Bogotá mes a mes, de un vistazo
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Aquí no existe el verano ni el invierno en el sentido que casi todo el mundo les da. Las máximas medias se mueven entre 18,5 y 20,2 grados los doce meses del año, y las mínimas entre 6,4 y 9,6. Lo que organiza el calendario es la lluvia, y lo hace dos veces al año.

01 Un año sin estaciones
La explicación es geográfica. La ciudad está casi sobre el ecuador y a 2.640 metros de altitud, así que la duración del día apenas cambia y la temperatura tampoco. El termómetro marca prácticamente lo mismo en enero que en julio.
Lo que sí varía, y mucho, es dentro del propio día. Una mañana puede empezar a siete grados, alcanzar veinte al mediodía con sol fuerte y caer otra vez a diez a media tarde cuando entra el nublado.
De ahí la frase que se repite entre los locales: aquí hay cuatro estaciones al día. Y de ahí también la única regla de equipaje que sirve todo el año: capas y algo impermeable, siempre.
Los momentos clave de un vistazo
32,9 milímetros en apenas cinco días de lluvia: el mínimo del año.
116,7 milímetros repartidos en 13,4 días con lluvia.
44,3 milímetros y viento: el respiro entre las dos temporadas húmedas.
108,2 milímetros y cielos cerrados buena parte del día.
02 Dos temporadas de lluvia, no una
El patrón se llama bimodal y responde al paso de la franja de lluvias ecuatorial, que cruza esta latitud dos veces al año. El resultado son dos picos húmedos y dos periodos secos, alternados.
El primer pico llega en abril y mayo, con 116,7 y 109 milímetros y más de trece días de lluvia cada mes. El segundo, en octubre y noviembre, con 108,2 y 107,2 milímetros.
Entre medias quedan las dos ventanas secas: la larga, de diciembre a febrero, con enero en 32,9 milímetros y solo cinco días de lluvia; y la corta, en julio y agosto, algo más ventosa pero también bastante despejada.

03 Cómo es la lluvia de aquí
No es lluvia tropical de chaparrón corto. Aquí lo habitual es un aguacero de tarde que puede durar una o dos horas, con temperatura baja, y una llovizna fina que aparece a cualquier hora sin avisar.
La combinación de agua y diecisiete grados es más incómoda que un aguacero caliente, así que el impermeable pesa más en la maleta que el paraguas: con el viento de los cerros, el paraguas sirve de poco.
La buena noticia es que las mañanas suelen salvarse incluso en los meses de pico. El patrón general es cielo abierto temprano y nubes que se cierran a partir de las dos o las tres de la tarde.
04 La altura pesa más que el clima
Antes que la lluvia, la variable que hay que planificar es la altitud. A 2.640 metros, muchos visitantes notan cansancio, sueño irregular o dolor de cabeza las primeras cuarenta y ocho horas.
La radiación solar también es mucho más fuerte de lo que sugiere el termómetro. Con dieciocho grados y nubes altas se coge una quemadura sin enterarse, sobre todo cerca del mediodía.
La recomendación práctica es la misma de siempre en ciudades altas: los dos primeros días, ritmo suave y nada de esfuerzo; a partir del tercero, el cuerpo ya responde con normalidad.
No hay que elegir estación, hay que elegir entre dos temporadas de lluvia y dos pausas.

05 Cómo elegir
Las dos mejores ventanas son diciembre-febrero y julio-agosto. La primera es la más seca y luminosa del año, con enero como mes estrella; la segunda es más ventosa pero también bastante despejada y con menos gente.
Si tu viaje cae en abril, mayo, octubre o noviembre, no lo canceles: organiza los planes al aire libre por la mañana, deja la tarde para museos y lleva impermeable. Y si vas a subir al páramo, cuenta con que allí arriba siempre llueve más.





