Okinawa tiene una ventaja poco común para un viaje con niños pequeños: el agua está caliente, el arrecife convierte grandes tramos de costa en piscinas someras y hay siete meses al año de temporada de baño. Y tiene un inconveniente igual de claro: la prefectura son 160 islas repartidas sobre mil kilómetros y ninguna carretera las une.
01 Por qué una sola isla y no el archipiélago
La isla principal mide 1.207 kilómetros cuadrados, unos 106 de norte a sur, y concentra alrededor de nueve de cada diez habitantes de la prefectura. Es, con diferencia, la parte del archipiélago con más infraestructura: supermercados abiertos hasta tarde, hospitales, alquiler de coches en el aeropuerto y apartamentos con cocina.
La tentación es añadir Ishigaki o Miyako. Con niños pequeños es casi siempre un error de cálculo: Naha e Ishigaki están a 411 kilómetros y un vuelo, con lo que eso implica de facturación, esperas y horarios rígidos. Dos islas en una semana significan dos alojamientos, dos coches de alquiler y dos días perdidos en tránsito de siete.
02 El coche no es una comodidad, es la condición
Conviene decirlo sin rodeos: fuera del área de Naha, Okinawa no tiene tren. El único ferrocarril de la isla es el monorraíl Yui Rail, con 19 estaciones y 17 kilómetros de recorrido total; ir de punta a punta cuesta 370 yenes y lleva 37 minutos. Sirve para el aeropuerto y para la ciudad, y ahí se acaba.

Conducir aquí es fácil en lo importante y exigente en el detalle. Se circula por la izquierda, los límites son bajos y la señalización principal está también en alfabeto latino. Lo que sí conviene resolver antes de salir de casa es el permiso: Japón admite el permiso internacional de conducción del convenio de Ginebra de 1949, pero algunos países no lo expiden y sus conductores necesitan una traducción oficial de su carné al japonés. Compruébalo según dónde esté expedido el tuyo.
03 El único día largo que merece la pena
Si en toda la semana solo haces un desplazamiento grande, que sea la subida al norte. Del aeropuerto de Naha al acuario Churaumi hay unos 90 kilómetros y cerca de dos horas por la autopista de Okinawa, con salida en Kyoda y un peaje de alrededor de mil yenes. El aparcamiento del acuario es gratuito.

La entrada cuesta 2.180 yenes para adultos, 1.440 para bachillerato, 710 para primaria y secundaria, y es gratuita para los menores de seis años. El acuario está dentro del parque Ocean Expo, que tiene playa propia, zonas de sombra y espacio para correr: es lo que convierte el día en algo más que dos horas de tanque.
Y ya que subes, el remate está a media hora más al este: el puente de Kouri, unos dos kilómetros de calzada sobre agua turquesa hasta una isla pequeña y llana. Es un trayecto corto que a los niños les gusta más que muchas visitas, precisamente porque no hay que bajarse del coche.

04 Dónde poner la base
La isla es larga y estrecha —en muchos tramos apenas once kilómetros de ancho—, así que la elección de base decide el viaje entero. La costa central occidental, en torno a Onna, deja el mar a pocos minutos de casi cualquier alojamiento y queda a mitad de camino entre el aeropuerto y el norte. Es la opción que reduce más kilómetros diarios.
Naha tiene el argumento contrario: es la única parte de la isla donde se puede vivir sin coche, con monorraíl, restaurantes a pie y farmacias a cualquier hora. Pero no tiene playa útil, y desde allí cada baño se convierte en una salida de una hora. Solo tiene sentido como base si has decidido no conducir, y entonces el viaje será otro.
Con niños pequeños, el mejor alojamiento no es el más bonito. Es el que está a diez minutos del agua.
05 Las fechas no las eliges del todo tú
La temporada de baño va de finales de marzo al 31 de octubre, pero dentro de esa franja hay dos tramos malos. Del 10 de mayo al 21 de junio, de media, cae el tsuyu: seis semanas de cielo cerrado y hasta 284 milímetros de lluvia en junio. Y en agosto y septiembre llega el pico de tifones, con 2,2 y 1,9 aproximaciones de media respectivamente.

Para una familia sin ataduras escolares, abril y octubre son las mejores fechas del año: playas abiertas, precios contenidos y poca gente. Si dependes del calendario escolar y solo puedes ir en verano, la primera quincena de julio es sensiblemente mejor que agosto, y conviene dejar un día de margen antes del vuelo de vuelta.
06 Cuándo no traer a la familia aquí
Hay tres situaciones en las que Okinawa no compensa. La primera es no querer conducir: sin coche, el viaje se reduce a Naha y a excursiones organizadas, y eso con niños pequeños es peor plan que cualquier costa europea a tres horas de casa.
La segunda es venir buscando Japón en el sentido convencional. Aquí no hay templos de Kioto ni tren bala; hay arrecife, comida de comedor y una cultura propia que se explica mejor mirando al mar de la China Oriental que mirando a Tokio. Si el viaje familiar tiene que ser «el viaje a Japón», este destino te dejará con la sensación de haber ido a otro país.
Y la tercera es el vuelo. Desde Europa no hay conexión directa: son dos aviones y, con escala incluida, bien pasadas las quince horas de puerta a puerta. Con niños de menos de tres años ese trayecto pesa más que todo lo bueno que viene después. A partir de los cuatro o cinco, la balanza se inclina del otro lado y el recuerdo del tanque del acuario aguanta años.


