Dodoma mes a mes

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Con unos 610 mm de lluvia al año concentrados en cinco meses, aquí el calendario no se mide en temperatura: se mide en agua.

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01 Una sola estación de lluvias

El clima de Dodoma es semiárido y muy desigual. Según las normales de 1991-2020, diciembre recibe unos 143 mm y enero unos 140, mientras que agosto no registra lluvia alguna y julio y junio se quedan en 0,2 mm. En total, algo más de 600 mm repartidos casi por completo entre diciembre y abril.

La temperatura, en cambio, apenas se mueve: las máximas van de 26,6 °C en julio a 31,5 °C en noviembre. Lo que cambia radicalmente no es el termómetro, sino el color del suelo y el estado de las pistas de tierra que llevan a los pueblos y a los sitios de interés fuera de la ciudad.

Campo reseco con hierba amarilla y árboles dispersos en el distrito de Kongwa, región de Dodoma.
Un campo del distrito de Kongwa tras un fallo de las lluvias: en esta meseta, la diferencia entre estación seca y sequía es de grado.Code Innovation / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

02 El calendario de la uva

Aquí está la particularidad que ninguna otra capital africana comparte. La región de Dodoma concentra prácticamente toda la viticultura de Tanzania, y sus viñedos dan dos cosechas al año: una en marzo, al final de las lluvias, y otra entre agosto y septiembre, en plena estación seca.

Ese doble ciclo no es un truco comercial: responde al suelo arenoso, a la humedad baja y a un clima que permite forzar dos ciclos vegetativos. Para el viajero significa que la temporada agrícola interesante no es una, sino dos, y que caen en mitades opuestas del año.

Racimo de uvas negras sostenido en la mano sobre un fondo neutro.
Uva de la región de Dodoma, la única zona vitícola relevante del país.Kazim M. Ladak / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

03 Las dos mitades del año

De enero a abril la meseta se vuelve verde, los campos trabajan y el paisaje se parece poco a la idea que uno trae del centro de Tanzania. A cambio, las pistas se embarran, los trayectos se alargan y las excursiones fuera de la ciudad dependen del último aguacero.

De mayo a septiembre ocurre lo contrario. El color se apaga, el polvo se levanta y el aire se vuelve seco, pero todo es previsible: las carreteras funcionan, las noches refrescan hasta los 14 o 15 °C y se puede planificar un día completo sin mirar el cielo.

Arbusto de euforbia de un verde intenso rodeado de hierba alta bajo un cielo con nubes.
Tras las lluvias, la vegetación de la meseta cambia por completo de color durante unas semanas.Asterlegorch367 / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0
Pista de tierra rojiza entre matorral seco, con un cerro bajo al fondo, en el barrio de Iyumbu.
En la estación seca las pistas de tierra están firmes; con las lluvias, este mismo trazado es otra cosa.Mangapwani / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Los momentos clave de un vistazo

Junio-julioEl aire más limpio

Sin lluvia, con noches frescas y el mejor estado de las carreteras.

Agosto-septiembreLa segunda vendimia

Seco y con actividad en los viñedos del este de la ciudad.

Marzo-abrilVerde y barro

Primera vendimia y meseta verde, pero pistas de tierra complicadas.

Noviembre-eneroCalor y tormenta

El pico de calor se junta con el pico de lluvia del año.

04 Veredicto

Ve entre junio y septiembre. Es cuando la meseta permite moverse sin negociar con el barro, cuando las noches son cómodas y cuando, además, el campo está recogiendo. Si prefieres el paisaje verde, marzo y abril lo dan, pero pagando en tiempo de trayecto e incertidumbre.

Noviembre y diciembre son los meses que conviene esquivar: el calor llega a su máximo justo cuando empiezan las tormentas, y esa combinación reduce el viaje a los interiores y a las horas tempranas.

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AL

Ana Larrea

Editora de When To Go — Ritmos y Transformaciones Estacionales · Flowtravel

Ana Larrea observa cómo cambian los destinos a lo largo del año para explicar cuándo se entienden mejor.