Georgetown mes a mes, de un vistazo
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Aquí la temperatura no decide nada. Entre el mes más fresco y el más cálido hay menos de dos grados de media, y todo el año se mueve entre unos 21 de mínima y unos 33 de máxima. Lo que cambia el viaje es el agua.

01 Dos estaciones secas, no una
La mayoría de los destinos tropicales tienen un bloque seco y otro lluvioso. Georgetown tiene dos de cada. La lluvia grande llega de mayo a julio y vuelve en diciembre y enero; entre medias quedan dos ventanas secas de distinta duración.
La primera es de febrero a abril, con marzo como mes más seco del año: 113,7 milímetros en once días de lluvia. La segunda es más corta y va de septiembre a octubre, con 149,5 y 135 milímetros respectivamente.
La diferencia con la temporada alta de lluvias es enorme. Junio, el mes más húmedo, acumula 357,5 milímetros; es más del triple que marzo. Y julio, con 297,8 milímetros, los reparte en veintitrés días: llueve prácticamente a diario.
Los momentos clave de un vistazo
113,7 mm en once días y casi 200 horas de sol.
135 mm en solo diez días de lluvia, con mucho sol y mucho calor.
357,5 mm y 139 horas de sol, el mínimo del año.
Veintitrés días de lluvia sobre treinta y uno.
02 Las dos ventanas no son iguales
Febrero y marzo son los meses más frescos por la noche: las mínimas bajan a 21,1 y 21,4 grados, que en un clima como este se nota al dormir y al caminar a primera hora.
Septiembre y octubre, en cambio, son los meses de más calor del año, con máximas de 33 grados, y también los de más sol junto con agosto, que llega a 218,7 horas. Días largos y despejados, pero pesados a mediodía.
Si vas a caminar mucho por el centro, la primera ventana es más cómoda. Si te importa la luz para fotografiar la arquitectura de madera, la segunda es mejor: hay más horas de sol y menos cielo cerrado.

03 Cómo llueve aquí en realidad
Incluso en los meses húmedos, la lluvia rara vez dura todo el día. Suele llegar en aguaceros intensos y relativamente cortos, con el cielo despejándose después. El problema no es quedarse encerrado: es lo que ocurre en la calle mientras tanto.
La ciudad está por debajo del nivel de la marea alta y drena por gravedad, así que un chaparrón fuerte que coincida con marea alta deja agua en calzadas y aceras durante unas horas, hasta que las compuertas pueden abrirse.
Eso pide dos cosas sencillas: calzado que se pueda mojar y no dejar el plan del día colgando de una sola franja horaria. En temporada de lluvias conviene tener siempre una alternativa bajo techo.

No elijas mes por la temperatura: aquí siempre hace el mismo calor. Elígelo por los días de lluvia.
04 Si vas a salir hacia el interior
Casi todo el mundo que llega a la ciudad hace también una salida al interior del país, y buena parte de esos trayectos son en avioneta. En los meses secos hay más días de vuelo previsible y menos cancelaciones por tiempo.
En cambio, los grandes saltos de agua del país bajan con mucho más caudal al final de la estación lluviosa. Es el clásico compromiso: más espectáculo con más riesgo de que el día se cierre, o menos caudal con más garantías.
Si tuvieras que quedarte con una sola recomendación: marzo si quieres el máximo de días secos y noches frescas; octubre si prefieres luz y no te asusta el calor.

05 En resumen
Ve entre febrero y abril o entre septiembre y octubre. Evita de mayo a julio y el bloque de diciembre y enero. Y no esperes un cambio de estación en el termómetro: aquí la estación se mide en milímetros.





