Destino

Se construye en las cumbres y se cultiva en los fondos.

A Yaundé la llaman la ciudad de las siete colinas, y el apodo se queda corto: el emplazamiento son tres pisos distintos sobre un zócalo de gneis precámbrico. Las carreteras y los edificios se quedan arriba, en las lomas de 600 a 700 metros. Los fondos húmedos —los élobis— se dejan para el agua y para la huerta.

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El centro visto desde una altura: en el eje del encuadre, una torre de oficinas oscura de unas veinte plantas con la fachada cuajada de ventanas cuadradas; a su izquierda, un bloque de hormigón claro con los frentes plegados en zigzag y pintados de naranja; abajo, una avenida atascada de coches y minibuses amarillos, y a derecha e izquierda, masas de arbolado muy denso que rellenan cada hondonada entre los edificios; al fondo, colinas boscosas bajo un cielo blanco.
El centro visto desde una altura: en el eje del encuadre, una torre de oficinas oscura de unas veinte plantas con la fachada cuajada de ventanas cuadradas; a su izquierda, un bloque de hormigón claro con los frentes plegados en zigzag y pintados de naranja; abajo, una avenida atascada de coches y minibuses amarillos, y a derecha e izquierda, masas de arbolado muy denso que rellenan cada hondonada entre los edificios; al fondo, colinas boscosas bajo un cielo blanco.Kateregga1·CC BY-SA 4.0

01 Tres pisos, no siete colinas

La primera unidad es una barrera de inselbergs: cerros aislados de roca que sobresalen del terreno como islas. Al noroeste están los montes Mbam Minkom, de 1.295 metros, y Nkolodom, de 1.221; al suroeste, el monte Eloundem, de 1.159. La segunda unidad es el conjunto de lomas y mesetas de 600 a 700 metros donde se asienta casi todo lo construido. La tercera son los valles.

Cerro aislado de perfil redondeado alzándose sobre la ciudad: la cumbre muestra la roca desnuda gris y anaranjada entre manchas de arbolado, y a su derecha asoma un segundo cerro menor; al pie y en toda la mitad inferior del encuadre se extiende una ciudad baja de casas con tejado de chapa y teja en marrón, ocre y rojo, con árboles y palmeras entre ellas y una torre de telecomunicaciones a la derecha; el cielo está cubierto de nubes blancas y grises.
El monte Eloundem, 1.159 metros, al suroeste. Es un inselberg: roca que sobresale del terreno como una isla.lexy_tchuileu / Gtankam / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

02 Los élobis

Los valles tienen nombre propio en la lengua del sitio: élobis. Son fondos encharcados, recorridos por multitud de cursos de agua pequeños —el Mfoundi, el Ékozoa, el Biyeme, el Mefou— y durante mucho tiempo se consideraron terreno inservible para construir.

Esa división es lo que hace que Yaundé no se parezca a ninguna otra capital de su tamaño. Desde arriba, lo construido aparece como islas sobre un fondo verde continuo, y ese verde no es un parque: es huerta, maizal y platanera dentro del término municipal. La ciudad y el campo no están separados por un límite, sino por una diferencia de altura de cuarenta metros.

Vista aérea de un gran edificio de cubierta curva en forma de silla de montar, revestida de chapa clara, apoyada sobre un cuerpo circular de dos plantas con galería acristalada; alrededor, una explanada asfaltada con taxis amarillos, coches y minibuses aparcados, jardines con palmeras y setos recortados; al otro lado de la avenida, una ladera cubierta hasta arriba de casas bajas de chapa y hormigón sin revestir, y a la derecha, un edificio inacabado de estructura vista.
El palacio de congresos, con su cubierta en silla de montar, y detrás la ladera edificada. Todo lo importante está en el alto.Kateregga1 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

03 Doce kilómetros cuadrados

El dato que mejor mide lo que ha pasado aquí es de superficie, no de población. En 1961 la ciudad ocupaba doce kilómetros cuadrados. En el año 2000, trescientos cuatro. Veinticinco veces más suelo en menos de cuarenta años.

Con ese ritmo, los fondos dejaron de ser terreno inservible. Los geógrafos que han estudiado la ciudad describen cómo la vivienda autoconstruida ha ido ocupando las partes inundables, precisamente porque son las que quedaban libres. Y eso trae la consecuencia previsible: hasta hace poco, la ciudad se inundaba con gravedad entre quince y veinte veces al año, afectando a veces a cien mil personas de golpe.

En 2010 se puso en marcha un plan director de saneamiento. Cuatro años después, la frecuencia de las inundaciones había bajado de quince a tres al año, y los casos de enfermedades transmitidas por el agua se habían reducido casi a la mitad. Es una obra invisible para el visitante y es la más importante de la ciudad.

Lago urbano de aguas quietas y grises visto desde la orilla: en primer plano, hierba alta y una mancha extensa de nenúfares de hoja redonda flotando sobre el agua; al otro lado, un talud de tierra rojiza con un paseo, y sobre él, un bloque de viviendas de cinco plantas con galerías abiertas, un edificio blanco de oficinas y varias casas de tejado de teja entre árboles; el cielo, blanco y sin nubes definidas.
El lago municipal, creado a comienzos de los cincuenta en uno de los fondos. Los nenúfares indican lo que hay debajo: agua estancada.Kondah / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

04 El borde del bosque

Falta el dato que lo ordena todo, y es el más antiguo. El puesto original se estableció en febrero de 1888 en un punto muy concreto: el límite septentrional del bosque, y en medio de los dos grandes ríos de la zona, el Nyong y el Sanaga. La ciudad no está en la selva ni fuera de ella. Está justo en el filo.

Eso se nota al salir en cualquier dirección. Hacia el sur, la vegetación se cierra y no vuelve a abrirse en cientos de kilómetros; hacia el norte, se aclara. Y se nota también dentro: los élobis son, en el fondo, jirones de ese bosque metidos en la ciudad y reconvertidos en huerta.

El emplazamiento está a unos 750 metros de altitud y a 250 kilómetros de la costa del golfo de Biafra. La altura importa: rebaja el calor ecuatorial lo suficiente para que la media anual se quede en 24,4 grados, en un sitio que está a menos de cuatro grados del ecuador.

Al viajero le sirve una regla práctica. Si quieres entender la ciudad en una tarde, no bajes al centro: sube. Desde cualquiera de los altos se ve el mecanismo entero —lo edificado en las crestas, el verde en los fondos, y los inselbergs de fondo—, y a partir de ahí el resto de Yaundé se lee solo.

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MR

María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca en cada ciudad la decisión que explica su forma.

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