcantarilla abierta; a la izquierda se levanta un edificio blanco de dos plantas con ventanas de carpintería verde y, a su lado, un muro bajo de mampostería rematado por una verja alta de barrotes verdes que cierra un recinto; al fondo y a la derecha se alinean naves largas de ladrillo visto con arcos de medio punto y frontones triangulares, típicas de un recinto ferroviario o industrial; en la calzada hay semáforos amarillos, farolas y una valla publicitaria grande; caminan tres o cuatro personas, todas lejanas y de espaldas; el cielo, blanco por la luz.
Una calle de la parte baja con naves de ladrillo del recinto ferroviario. El trazado es ancho y ortogonal, del plan de finales del XIX.Claus Wonnemann / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

02 La retícula y la Baixa

El centro está trazado en cuadrícula, con avenidas anchas y manzanas regulares, según el urbanismo portugués de finales del siglo XIX. La parte histórica de esa cuadrícula, junto al puerto, se conoce como la Baixa, y conserva el trazado original prácticamente intacto.

Lo interesante de esa retícula es que se dibujó antes de que hubiera ciudad que meter dentro. No es el resultado de regularizar un tejido previo, como en tantas capitales, sino un plano trazado sobre terreno libre y rellenado después, década a década, con lo que fuera llegando.

Eso explica la mezcla arquitectónica, que es una de las más variadas del continente en pocas manzanas. Conviven edificios de comienzos del siglo XX —como la estación central de ferrocarril, de 1913-1916, de aire beaux-arts—, bloques modernos de mediados de siglo y torres recientes, todos sobre el mismo damero.

03 Acacias y jacarandás

El rasgo que más define el paisaje urbano de Maputo no es un edificio, sino el arbolado de alineación. Las avenidas se plantaron con acacias y jacarandás, y en cantidad suficiente para que la ciudad se ganara dos apodos: «la ciudad de las acacias» y «la perla del Índico».

Funciona además como calendario. Los jacarandás florecen en violeta y las acacias en rojo intenso, y esas floraciones cambian por completo el aspecto de calles enteras durante unas semanas al año. Es un detalle que decide bastante el momento de la visita para quien viaja mirando.

Vista de una calle ancha y despejada bajo un cielo azul intenso: a la derecha se levanta una portada blanca aislada, de estilo neogótico, con un arco de medio punto flanqueado por dos pilastras rematadas en pináculos cónicos y una crestería calada; a su lado y detrás crecen árboles de copa ancha, entre ellos uno con flores rojas; a la izquierda, tras un seto recortado y varias palmeras de abanico, asoma un edificio de tres plantas de color gris azulado con galerías corridas, barandillas de hierro caladas y cubierta a dos aguas de chapa roja; en el centro, la calzada de asfalto describe una curva suave, delimitada por bolardos cilíndricos de hormigón; al fondo, entre el arbolado, se distingue la aguja blanca de una construcción alta.
Arbolado y portada de un jardín público en el centro. A la izquierda, la fachada gris azulada de la Casa de Ferro.Claus Wonnemann / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

El otro efecto del arbolado es térmico y muy práctico. En una ciudad donde la máxima media supera los 30 grados de noviembre a marzo, una avenida con copas continuas y una sin ellas no se caminan igual. La sombra de alineación es infraestructura, no jardinería.

04 Cómo se recorre

El centro se hace a pie con facilidad: es llano, ortogonal y compacto. La forma útil de recorrerlo es bajar desde la parte alta hacia el puerto siguiendo una de las avenidas arboladas, que es como se cruzan de una vez las distintas épocas construidas sobre el mismo damero.

Edificio de oficinas de mediados del siglo XX fotografiado en escorzo desde la acera, contra un cielo azul limpio: la fachada principal está resuelta como una celosía de hormigón blanco de cuatro plantas, con una retícula densa de aletas verticales y horizontales que sobresalen del plano y proyectan sombras marcadas, dejando las ventanas retranqueadas en la penumbra; el cuerpo remata en un ático liso y ciego; en la planta baja, una marquesina corrida de gran vuelo está revestida en la cara inferior con un mosaico geométrico de colores vivos en rojo, naranja, amarillo y verde; a la izquierda asoma un edificio bajo pintado de verde y, a la derecha, un muro medianero desconchado.
Una fachada de celosía de hormigón de mediados de siglo, con la marquesina revestida de mosaico. La ciudad tiene mucha de esta arquitectura.Jcornelius / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

Merece la pena asomarse también al frente de agua. La bahía es enorme y está viva: puerto de carga, pesqueros amarrados y, al otro lado, la isla de Inhaca cerrando el conjunto. Desde el agua se entiende por qué la ciudad se puso exactamente en esta orilla.

Y una nota de calendario que aquí sorprende: el mejor momento del año es el invierno austral. Entre mayo y agosto caen entre 15 y 32 milímetros al mes y el sol supera las 245 horas, con máximas de 26 a 28 grados. En enero caen 171 milímetros.

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MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca la razón por la que un lugar acabó donde está.

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