Gaborone mes a mes — de un vistazo
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01 Una proporción de 188 a 1
Los momentos clave de un vistazo
8,4 mm, 25,3 °C de día y 8,4 °C de noche. Ni lluvia ni frío.
Cielo garantizado, pero mínimas medias de 4,3 °C y récord de −5 °C.
11,4 mm y 30,1 °C, con las noches ya en 12,3 °C. La última ventana.
Nueve días de lluvia y 32,6 °C. Calor y agua al mismo tiempo.
La clasificación es de semiárido caluroso, BSh en la escala de Köppen. Las normales de 1991 a 2020 medidas en el aeropuerto internacional suman 488,4 milímetros al año, repartidos en 50,4 días de lluvia. Es decir: en esta ciudad llueve, de media, un día de cada siete. Los otros seis hace sol.
Y esa lluvia está concentrada. De octubre a abril caen 461,8 de los 488,4 milímetros anuales: el 95 % del agua del año en siete meses. De mayo a septiembre quedan 26,6 milímetros en total, menos de lo que cae aquí en un solo mes de noviembre.

02 El invierno que nadie espera
Aquí está el error más común de quien planifica este viaje. Se busca «África austral, clima seco» y se supone calor todo el año. Pero la ciudad está a unos mil diez metros de altitud, en el interior del continente, y en invierno el cielo despejado que no deja llover tampoco deja retener el calor de noche.
El récord de calor son 43,3 grados, medidos en diciembre. El de frío, 5,8 bajo cero, medidos en junio. Cuarenta y nueve grados de recorrido en la misma ciudad.
Las medias lo confirman sin dramatismo: la mínima media de julio es de 4,3 grados y la de junio, de 5. Hay de media cincuenta y un días al año por debajo de 7 grados, y uno por debajo de cero. No es un clima de abrigo grueso, pero sí de chaqueta obligatoria a partir de las seis de la tarde entre mayo y agosto, cosa que casi nadie mete en la maleta.

03 Octubre depende del año anterior
Hay un matiz que no aparece en ninguna tabla y que conviene conocer, porque afecta a la peor decisión posible. Lo habitual es suponer que el mes más caluroso es enero, y en un año de sequía lo es: si no llueve, el pico de calor cae en enero o febrero.
Pero en un año de lluvia normal el pico se adelanta a octubre, justo antes de que empiece a llover. La razón es sencilla: el agua enfría, y hasta que no llega, nada frena la acumulación. Por eso octubre —que en la tabla parece un mes de transición amable, con 41,3 milímetros— puede ser en la práctica el mes más duro del año, con 32,2 grados de máxima media y el suelo aún sin una gota desde abril.
Traducido a decisión: si tu única opción es la mitad calurosa del año, es mejor noviembre o marzo que octubre. En noviembre ya ha empezado a llover y el aire se ha lavado; en marzo la temporada está terminando y el paisaje está en su mejor momento. Octubre reúne lo peor de los dos: el calor máximo sin el verde.
04 Qué se ve en cada mitad
La mitad seca —de mayo a septiembre— entrega cielo, visibilidad y distancia. El matorral está pelado, se ve a través de él, y por eso es la temporada en que la fauna resulta más fácil de localizar en las reservas de los alrededores. El cauce del Notwane a su paso por la ciudad puede estar completamente seco: una lengua de arena entre matorral, transitable a pie.
La mitad húmeda —de octubre a abril— entrega lo contrario: verde cerrado, tormentas de tarde de gran altura, charcas y hierba alta. Los animales se dispersan porque hay agua en todas partes y dejan de concentrarse en los pocos puntos donde beber. Es más bonito y es más difícil de ver.

Si tuvieras que quedarte con una sola respuesta, es mayo. Ocho milímetros de lluvia, 25,3 grados de máxima y 8,4 de mínima: el paisaje conserva algo del verde de la temporada anterior, las noches son frescas pero no frías, y no hay ni una sola razón climática para estar en otro sitio. Después de mayo, agosto y septiembre. Y después, cualquier cosa antes que octubre.





