Ciudad de Panamá mes a mes, de un vistazo
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En Ciudad de Panamá la temperatura no distingue las estaciones: las máximas medias van de 31,1 grados en octubre y noviembre a 33,4 en abril. Lo que sí las distingue, y de forma radical, es el agua que cae y, menos conocido, el agua que hay debajo.

01 Dos climas en un mismo año
Las cifras son de las más contrastadas del continente. Febrero acumula 12,3 milímetros de lluvia repartidos en 1,6 días; octubre llega a 311,2 milímetros repartidos en 19,5 días. Entre un mes y otro no cambia el termómetro: cambia el número de tardes utilizables.
La estación seca va de mediados de diciembre a mediados de abril y aquí se llama verano, aunque caiga en pleno invierno del hemisferio norte. La lluviosa ocupa el resto y se comporta de forma previsible: mañanas despejadas y aguaceros de tarde que descargan fuerte y pasan.
La humedad relativa media oscila entre el 68 y el 85 por ciento según el mes, y esa diferencia se nota más en el cuerpo que los dos grados de temperatura. En marzo el aire seca; en octubre, no.
Los momentos clave de un vistazo
12,3 milímetros en menos de dos días de lluvia y viento constante del norte.
Sigue seco y el afloramiento mantiene el agua de la bahía fresca y productiva.
Pico de avistamiento de yubartas del hemisferio sur, con lluvias de tarde.
311 milímetros en 19,5 días de lluvia: el tope del año.
02 El viento que seca y el mar que se enfría
La estación seca no llega sola. Entre enero y abril los vientos del norte se cuelan por el paso bajo del istmo, justo por donde va el canal, y forman un chorro de aire que barre la bahía. Ese viento es el que mantiene el cielo despejado durante semanas.
Y hace algo más: empuja el agua superficial mar adentro y provoca un afloramiento en el golfo de Panamá. Sube agua fría y cargada de nutrientes, el mar baja varios grados de temperatura y la vida marina se dispara. Es un fenómeno anual documentado durante más de cuarenta años seguidos.
En 2025 ese afloramiento no se produjo, por primera vez desde que hay registro, por un cambio en el patrón de vientos. La anomalía se estudió y se publicó en 2026, y conviene saberla: significa que el mar de esta bahía ya no es tan previsible como su calendario de lluvias.

03 Las ballenas marcan el otro calendario
Panamá es uno de los pocos lugares del mundo donde se cruzan yubartas de los dos hemisferios, y cada grupo llega en su temporada. Entre julio y octubre suben las del hemisferio sur, después de alimentarse en aguas antárticas y chilenas.
Entre diciembre y abril llegan las del norte, procedentes de la costa del Pacífico norteamericano. El pico de avistamientos del grupo sur está en agosto y septiembre, que es cuando se ven hembras con cría cerca de las islas de la bahía.
Eso rompe la regla que uno daría por buena. Los meses de más lluvia no son los meses vacíos: agosto y septiembre son el mejor momento del año para salir a navegar la bahía, aunque llueva casi la mitad de los días.

04 Octubre es el mes que hay que asumir
Con 311 milímetros y casi veinte días de lluvia, octubre no admite un plan rígido. No es un problema de ciclones: el país queda fuera del corredor habitual de huracanes del Caribe, y lo que domina es el patrón diario de tormenta de tarde.
La consecuencia práctica es de horario, no de calendario. En esos meses la ciudad se camina por la mañana y se resuelve bajo techo por la tarde, y cualquier salida de campo se programa temprano.
Noviembre mantiene la lluvia alta, con 258,9 milímetros, y diciembre es el mes bisagra: baja a 124,6 y a mitad de mes empieza a entrar el viento seco. Las dos primeras semanas de diciembre todavía son húmedas; las dos últimas, ya no.
Aquí no eliges temperatura, eliges cuántas tardes vas a poder pasar en la calle.

05 Cómo elegir
Si quieres la ciudad seca y el mar fresco, ve entre enero y marzo: apenas llueve, sopla viento del norte y el afloramiento mantiene la bahía activa. Es la mejor ventana para combinar el casco histórico con salidas al canal y a las islas.
Si tu prioridad son las ballenas, la ventana es agosto y septiembre, y hay que aceptar el trato: paisaje verde, mañanas buenas y tardes de agua. Y si puedes elegir un solo mes, febrero gana por la sencilla razón de que casi no tiene días de lluvia.





