01 La isla que casi nadie visita
Cabo Verde son diez islas, y el turismo internacional se concentra casi entero en dos de ellas, planas y arenosas, en el extremo oriental del archipiélago. Santiago es otra cosa: 991 kilómetros cuadrados, 54,9 de largo por 28,8 de ancho, montañosa en el centro y en el norte, con un pico de 1.392 metros y la mitad de la población del país viviendo encima.
02 Hacia dentro y hacia arriba
El plan que justifica el viaje empieza saliendo de la ciudad hacia el interior. En el centro de la isla está el macizo del Pico de Antónia, con su parque natural, y en el norte la Serra Malagueta, entre Assomada y Tarrafal, con el suyo. Entre los dos protegen el 3,68 % de la isla: no es mucha superficie, pero es donde está la altura.
El contraste climático dentro de una isla de 55 kilómetros es la parte que sorprende. El interior y la costa este reciben más agua y están arbolados; el sur y el suroeste quedan a sotavento de las tierras altas centrales, en su sombra de lluvia, y son áridos. Se puede pasar de un barranco lleno de plataneras a una ladera pelada en veinte minutos de coche.
Cinco días dan para la capital, el interior, el norte y Cidade Velha, y sobra tiempo. La isla entera cabe en un día de conducción.
03 El puerto como puerta
La segunda mitad del argumento está en el muelle. El puerto de Praia es el segundo más usado del país y tiene terminal de pasajeros, con rutas directas de ferri a Maio, a Fogo y a São Vicente. Es decir: puedes llegar en avión y seguir en barco, que es como se ha movido siempre la gente entre estas islas.
Y aquí conviene una advertencia honesta: los horarios marítimos de este archipiélago no funcionan como un billete de tren europeo. Se confirman sobre el terreno, cambian y a veces se caen. Si vas a saltar de isla, deja margen. Si tienes un vuelo de vuelta ajustado, vuelve a Praia con un día de sobra.

04 Lo que hay que aceptar
Lo primero, el mes. Agosto y septiembre reúnen 129,9 de los 176,9 milímetros que caen en todo el año, la humedad sube al 76 %, y septiembre es el mes con menos sol después de agosto. El resto del calendario es prácticamente seco. Noviembre es el mejor mes; de marzo a mayo, el más luminoso.
Lo segundo, la escala urbana. Praia no es una capital monumental: es un casco decimonónico pequeño sobre una meseta y una ciudad de trabajo alrededor, repartida sobre otras mesetas. Si tu criterio para juzgar una capital es el número de cosas que visitar, esta te va a parecer poca.
Y lo tercero, la topografía. La ciudad está construida sobre mesetas separadas por barrancos, y eso significa que ir de un barrio a otro casi nunca es llano. No es un problema si lo sabes; es un fastidio si esperabas un paseo marítimo.

Si el perfil encaja, el argumento es este: llegas a un archipiélago atlántico por la puerta que casi nadie usa, te instalas en la isla donde vive la mitad del país, subes a un pico de 1.392 metros, escuchas la música que se toca sobre una tela, y si te apetece sigues en barco a la isla siguiente. Doce días de lluvia al año no te van a estropear ninguna de esas cosas.

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